TODO EL MUNDO   17/02/2017 12:32 hs.
La reacción de hombre al que le propusieron casamiento
"¿Te querés casar conmigo?", lanzó ella así, de la nada y sin pensarlo. Gastón la miró a los ojos y se rio con ganas, entre nervioso y divertido. Estefanía estaba borracha. Definitivamente. Él sabía que ella no tenía la costumbre de tomar vino y que, en esa noche de mediados del 2015, y en aquel restaurante de City Bell, lo tomó con mucho gusto. Se había pasado un poco de copas.
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Ahí estaba, tan intensa, tan pasional, tan desmedida en sus gestos y tan atractiva en su expresión corporal, con los ojos vidriosos y una sonrisa pícara típica de quien sabe que acaba de expresar sin querer, en voz alta, sus pensamientos locos.

Gastón la amaba. Sí, la quería con sus vicios, la quería con todo ese carácter fuerte y enojón, con ese corazón enorme, cálido, familiero y con esa piel que deseaba acariciar por siempre.

Pero esa propuesta, tan intrincada e inspirada por una borrachera, no le cerraba y por eso no se hizo cargo. Esa noche en la cama, y desvelado por los pensamientos, Gastón recordó.

El comienzo

El 20 de mayo del 2010, él estaba demasiado aburrido y con ganas de salir. Después de evaluar algunas posibilidades, decidió auto invitarse a un cumpleaños de alguien a quien apenas conocía.

Llegó a esa reunión en una esquina de La Plata, tan típica de los chicos del interior, sin demasiadas expectativas. Miró a su alrededor y pudo comprobar que no eran demasiados; apenas unos cuantos estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas. Entonces la vio a ella; vio al amor de su vida.

No le habló en toda la noche. De ella le llamó la atención su personalidad, su intensidad. No sabía cómo iba a hacer, pero quería volver a verla. No podía sacársela de la cabeza. Más tarde supo que a ella le había pasado lo mismo.

Entonces el destino se puso de su lado. Un amigo que tenían en común le pasó el número de Estefanía. "Necesito que la llames", le dijo, "Me gustó una de sus amigas y quiero averiguar cómo se llama, su número, todo." Por motivos personales, ese amigo no quería dar la cara y por eso necesitaba de él.

Gastón sintió que era su oportunidad y estuvo 15 minutos pensando qué decirle. Preparó un guión perfecto: tenía presentación, chistes y calidez. No podía fallar.

Luego llegaron las redes sociales. Ya había hecho méritos para clickear "Agregar" y por esa vía continuó con su desafío de conquistarla. Las charlas maduraron por Facebook hasta que una noche en "La Pierini", apretó el acelerador. Ese 12 de junio de 2010, llegó el primer beso. Inolvidable.

A partir de aquel instante mágico comenzaron a verse seguido. La relación avanzó muy bien hasta que un día ella le blanqueó que estaba en un tiempo de espera con su ex. Necesitaba aclarar sus emociones. A él se le vino el mundo abajo pero, con calma, respiró y le dijo: "te entiendo, te espero".

Fue sólo una tormenta tropical. A los pocos días el amor crecía sin escalas y el 19 de noviembre de 2010 llegó el primer "te amo".

Sí, la amaba. La amaba con locura. Por eso, hacia finales del 2015, Gastón decidió recoger el guante de aquella propuesta improvisada por Estefanía en esa noche de borrachera del último invierno.

Tenía que ser especial, distinta, única como ella. Pero ¿Cómo sorprenderla a lo grande? Frente millones de ideas y dudas, una pregunta le trajo la solución: ¿Qué es lo que más le gusta hacer a ella? Bailar. Estefanía ama bailar.

Como cada fin de año, ella y su grupo de danzas harían una presentación en un teatro. El escenario para ese 2015 sería el Coliseo Podestá, el clásico y tradicional teatro platense. Fue así como Gastón habló con la directora y organizadoras, sus cómplices necesarias.

El día de la presentación, alrededor de las 21:45, y sobre el final del show, Gastón irrumpió en el escenario con un disfraz a tono con la escenografía, y se puso de rodillas con el anillo en mano. Estaban frente a mil personas. Algunos de los espectadores creyeron que era parte de la obra, otros entendieron lo que verdaderamente pasaba. Las lágrimas de felicidad de Estefanía fueron el mejor espectáculo que Gastón vio en su vida.

Estefanía y Gastón aman viajar. Ella cocina todos los días. Él comería hamburguesas todo el día. Ella quiere ver tele por las noches. Él charlar. Las peleas pueden tardar horas; él quiere llegar a una conclusión. Él perdió cámara de fotos en Nueva York el último día. Ella perdió un celular en Londres. Ella le enseñó a comer; le agregó frutas y verduras. Él le dice que se tome la vida más relajada. Ella hace pis cada 1 hora. Él se pone a charlar con todo el mundo.

Pero el hecho más certero de todos es que su amor crece fuerte y que el casamiento está a la vuelta de la esquina. Tal vez, en la misma esquina mágica donde se conocieron aquel 20 de mayo del 2010.

Fuente: Contexto Tucumán

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