Pasó un año más de la trágica jornada del 24 de marzo de 1976, 41 años de la tragedia más grande que le tocó vivir al pueblo argentino. Un análisis de los acontecimientos parece demostrar que poco aprendimos los argentinos de las lecciones que nos dio la historia. Lejos de ser un día de reflexión y de toma de verdadera conciencia sobre los errores del pasado, se transformó tal vez en el día de mayor discordia y enfrentamiento de toda la corta historia democrática.
Posiblemente haya arrancado esa discordia con la imprudencia oficial de modificar la fecha del 24 por decreto por un poco entendible y justificable argumento turístico, algo que lo obligó una vez más a volver sobre sus pasos y dejar todo sin efecto.
Jamás hubo tantas diferencias y desacuerdos entre los participantes. Hasta el propio kirchnerismo fue partido en tres pedazos: el PJ no sabe ni cómo pararse ante estos eventos, Madres separadas y peleadas con Abuelas en un hecho asombroso y lamentable. La hoy ya tristemente célebre Hebe de Bonafini tratando de traidora a Estela de Carlotto o la no menos triste imagen de Nora Cortiñas tomando distancia de los exabruptos de Hebe son tal vez la imagen más decadente del mal uso que algunos hicieron de los Derechos Humanos. Pero Bonafini no sólo arremetió contra las Abuelas, como ya es habitual trató de HDP al propio presidente en un insulto que descalifica más a ella que hacia quien pretende ir dirigido. También lo hizo contra María Eugenia Vidal a la que trató de asesina en un calificativo que cuesta interpretar a qué se refiere. La izquierda armó su acto por separado. Si se pretende ser coherente no pueden en este tipo de eventos juntarse con quienes con todo el cinismo que los caracteriza hicieron Jefe del Ejército Argentino a un represor y genocida como Milani, hoy preso acusado de desaparición forzada de personas y tal vez el hecho más relevante que tiró por la borda el relato kirchnerista en materia de Derechos Humanos.
Este año también fue sin dudas el más politizado de todos. Por primera vez los insultos fueron en mayoría dirigidos al Gobierno y no a los militares. Macri fue el centro de todos los ataques, Videla Massera y Agosti agradecidos por haberse corrido de escena. La consigna casi mayoritaria tuvo que ver con los actos de gobierno. En este marco el conflicto docente por los tiempos sobrevoló casi permanentemente por el escenario, hasta se vio un helicóptero de papel y cartón como un símbolo inequívoco de la salida del poder de De la Rua en el 2001. Parece mentira pero lo que muchos analistas dicen que se busca derrocar al gobierno, quedó expresado de manera brutal con esta imagen, en un acto para repudiar un golpe de Estado pedimos otro golpe de Estado. Sin duda que los argentinos no aprendimos nada, ni el fatídico derrocamiento de Isabelita que terminó en un genocidio, ni el golpe institucional del gobierno radical que un 21 de diciembre se llevó 21 vidas. Hoy grupos importantes quieren otro golpe institucional y lo dicen con toda impudicia. Todavía suenan las palabras de Carlos Di Feo de la CONADU cuando de orador el día de la marcha federal dijo la poca feliz frase de que queremos que al gobierno le vaya mal.
La historia argentina nos dice que desde Marcelo T. de Alvear hasta estos días ningún gobierno no peronista terminó su mandato, verdad o mentira es un dato cabal de nuestra historia. Hoy el kirchnerismo parece empeñado en poner palos en la rueda todo el día. La realidad es que tiene con qué, el Poder Judicial desde la jefa de fiscales Girls Carbó y Justicia legitima colonizaron la justicia y hoy imputan a Macri con una velocidad y obediencia plagada de parcialismos y sospechas, el Ejecutivo con las miles de designaciones hechas por La Cámpora en el último año se transformó en un bastión de resistencia complicado. Desde el otro lado la Justicia va cerrando el cerco sobre Cristina y sus hijos generando una cada vez más fuerte reacción de sus defensores, en el medio un Gobierno que se equivoca demasiado y una economía que no arranca generando 1,5 millones de pobres más de los muchísimos que ya había dejado el gobierno anterior. Todo esto condimentado con ser un año electoral con todo lo que ello significa.
Parece mentira pero también pasó un año más y todavía nos peleamos por la cantidad de muertos y desaparecidos que nos dejó la dictadura. La histórica frase de 30.000 jamás documentada y probada fue objetada por algunas personalidades generando enojos y polémicas. Muchos con fundamentos que tienen su lógica anteponen los poco menos de 9.000 que contabilizó el inobjetable trabajo de la CONADEP, pero esto parece ser una herejía y la gente parece querer quedarse anclada en el pasado con una discusión tan estéril como incomprobable, la realidad es que sean 9 mil o sean 30 mil nada cambiará el rumbo de la historia de estar frente a la mayor tragedia argentina y a la que jamás debemos volver. Esto debemos tomar como la verdadera enseñanza de los errores que no debemos volver a cometer.
En este año no puedo dejar de recordar que ya me acerco a cumplir 60 años, que me tocó vivir el Golpe de Estado siendo universitario, que me tocó vivir la Universidad en Tucumán con Domingo Bussi como gobernador a quien llegué a odiar, que me tocó ser testigo de gente que hicieron desaparecer en la acción más deleznable y cobarde, que vi gente a la que se chuparon y milagrosamente devolvieron con vida, que vi gente inocente asesinada por una guerrilla asesina que hoy creen ser todos victimas y que jamás hicieron una mínima autocrítica, que esa guerrilla era criminal y sin escrúpulos como vimos acribillar al capitán Viola cuando llevaba sus hijas a la escuela por la calle Ayacuho, sin importar nada mataron también a una nena de cuatro años y dejaron en silla de rueda a la mayor de 8, jamás pidieron perdón por estas atrocidades.
Hoy cuando entro en la última etapa de mi vida me doy con cuatro hijos a los que me resulta fácil explicarles que nunca más debemos aceptar un Golpe de Estado. Aprendí a enseñarles que siempre es mejor el peor gobierno democrático que algún iluminado que nos ofrezca soluciones mágicas, que la democracia no la debemos resignar jamás y que cada dos años tenemos la forma de hacer sentir nuestra bronca con el voto. Me cuesta creer que hoy no sepa cómo explicarles que hay sectores que después de todo los que nos pasó no hayan aprendido nada y trabajen para voltear un gobierno democrático. Seguimos siendo una sociedad autodestructiva y capaz de tropezar varias veces con la misma piedra.
Polémico 24 de marzo
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