Plazas, veredas, calles y plazas cumplen una función que va más allá de ofrecer un lugar para pasear o descansar. Son espacios donde se producen encuentros espontáneos, se construyen vínculos y se mantiene el contacto cara a cara, una práctica que comienza a perder terreno frente a las relaciones digitales.
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Por qué las plazas y las veredas siguen siendo claves para construir vínculos en Jujuy
El profesor de Sociología Juan Guzmán analizó cómo las pantallas modificaron las relaciones y advirtió sobre la pérdida de los espacios de encuentro.
En diálogo con TodoJujuy, el profesor de Sociología Juan Guzmán analizó cómo el uso de la tecnología transformó la manera de relacionarse y destacó la importancia de conservar los lugares compartidos en ciudades y barrios. “Estamos atravesando una nueva naturaleza, la del tecnoceno. Vivimos en un ambiente tecnológico y el contacto se hace cada vez más difícil cuando salimos”, explicó.
De los encuentros presenciales a las conversaciones digitales
Las redes sociales y las plataformas de mensajería permiten mantener un contacto permanente, pero eso no significa necesariamente que las personas continúen encontrándose. “Todos hemos tenido un amigo con el que conversamos constantemente, pero al que no vemos desde hace mucho tiempo. Nos está pasando cada vez más”, observó Guzmán.
El profesor señaló que para muchas personas resulta más sencillo hablar mediante una red social que sostener una conversación cara a cara. Este cambio atraviesa actividades cotidianas que antes favorecían el encuentro: sentarse a tomar mate en una plaza, conversar en una vereda o encontrarse casualmente con un vecino. Según explicó, esas prácticas también permiten desarrollar habilidades para escuchar, expresar afecto, discutir y resolver diferencias. “No se trata solamente de abrazarse, sino también de disentir, estar en desacuerdo, enojarse y después recuperar esos vínculos y esos lazos”, señaló.
Qué son los “terceros espacios”
Guzmán recuperó el concepto de los “terceros espacios” para referirse a aquellos lugares que no son el hogar, el trabajo o el establecimiento educativo, pero que permiten compartir tiempo con otras personas.
Dentro de esta categoría aparecen las plazas, los parques, las veredas y otros ámbitos comunitarios. Su importancia reside en que hacen posible el encuentro sin necesidad de organizarlo previamente ni recurrir a una pantalla. Para el sociólogo, la reducción o el deterioro de estos espacios también puede tener consecuencias sociales. “Son lugares de contención donde uno se encuentra con el otro”, indicó.
En Jujuy, las plazas y veredas forman parte de la vida cotidiana de numerosos barrios y localidades. La reflexión de Guzmán apunta a valorar su función social y a pensar qué ocurre cuando los vínculos presenciales son reemplazados progresivamente por interacciones digitales.
El riesgo del autoencierro
El debilitamiento del contacto cara a cara puede adquirir mayor relevancia entre jóvenes que estudian, juegan, conversan y realizan gran parte de sus actividades dentro de una habitación. Guzmán relacionó esta situación con el denominado autoencierro: un proceso gradual en el que una persona reduce sus salidas y sus vínculos presenciales casi sin que su entorno lo advierta.
“El aislamiento social en Argentina se da de a poco, es casi imperceptible, hasta que en un momento el joven no sale porque juega, habla y se educa en su habitación”, sostuvo.
El profesor aclaró que la tecnología ya forma parte del entorno actual y no planteó abandonarla. Su advertencia se centra en la necesidad de evitar que las pantallas sustituyan por completo los encuentros presenciales.
En ese escenario, las plazas, las veredas y los espacios comunitarios conservan un papel central: permiten volver a encontrarse, conversar y construir relaciones más allá de las redes sociales.