Nos vamos acercando a las vacaciones de invierno, y quisiera dejarles alguna idea para este tiempo de pausa. En esta mitad de año, tan particular, el cual, si bien se está desarrollando con pseudonormalidad, no sé si se ha detenido lo suficiente en observar el estado emocional den nuestros niños y adolescentes. Probablemente muchos pensamos que, a pesar de todo, han podido retomar con la escuela presencial, pero aún así continúa siendo algo incompleto para ellos, también sus actividades recreativas y sobre todo las actividades sociales en las cuales solían frecuentarse diariamente con amistades y familiares. Hoy todo este entorno cotidiano ha cambiado, y estoy segura que eso ha producido un impacto fuerte en el proceso emocional de cada niño o adolescente, en cada hogar; y hacia esto va mi foco de atención hoy.
Vacaciones: cinco habilidades para poner en práctica
Muchas veces habrán escuchado la famosa frase del filósofo Sócrates, “Conócete a ti mismo”, que se repite casi de manera automática, pero ¡cuánta razón tiene! Y por esto traigo a esta nota la tan conocida pero no sé si comprendida… Inteligencia Emocional. No hace falta tener un coeficiente elevado para sentir, se trata de desarrollar habilidades que nos sirvan para conocer y reconocer nuestras propias emociones y sentimientos, y luego así poder reconocerlos en otras personas y aprender a manejarlas, tanto individualmente como en un contexto social. Lo más importante de esto es que desde muy pequeños ya estamos construyendo nuestra Inteligencia Emocional. Por eso les propongo que la conozcamos en profundidad y empecemos a poner en práctica estas cinco habilidades que la componen.
Podríamos empezar las vacaciones practicando el autoconocimiento. ¿Y qué es esto? Es identificar las emociones por su nombre y el efecto que cada una de éstas producen. Es muy importante que un niño o un adolescente pueda decirnos lo que siente, qué le pasa cuando está sintiendo, es decir qué percibe en su cuerpo y en su mente. Quizás suene fácil, pero es necesario preparar la ocasión y el momento para la expresión, evitando interrumpir o hablar por ellos. A veces lleva tiempo para que aprendan a poner en palabras, por eso podemos usar cuentos, dibujos o juegos. Y en los adolescentes, habilitar los espacios de diálogo y un encuentro fuera de casa para que puedan expresarse con libertad, pero ¡Ojo! sin presionar.
Continuando nuestra práctica seguiremos por la Autorregulación, una habilidad que se logra una vez practicada la anterior, porque si no puedo reconocer o identificar lo que siento o me sucede, se hará muy difícil controlarlo. Y justamente de esto se trata, de aprender a no reaccionar inmediatamente a las emociones, controlar ese impulso que siento internamente, dominarlo sin llegar a la acción. Cuanto más dominio de una emoción, mayor control en la respuesta. Seguro pensaron inmediatamente cuando les dicen, “no seas impulsivo, piensa antes de actuar”. Y acá es donde predicamos con el ejemplo, si estoy intentando que un niño o un adolescente se autorregule y yo no lo hago, ellos no lo harán. Ahora bien, a tomar nota de las estrategias a desarrollar. Una de ellas es la Respiración, en los niños imaginamos que nos inflamos como globos. Otro instrumento es el Semáforo, donde debemos identificar por color lo que hay que hacer; rojo Parar, amarillo Pensar y verde Actuar. En los adolescentes la autorregulación debe ser acompañada de mucho diálogo, ellos necesitan saber a qué se exponen, qué puede suceder; pero la decisión final será sin duda, siempre de ellos, pero el resultado dependerá de lo que aprehendieron.
Para seguir avanzando incorporaremos una nueva habilidad, no menos importante, que es la Automotivación, donde apuntamos a que nuestras emociones se dirijan a un objetivo o una meta, para que cuando nos encontremos con procesos difíciles, sepamos alentarnos o alentar para seguir adelante. Lo importante acá para los niños, por ejemplo, es evitar el Elogio, el cual lo único que hace es calificar el logro, en vez de desarrollar el interés por mantenerse firme, por ser responsables y constantes. Con el elogio, el niño busca lograr u obtener el premio. En cambio, el Aliento es un refuerzo positivo, que desarrolla la habilidad interna para sostenernos, para continuar intentando a pesar de los resultados.
Y ahora llega el momento de enseñar a los más pequeños y revisar en los más grandes la cuarta habilidad, la Empatía, sabiendo que se trata de la capacidad de ponerse en el lugar del otro, esa habilidad para poder relacionarnos con otras personas reconociendo las emociones ajenas y el impacto de éstas en nuestro propio proceso interno. No nos olvidemos que somos seres sociales y siempre lo que sucede a otro nos moviliza internamente, esta habilidad para detectar lo que pasa es nada más y nada menos que entrar en sintonía con los sentimientos de otro y los míos también. ¿Cómo podemos estimularla? Utilicemos preguntas, los pongamos en situación y así podemos pedirles su opinión sobre cómo lo resolverían, qué piensan sobre lo que pueden haber sentido esas personas en ese momento, cómo ayudarían, etc.
Y la última y muy importante, porque implica el aprendizaje de la primer a la cuarta para logar desarrollarla con éxito, nuestras Habilidades sociales. Estas nos permiten relacionarnos con otras personas. En sí, son aquellas conductas aprendidas para poder interactuar con eficacia en el mundo que nos rodea, para poder desempeñarnos en este mundo social, compartiendo con otros o resolviendo situaciones de conflicto. ¿Cómo logramos una adecuada interrelación social? Sumamos a todo lo practicado un andamio más a todo esto; la Comunicación Asertiva, la capacidad de transmitir los pensamientos, respetando los ajenos, exponiendo lo sentimientos de forma clara, y buscando el consenso al momento de resolver algo. Todos esto se ejercita en niños y adolescentes, con acompañamiento, evitando resolver por ellos, encaminándolos con ejemplos, nunca tomando la decisión por ellos, y permitiéndoles equivocarse y resolver desde lo aprehendido.
A modo de conclusión, simplemente quería dejarles la recomendación de detenernos un momento y pensar cuánto de nuestro día dedicamos a este “Conocernos a nosotros mismos”, y cuánto practicamos el desarrollo de la Inteligencia Emocional de los niños y adolescentes que se encuentran en nuestro hogar. Justamente ahora que se aproxima un tiempo de descanso, aprovechemos para mirarlos en profundidad y descubrir cómo se encuentran, y si les hace falta hagamos esta práctica de cinco… un ejercicio cotidiano.
Berenice Ruesjas – Lic. en Psicología MP.330