Freddy Díaz vive con su esposa, su hija y sus tres nietos en calle Las Campanillas. Después de trabajar en su taller de carpintería y vidriería en su casa, como cualquier día, el viento comenzó a soplar y preocupar. Poco después de las 22:30, tuvo una experiencia que recordará por siempre.
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Se salvaron de milagro: casi mueren aplastados por una pared
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“Estábamos en el dormitorio y escuchamos un estruendo”, dijo Freddy. Una pared alta sin terminar de unos vecinos se derrumbó sobre su salón: “Eso nos dio tiempo a salir y salvarnos”, dijo, porque segundos después otra estructura se derrumbó sobre su dormitorio. Estaba con su esposa, si hija y sus nietos.
“Dejando de lado lo material, estoy feliz porque la misericordia de Dios permite que mi familia este a salvo”, dijo.
Freddy pasó la noche en una clínica, asistido junto a su mujer por el shock traumático. “Es mayor mi felicidad que mi angustia, porque lo material se recupera”, contó.
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La construcción vecina que se derrumbó afectó casi toda la estructura de la casa, por lo que las pérdidas fueron mayusculas: “si esta gente es consciente y se hace cargo del daño que causó, bienvenido sea. Yo no buscó venganza ni aprovecharme de una situación así para mejorar mi casa”, dijo.
“Dios es grande y salvó a mi familia”, dijo. El derrumbe destruyó casi por completo su taller, unica fuente de ingreso y donde obtiene el pan de cada día: “Aquí perdí gran parte de mis 56 años de trabajo, pero sé que Dios es grande y que voy a salir adelante”.
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Con lagrimas en los ojos y la extraña sensación de dolor y felicidad, Freddy aseguró que “mi familia resucitó”. Porque el viento se llevó parte de su casa, pero acrecentó su fe y el amor por su familia.