La cuarentena nos cambió la vida a todos, pero un grupo de amigos mantuvo intacta la promesa de volverse a ver. Vivían en zona norte y se conocían del colegio y del club de rugby. La iniciativa surgió un verano en Pinamar, antes de graduarse. A pesar de las prohibiciones vigentes por la pandemia de coronavirus, cumplieron con su palabra e inmortalizaron en las redes ese tan ansiado momento a poco de celebrarse el Día del Amigo.
Ni la pandemia por coronavirus los hizo romper la promesa
Una historia de amistad en cuarentena, pero a la vez una historia que tiene muchos puntos flojos los cuales no son admirables. Hablamos en un entorno de pandemia por el coronavirus, y si bien la amistad es un valor irreprochable, también es cierto que hoy por hoy lo primordial es cuidarnos.
La premisa era juntarse “sí o sí” y “pase lo que pase” en el Obelisco, 15 años después de haber terminado quinto año. Lo que nunca imaginaron fue que el 2020 estaría marcado por la pandemia del coronavirus y que la zona metropolitana de Buenos Aires permanecería bajo una cuarentena estricta por el pico de contagios. Pero eso no los detuvo y, a pesar de las prohibiciones vigentes, se las ingeniaron para cumplir con su palabra y hacer que persistiera más que nunca esa amistad.
Cada uno de los amigos se tatuó la fecha hace 15 años en el tobillo:la cita era el 10 de julio de 2020 a las 20.20 horas, a los pies del monumento más emblemático que tiene la Ciudad de Buenos Aires.
La iniciativa surgió durante el verano de 2005, cuando los amigos compartieron unas vacaciones en Pinamar. Luego de un asado, y con un partido de truco de por medio, surgió una charla profunda y un poco melancólica por ser el último año de colegio donde se habló de la posibilidad de que ese fuera el último encuentro que los vería juntos.
Una historia de amistad donde muchos se siguen viendo, y si bien se popularizó la historia en redes sociales, hasta que punto era realmente necesario cumplir con esa fecha en este momento, rompiendo la cuarentena y arriesgándose personalmente y a los otros en medio del coronavirus.
“Fue todo muy rápido porque teníamos miedo de que nos corriera la policía. Si bien respetamos estar con barbijo y el distanciamiento social, estábamos caminando en grupo por la Plaza de la República. Éramos siete locos sacándonos fotos en el Obelisco y no queríamos terminar presos”, admitió Canepa, quien calculó que habrán estado -como máximo- media hora en ese lugar. “Parecía ciudad gótica, todo desolado. Lo único que había eran repartidores de las apps de delivery dando vueltas por ahí”, describió.