Luego del cambio en la reglamentación vía DNU de la Ley de vacunas Covid-19, Argentina quedó habilitada para recibir dosis de los laboratorios norteamericanos Pfizer, Johnson & Johnson y Moderna, las cuales trabajan con un tipo de tecnología innovadora, diferente a la utilizada por Sinopharm o AstraZeneca: El ARN mensajero
Este tipo de desarrollo ya estaba siendo testeado en otras enfermedades, pero con la pandemia creció su interés. Según el Centro de Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) esta clase de vacunas tiene por objetivo generar protección contra enfermedades infecciosas, como lo hacen todo el resto de las inmunizaciones, pero para conseguir tal fin los investigadores generan inmunizaciones que le permiten al organismo aprender a defenderse sin que ingrese el virus.
En el caso de las vacunas de virus atenuados o inactivados (Sinopharm) o las de vector viral (Spuntik V - AstraZeneca), se introduce en el organismo una porción del virus, ya sea muerto o disfrazado en una suerte de “Caballo de Troya”, para que el organismo reaccione. En los sueros de ARN mensajero, como el de Moderna o Pfizer, lo que se le indican al cuerpo es que genere células similares al agente infeccioso para que se despierte la respuesta inmune.
Estas inmunizaciones generan que las células produzcan la proteína (Spike) característica del Covid-19, ya sea de forma total o parcial, sin que la enfermedad se active. Aunque el sistema inmunológico producirá, de igual manera, los anticuerpos necesarios para responder a la infección.
Una vez aplicada la vacuna, las células inmunitarias descomponen las instrucciones genéticas incluidas en el suero y comienzan a generar la “proteína inocua” que imitará al SARS-CoV-2. Tras identificar estos a “simuladores”, el sistema inmunitario reconoce a la proteína como un cuerpo extraño y comienza a generar una respuesta y a producir anticuerpos de igual forma que haría con la infección natural. Al finalizar el proceso, el organismo habrá aprendido a defenderse de la infección sin la necesidad de que el virus haya ingresado al cuerpo.
Uno de los puntos más destacados de este tipo de tecnología es que pueden ser fabricadas con mucha mayor facilidad en un laboratorio, lo que permite una producción mucho más acelerada que en otros métodos tradicionales.
Si bien la empresa alemana CureVac también lanzó una vacuna de este tipo, solamente las de Pfizer/BioNTech y Moderna lograron la aprobación y una efectividad superior al 90%. Esta última fue incluida en la lista COVAX de la OMS el 30 de abril de este año tras “evaluar su calidad, su seguridad y su eficacia”, medida que ya había sido avalada por la FDA y la EMA.
Según el organismo internacional, esta inmunización cuenta con una eficacia de aproximadamente del 94,1% a 14 días de la primera dosis. Incluso, en un estudio publicado en la revista especializada Nature Medicine, esta vacuna mostró ser un 100% efectiva contra la variante Alpha (B.1.1.7 - Reino Unido) y un 96% Beta (501Y.V2 - Sudáfrica) a los 14 días de la aplicación de la segunda dosis.
Si bien Argentina firmó un contrato con Moderna por 20 millones de dosis para el primer trimestre de 2022, las mismas podrían comenzar a llegar mucho antes a través de las donaciones que prepara el gobierno de Estados Unidos luego de alcanzar un avanzado estado de inmunización en su población adulta.
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