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14 de febrero de 2014 - 15:00

"Como agua para chocolate", recetas a enamorados 25 años después

A 25 años de su primera edición y con siete millones de ejemplares vendidos en todo el globo, la novela "Como agua para chocolate" con que la mexicana Laura Esquivel combinó recetas de la cocina tradicional de su tierra y una memorable historia de amor, se mantiene entre los longsellers preferidos por los lectores.

Las 12 entregas con recetas, amores y remedios caseros que Esquivel escribió en la libertad de su intimidad, para compensar los límites que le imponían los programas infantiles que guionaba para la TV mexicana, son relanzadas por Suma de Letras en vísperas del Día de los Enamorados que hace algunos años impone en el país su frenesí amoroso de exportación.

Con su primera edición en 1989, nada hacía suponer que el romance entre Tita y Pedro -nacido en Coahuila con la revolución mexicana de fondo, cuando era costumbre que las hijas menores se encargaran de la madre viuda- sería traducido a 35 lenguas, llegara al cine en 1992 guionado por su autora y dirigido por su entonces marido Alfonso Arau, ni terminara el milenio entre "las 100 mejores novelas en español del siglo XX".

Con capítulos encabezados por una receta tradicional mexicana cada uno -mole en guajolote con almendra y ajonjolí, champandongo, torrejas de natas o frijoles gordos con chile a la tezcuana- Esquivel utilizó la gastronomía como metáfora de los sentimientos de sus personajes y así¬ las cebollas serán motivo de lágrimas, las codornices de fe o los  pétalos de rosas de pasión incontrolable.  

La cifra de lectores que alcanzó esta novela es descomunal en un longseller -dice a Télam la editora Julieta Goldman-, son números sólo logrados por sagas como `Harry Potter` y `Juego de Tronos`", que si bien cuentan con cerca de una década menos en el mercado, llegaron en un momento en el que el boca a boca alcanza otras masividades desde las redes sociales y el marketing 360 los continúa promocionando con filmes, merchandising y hasta ropa.

Sin embargo, para Goldman, "cuando un libro funciona no tiene que ver con el aparato promocional; que se regale a lo largo del tiempo muestra otras identificaciones".

La cocina "es un lugar sagrado donde uno no sólo está en contacto con los cuatro elementos que forman el mundo -agua, fuego, aire y tierra-, se entra en comunión con el origen y algo más allá; es un acto de creación como la literatura, igual de importante, y además es un acto de amor: todo aquello que hace que dos cosas se conviertan en una es un acto amoroso", resumió Esquivel a la BBC años atrás.  

"Si te preguntan qué haces al cocinar puedes responder `nada`,  `comida para mi familia` o `celebrando una ceremonia de unión con el universo` -explicó la escritora en otra entrevista-, la cocina es el último reducto que el mundo civilizado nos ha dejado para ejercer la generosidad".

"En su momento era una novedad que hubiera recetas de cocina en una novela, sazonando una historia romántica sin los clichés del género literario", remarcó Goldman respecto al libro publicado por primera vez en 1989, que permitía a sus lectores probar en sus casas platos afrodisíacos.

"Yo creo que no debe haber enamorado que en algún momento no haya intentado hacer las Codornices en pétalos de rosas", graficó a Télam la periodista mexicana Cecilia González sobre el pasaje en que Gertrudis, hija del medio de la familia De la Garza, huye desnuda con un soldado de la Revolución que avanza hacia ella al galope, atrapado por el aroma que emana de su cuerpo tras probar una de las recetas de Tita.

"`Como agua para chocolate` -estar listo según el dicho popular-inspiró a mucha gente, no representó un cambio para las cocineras y chefs mexicanos, se transformó en una pieza fundamental de nuestras cocinas, algo de lo que estamos muy orgullosos", explicó González, autora del libro "Nostalgias con sazón", donde recupera la historia de su madre a través de los platos caseros que ella le preparaba en su infancia.

El libro también desnuda el vínculo de los mexicanos y su cocina, el cual refleja en gran medida su manera de sentir, una cuestión que se revaloriza cuando la cocina mexicana forma parte del Patrimonio Intangible de la Humanidad UNESCO.

El valor del mapeo costumbrista que delineó Esquivel se acrecienta "cuando la rica tradición culinaria de México va desapareciendo mientras las mujeres salimos a trabajar, producto de un horrible mandato cultural que sigue enviando a las madres a la cocina y a los varones los llama chefs", señaló González.

La propia Esquivel contó que muchos hombres le enviaron cartas tras leer su novela agradeciéndole que los hubiera hecho voltear hacia la cocina para "redescubrir ese espacio con enorme gozo", lo cual definió como "un problema meramente cultural".

"La misma sor Juana -rememoró la autora- se refugió en la cocina cuando las monjas le quitaron todo contacto con los libros y llegó a decir que si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito, lo cual me parece muy acertado".

En México, indicó González, "cocinar es un trabajo de equipo, tiene mucho de colectivo e involucrarse; cuando visito a mi familia invito a mis sobrinos a cocinar, como de chica cuando mis tías hacían comida para las fiestas y nos mandaban a desplumar los pollos; es una tradición muy cálida y de compartir".

En parte por estas cuestiones, continuó Goldman, en Argentina "este libro tuvo un impacto mayúsculo y funcionó como llave para los que le siguieron, sin él hubiera sido imposible el éxito de `Malinche` en 2008 y los otros títulos de Esquivel que hoy publica Suma de Letras en el país".

Este `backlist` se reforzará con la publicación, durante la segunda mitad del año, de la última novela de Esquivel que aún sin título, recorre la vida de una mujer policía mexicana y que desde el sello esperan que su autora venga a presentar al país, adelantó la editora.

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