Arranca muy temprano, en realidad la noche se hace más larga. Pero la panadería artesanal es su vida, donde hace y crea. Lleva su sello personal.

Pasa que su encuentro con este oficio se dio de muy chico cuando visitaba a su tío en Volcán y disfrutaba del personaje del ‘panadero del pueblo’ y de los aromas de la cuadra.

“Mi referente es mi tío, Ramón Martinez, que es panadero en Volcán. Cuando era chico iba a su panadería, lo ayudaba a pintar las facturas y ahí me quedó su esencia. Cada panadero tiene su fórmula y su secreto: la mano” relata Fabio.

Charla con gran parsimonia en medio de su ambiente de trabajo, rodeado de harina, grasa, levadura y maquinaria, feliz. Hace lo que le gusta. Lo que le da esencia y sentido a su vida. Por eso piensa en el futuro.

“Quisiera ser un ejemplo para mi hijo, dar lo mejor y que él el día de mañana sea mejor que yo. Estar en una mejor posición”.

La simpleza y la magia de su actividad trasciende la panadería y deja un mensaje aplicable a todas las área de la vida que puede servir para disfrutar lo que se hace “la receta es una, pero cada uno le agrega algo para hacerla distinta, hacerla mejor” concluyó.

visitimg

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