Y un día Pablo Garnier volvió al club que lo vio nacer. El Peca, a los 34 años, arregló su incorporación al Lobo y ya se estuvo entrenando en el complejo Papel NOA.
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Vuelve al primer amor
El volante surgió de la cantera, pero su mayor acierto fue cuando accedió irse a préstamo a los 20 años a Altos Hornos Zapla para jugar Argentino B. Allí, por entonces delantero, metió varios goles clave y fue figura. Entonces, al volver a Gimnasia, fue ganando la titularidad en la temporada 2002/2003.
Sus buenas actuaciones hicieron que Quilmes comprara su pase. Después pasó a Libertad de Paraguay y retornó al fútbol argentino para consagrarse campeón de la Sudamericana con Arsenal. Luego jugó en Defensa, volvió a Quilmes y la temporada pasado ascendió con Atlético Tucumán a Primera.
Si bien hubo intentos para sumarlo en el pasado, no pasaron de charlas informales. Ahora, con el aval de Mario Sciacqua, la directiva se movió rápido y acordó su llegada.“Nosotros queríamos tenerlo y él quería quedarse en Jujuy y pelear por el ascenso”, dijo un directivo. Así, Garnier se convirtió en el refuerzo que los hinchas esperaban.