Todo comenzó en Entre Ríos hace algo más de 40 años. Un buen día, ese joven llamado Flavio Mendoza decidió dejar su pago y mudarse a Buenos Aires. En primer lugar se instala en La Boca y, desde allí, inicia las rondas de castings y recorridas por los teatros porteños para lograr su primera oportunidad en el mundo del espectáculo.

Como no todas fueron rosas, se presentó a un casting en el mítico Teatro Maipo y fue rechazado pero no vencido. En vez de volver decepcionado, decidió empezar a trabajar como bailarín. Ahorró, pidó dinero prestado, invirtió y reinvirtió de menor a mayor, hasta que su sueño comenzó a tomar forma. Llegó a ser bailarín del espectáculo de Nito Artaza, fue dejando atrás el ballet y se fue transformando en figura en escena y en la marquesina.

Con los años, abrió tres escuelas, estrenó un mega show llamado "Stravaganza", luego "Franciscus", "Mahatma", etc. Este hombre super musculoso, platinado y que habla "al pan, pan, y al vino, vino" es uno de los personajes más populares de la tele y los teatros argentinos. Desde hace años, es líder indiscutido de taquilla y sinónimo de aquadance, pero la semilla fue el circo. Y el motor de tantos desafíos (inclusive después de haber perdido mucho en un temporada de verano) fue el deseo de proteger a sus hermanas y su mamá, a quiénes es capaz de defender con uñas y dientes.

Flavio se encuentra ahora a muy poco de cumplir un gran sueño, transita la recta final del embarazo a través de un vientre de alquiler. Sueña a lo grande y se prepara para intentar ser "el mejor papá del mundo". Eso, ya es mucho.

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