La idea de la familia de Gustavo Martínez era que sus restos descansaran en el mismo lugar dónde están sus parientes, es decir, en un cementerio de San Isidro, en Provincia de Buenos Aires. Sin embargo, dado que la muerte de quien fuera el tutor legal de Felipe y Martita, los hijos de Ricardo Fort, aún sigue siendo investigada por la Justicia, su cuerpo no podía ser trasladado fuera de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por lo que en la mañana del sábado fue inhumado en la Chacarita.
Martita y Felipe Fort, último adiós a Gustavo Martínez
En principio, todo indica que se trató de un suicidio, ya que según trascendió Martínez se encontraba atravesando una profunda depresión, que se habría agravado luego de que le diagnosticaran un cuadro de Alzheimer. Sin embargo, el hecho fue caratulado como “averiguación de causales de muerte” y quedó a cargo de la fiscal Laura Belloqui, de la Fiscalía Nacional Criminal y Correccional N°59.
Después de muchas idas y vueltas mediáticas en los que la familia de Ricardo Fort aseguró que la despedida iba a ser íntima, fueron los parientes del ex personal trainer quienes se hicieron cargo del velatorio de Gustavo. Y decidieron hacerlo en la noche del viernes, a puertas abiertas.
Allí pudo verse a sus sobrinos, Pablo y Nicolás Martínez, quien fue acompañado de su pareja, Charly Ronco. También dijeron presente Karina Antoniali, ex esposa de Eduardo Fort, Marcela Villagra, íntima amiga de Ricardo, Thomas, hijo de Jorge Fort, el hermano mayor del mediático, y el diseñador Benito Fernández, entre otros. Pero no estuvieron los adolescentes a los que él les había dedicado su vida.
Martita y Felipe sí estuvieron en el cementerio, dónde se mostraron profundamente desolados a la hora de darle el último adiós a Martínez. El entierro estaba previsto para las 11 de la mañana. Y hasta allí llegaron los adolescentes en compañía de su tío Eduardo.
La familia de Gustavo había asegurado que, a pesar de la grita que se había puesto en evidencia desde el fallecimiento del ex personal trainer, no le iba a impedir la entrada al velatorio a los Fort. Sin embargo, estos optaron por ir solo al sepelio, dónde finalmente pudieron despedirse de su tutor, dejando de lado el enojo que les causó su inesperada partida.