En el momento en que un grupo especial de la policía de Río Negro y personal de Gendarmería Nacional encontraron en el suelo y severamente deshidratado a Mariano Cordi , el autor del disparo que acabó con la vida de Valeria Coppa, nadie se percató de que el hombre, semi desnudo y quemado por el sol y el viento, tenía un disparo en la cabeza.

Este impacto sería el motivo por el cual, el jueves a la noche los mismos agentes, percibieron un rastro de sangre en la zona de la cumbre de Cerro Carbón, frente al Valle del Chalhuaco, entre el suelo y la vegetación, que los condujo finalmente al homicida.

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Todo indica que en algún momento del jueves, Cordi, en estado de desesperación, se disparó a la cabeza con un arma artesanal de calibre 22 elaborada con una suerte de lapicera sin percutor, del mismo tipo con la que mató a su ex pareja.

El disparó habría penetrado aunque sin alcanzar el cerebro y la herida pudo quedar oculta por el pelo. Con el paso de las horas, se presume, el proceso de cicatrización terminó de cerrar el agujero de ingreso.

Cordi atravesó los primeros exámenes físicos en Cerro Carbón, por parte de los expertos de la policía rionegrina, y posteriormente en el hospital Zonal de Bariloche, sin que se le detectaran mayores secuelas de su accidentada fuga por la montaña.

Pero la tarde del viernes los médicos continuaron con el protocolo de rigor y lo sometieron a una tomografía computada donde hallaron señales de un disparo. Cordi conservaba varias esquirlas de un proyectil de bajo calibre y un hematoma interior.

FUENTE: Clarin
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