En lo cotidiano estamos acostumbrados que cuando vamos por la calle y encontramos a un conocido que tiene un niño pequeño, después de saludar a la madre o padres, largamos la típica frase “me das un beso” y esperamos a que la reacción del pequeño sea positiva.

Lo que no tenemos en cuenta es la reacción del pequeño o lo que le genera esa frase. Muchas veces se niegan a dar un beso para saludar, otros se limpian el cachete y otras tantas veces lo pequeños saludan, pero rápidamente se ocultan detrás de sus padres por hacer algo que no querían y lo avergüenza.

A pesar de que este gesto es percibido por los mayores como una convención social más, obligar a los menores a saludar de acuerdo con estos cánones establecidos puede mandar un mensaje dañino. “Si obligamos a un niño a dar un beso puede asociar que siempre tiene que hacer lo que le digan los adultos, dando lugar a que el niño no sepa diferenciar el tipo de beso o de abrazo que le están dando”, aseguró Teresa Arias, escritora del libro “El secreto de Blef, bésame si quieres”.

El hecho de dar besos a los demás es algo muy personal que solo debe hacerse si realmente se quiere y no porque esté bien visto, o porque tenga que ser así. “Al obligar a los niños a saludar a un adulto que no conocen o a alguien que conocen, pero al que en ese momento no quieren dar un beso, los estamos exponiendo a que tengan un menor control sobre su cuerpo ante posibles abusos”, apunta la psicóloga Macarena Chía del instituto Galene.

Los profesionales explican que a los adultos les resulta difícil comprender esta angustia porque para ellos el contacto físico con los otros no supone un problema ni una amenaza. Pero a los niños, bien sea porque son más retraídos o por vergüenza, estas situaciones pueden provocarles un doble malestar: por la situación en la que se encuentran y por saber que van a ser criticados por sus padres al no reaccionar como se espera de ellos. Por ello, apuntan que es necesario conocer a nuestros hijos y respetar sus tiempos de vinculación con los demás.

Chía aconseja a los padres que lo mejor es ofrecer alternativas a los besos con las que los pequeños se sientan más cómodos. “Chocar la mano es una buena opción en estos casos. Implica menos contacto con la otra persona y por parte del niño puede verse como un gesto más divertido”.

visitimg

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