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14 de agosto de 2026 - 10:32 Mundo.

Terremoto en Colombia: así viven los damnificados de Pereira, una de las ciudades más afectadas

En el Parque La Libertad, los vecinos que perdieron sus viviendas por el terremoto improvisan refugios y reclaman alimentos, ropa y otros elementos básicos.

Lilian Durán, una moza de 37 años que vive en una habitación alquilada en el centro de Pereira, atravesó un momento de extrema angustia durante el terremoto que golpeó a Colombia. Se encontraba en el segundo piso de la pensión cuando comenzó el movimiento y, junto a otros residentes, bajó rápidamente por las escaleras.

Sin embargo, al llegar a la salida de emergencia descubrieron que estaba asegurada con un candado. “Éramos como quince personas empujando, pensé que me iba a morir ahí. Había mujeres que se querían tirar por la ventana. La encargada no atendía hasta que se despertó y nos abrió”, recordó.

Un refugio improvisado para los damnificados de Pereira

Su impactante testimonio adquiere todavía mayor dramatismo al conocerse el escenario desde el que habla: permanece sentada sobre un colchón que colocó en el Parque La Libertad, ubicado en pleno centro de la ciudad. El tradicional espacio verde terminó transformándose en un refugio de emergencia para numerosos vecinos que se quedaron sin vivienda luego del sismo del lunes.

En el lugar, varios damnificados improvisaron refugios con sogas y lonas, sujetándolas entre las palmeras para utilizarlas como carpas y colocando colchones debajo. Otros, que contaban con mayores posibilidades, pudieron instalar carpas de camping para pasar la noche.

Mientras los niños juegan y corren por el lugar, los mayores esperan su turno frente a un gazebo negro identificado como “Punto de carga”, donde pueden recargar sus teléfonos. La cobertura de telefonía es prácticamente inexistente y, aunque una empresa privada puso a disposición wifi gratuito, la conexión funciona de manera intermitente.

Las necesidades de los damnificados son numerosas y abarcan desde elementos básicos hasta ropa y alimentos. “Quedamos en la tabla, todo se perdió. Necesitamos camisas, alimentos, zapatillas, jabón, Colgate, lo que sea”, reclama Daniel Marchena, quien trabajaba como barbero en un comercio que terminó completamente destruido por el terremoto.

Reclamos por asistencia y temor ante la incertidumbre

Al ser consultado por la asistencia estatal, Marchena también aprovechó para dirigirle un mensaje al nuevo presidente colombiano, Abelardo De la Espriella, haciendo referencia al lema que utilizó durante su campaña. “No han mandado nada de ayuda todavía. Estamos esperando al 'firme por la patria', que se aparezca por acá y nos colabore, que nos dé lo que nos vaya a dar”, manifestó.

Por su parte, Lilian también expresó las necesidades más inmediatas de quienes permanecen en el parque. “Lo que puedan traer como cepillos, carpas porque uno no sabe cuándo va a llover”, pidió, ante la incertidumbre por las condiciones climáticas. Luego resumió la preocupación que atraviesa a los damnificados con una frase inquietante: “Quién sabe hasta cuándo será esto”.

Baños químicos y ollas populares

Tras tres jornadas desde el terremoto, el campamento armado de manera provisoria en la plaza recibió finalmente sanitarios químicos, algo que los damnificados consideraron un importante alivio.

Aun así, el lugar no cuenta con instalaciones para bañarse y, a medida que pasan los días, la falta de condiciones básicas comienza a generar tensión entre quienes permanecen allí. Mientras tanto, voluntarios se encargan de preparar comidas comunitarias dos veces al día.

En el Parque La Libertad, uno de los puntos que concentra mayor movimiento es el espacio instalado por estudiantes de Medicina de la Universidad Tecnológica de Pereira. Los jóvenes brindan asistencia en los cinco centros de refugio que actualmente se encuentran colmados en la ciudad, además de colaborar en los campamentos que los propios vecinos improvisaron apenas ocurrido el terremoto.

La idea es poder abarcar lo que más podamos. Han llegado muchos analgésicos y medicamentos para la inflamación, pero necesitamos medicinas para hipertensos y antibióticos”, explicó Jaider Ruiz, estudiante de Medicina y paramédico, además de coordinador del grupo de universitarios que trabaja en los refugios.

Por su parte, la Alcaldía de Pereira reportó que 66 edificios se derrumbaron por completo. Sin embargo, una rápida recorrida por distintos sectores de la ciudad permite observar numerosas construcciones que sufrieron daños, incluso entre aquellas que permanecieron en pie.

Las autoridades comenzaron a realizar un relevamiento de “caracterización psicosocial” con el objetivo de identificar las necesidades de los damnificados y orientar de manera más efectiva la distribución de la asistencia. La magnitud de los daños es tal que el propio municipio también solicita donaciones de materiales destinados a la reconstrucción.

Al caer la noche, en las calles ubicadas a pocas cuadras del centro aparecen pequeñas fogatas. No se encienden para combatir el frío —durante el día las temperaturas son sofocantes—, sino porque, cuatro días después del terremoto, el suministro de gas todavía no fue restablecido. Por eso, numerosos vecinos cocinan sobre el fuego junto al cordón de la calle y luego ingresan a sus viviendas para comer.

La "zona rosa", destruida

A apenas diez cuadras del sector donde decenas de personas pasan las noches en carpas, se encuentra la llamada “zona rosa” de Pereira. La Avenida Circunvalar, conocida por concentrar restaurantes, bares, discotecas y centros comerciales, también sufrió graves consecuencias por el terremoto y quedó devastada.

Entre los comerciantes predominan los relatos de dolor y pérdidas, aunque también aparecen mensajes cargados de optimismo frente al futuro. “Hay mucha esperanza, Pereira es muy resiliente. Esta ciudad se ha construido con el empuje de sus ciudadanos. Se educa a la gente con esta historia, con la lógica de hacer rifas, bingos. Con bingos se construyeron colegios, el aeropuerto internacional. Somos una ciudad de mucho empuje”, destacó Fabián Contreras.

Es chef ejecutivo de Cocinando Sonrisas, una empresa gastronómica que cuenta con tres locales sobre la avenida: Sumo, especializado en cocina oriental; Bandidos, enfocado en comida rápida gourmet; y Leños y Parrillas, dedicado a preparaciones de estilo argentino. De los tres establecimientos, Sumo sufrió daños que alcanzaron el 80% de su estructura.

Justo frente a esos restaurantes funciona la discoteca más concurrida de la ciudad, “Las Primaveras de Yuri; rumba, plancha y karaoke”. Allí trabajaba como DJ Camilo Rivera, quien estuvo a cargo de la música hasta el último domingo.

Damnificados por el terremoto en Pereira, Colombia (JUAN DAVID DUQUE)

Ahora, desde el acceso de la discoteca, Camilo retira los pocos objetos que lograron permanecer intactos tras el terremoto. “Siento una tristeza fatal. Se me entrecorta la voz, era nuestro sueño. No podemos volver a este local, cuando la semana pasada cumplimos 13 años. Desaparecimos en cuestión de segundos”, cuenta con evidente dolor.

A pesar de la pérdida, el hombre intenta transmitir un mensaje de esperanza a quienes atraviesan una situación similar: “Para los que hoy lo perdimos todo, hay que tener mucha paciencia, porque nos vamos a levantar. Nos vamos a volver a recuperar”.

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