¿Por qué decimos “¡ay!” cuando algo nos duele?
¡Ouch! ¡Aj! ¡Eina! Es lo que exclamarían respectivamente un inglés, un sueco y un sudafricano si experimentasen una intensa emoción o una sensación dolorosa de forma súbita. Se corresponden, en todo caso, con el castellano “¡ay!”.