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28 de mayo de 2017 - 10:08 futbol

De la mano de Messi el Barcelona se quedó con la Copa del Rey

Leo consiguió un nuevo título y fue determinante para la consagración de su equipo; más récord que esta vez no se vieron reflejados en logros colectivos.

Un Barça que se acaba constató que tiene a mano el insumo fundamental para volver a ser. Lionel Messi coronó en la última noche del estadio Vicente Calderón una temporada tan descollante en lo personal como agridulce en lo colectivo.

Un gol exquisito del 10 argentino abrió la cuenta en la final de la Copa del Rey. Una asistencia inverosímil a Paco Alcácer después de desparramar a cuatro rivales completó el 3-1 definitivo. Omnipresente, Messi escribió el guion del partido, descosió el paciente tejido defensivo del Deportivo Alavés y le sirvió a su equipo un título para el consuelo en un año en que el Real Madrid lo superó en la Liga y en Europa.

La era Messi se prolonga sin cierre a la vista, mientras los hinchas culés ruegan que resuelva cuanto antes la renovación de su contrato. Fue goleador de todos los torneos que disputó: marcó 37 en Liga, 11 en Champions (lo puede alcanzar Ronaldo si anota en la final) y 5 en la Copa del Rey. Sumó su vuelta olímpica número 30 en el club catalán, un récord del fútbol español que comparte con su compañero Andrés Iniesta.

Ratificó su condición de hombre de finales cuando tiene la camiseta blaugrana puesta: 26 goles en 25 partidos con un título en juego. Todo un contraste con sus números en la selección mayor, con la que perdió 4 de 4, sin marcar un solo gol.

El duelo con el Alavés de Mauricio Pellegrino no le ofrecía a Messi la adrenalina de una hazaña posible. El Barça estaba obligado a ganar ante un rival modesto pero subido a la ilusión de gritar campeón por primera vez.

Pero Messi entró al Calderón con un nivel de concentración sobrenatural. Empezó recostado a la derecha y se tiró al centro cuando entendió que por allí podía desarmar el planteo táctico del equipo vasco. Terminó jugando por izquierda, como hacía tiempo no lo hacía. Corrió, recuperó, deslumbró con cambios de ritmo letales.

Su energía sacó al Barça del pozo en el que parecía haber entrado cuando Javier Mascherano se retiró del campo con una lesión de rodilla, en apariencia seria, y un gran corte en la cabeza en el minuto 12.

Cada vez que la pelota pasaba por él se aceleraba el partido. Pasaban cosas. En el minuto 30 Neymar le propuso una pared cerca de la medialuna del área y él le aplicó un toque sutil con el pie izquierdo para superar cualquier esfuerzo del arquero Pacheco.

Un tiro libre descomunal del juvenil Theo Hernández -futuro jugador del Real Madrid- significó un empate inmediato. Pero antes del descanso otra jugada colectiva en la que Messi puso en posición de remate a André Gomes acabó en el 2-1 de Neymar.

Enseguida el argentino bloqueó el puesto del jugador más valioso de la final con un zigzag fulminante. Entró al área, dejó a cuatro rivales desconcertados y habilitó sin mirar a Alcácer, que por una vez no falló. Partido terminado.

En el segundo tiempo Messi siguió moviendo los hilos de un equipo que contaba los minutos para terminar el año, despedir a Luis Enrique y salir de vacaciones con algo de alegría antes de pensar en la reinvención.

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