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29 de septiembre de 2025 - 09:04 Salud.

En Argentina hay 40 mil infartos por año: aumenta la preocupación por los casos en jóvenes

Es la principal causa de muerte en Argentina y supera la media mundial; ante los primeros síntomas, acudir rápido al médico es vital.

Hace tiempo, los registros de salud revelan que en Argentina la causa de muerte más común son los infartos. Aunque gran parte de los elementos que los favorecen pueden evitarse o manejarse con controles médicos, su incidencia es elevada. Además, destacan un fenómeno inquietante: los casos en jóvenes van creciendo.

El síntoma más frecuente de infarto es el dolor en el centro del pecho que puede extenderse a brazo izquierdo, cuello, mandíbula o abdomen.

La incidencia aumenta de forma significativa a partir de los 45 años en los hombres y de los 55 años en las mujeres, aunque la creciente prevalencia de obesidad y diabetes está llevando a presentaciones más tempranas. Los hombres muestran mayor riesgo en la mediana edad, pero en la población femenina la pérdida del efecto protector de los estrógenos después de la menopausia reduce la diferencia y puede incluso revertirla en edades avanzadas”, detalla el doctor Juan Pablo Costabel (MN 119.403), jefe de la Unidad Coronaria e Internación del ICBA Instituto Cardiovascular.

Factores que elevan el riesgo de infarto

Entre los elementos que aumentan la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio, además de la diabetes y el exceso de peso, se incluyen la presión arterial elevada, las alteraciones en los lípidos sanguíneos, el consumo de tabaco, la falta de actividad física y la carga hereditaria vinculada a problemas cardíacos tempranos.

El especialista también señala que, aunque el estrés sostenido, las alteraciones del sueño o un descanso inadecuado no figuren entre los indicadores clásicos, tampoco deben subestimarse, ya que contribuyen a generar disfunción endotelial, aumento de la presión y cuadros inflamatorios que incrementan de manera significativa la probabilidad de un evento cardiovascular.

Controles médicos anuales permiten detectar factores de riesgo y contribuyen a la prevención de infartos y enfermedades cardiovasculares.

La parte positiva es que la probabilidad de padecer un episodio cardíaco grave puede disminuirse mediante la incorporación de hábitos preventivos y controles adecuados. En el marco del Día Mundial del Corazón, que este año se recuerda el lunes 29 de septiembre, la meta principal es difundir estas recomendaciones y promover la concientización social respecto de la magnitud que tienen las enfermedades cardiovasculares en la Argentina.

Más de un centenar de episodios diarios de infartos

En nuestro país se calcula que se producen alrededor de 40.000 infartos de miocardio cada doce meses, lo que equivale a más de un centenar por jornada. Además, los decesos vinculados al sistema cardiovascular representan cerca del 30% del total de fallecimientos, un índice comparable o incluso algo superior al promedio global reportado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esta elevada cifra de mortalidad se explica porque abarca no solo la mortalidad intrahospitalaria, que ronda el 8% según registros de la Sociedad Argentina de Cardiología, sino también las muertes previas a la hospitalización, que incluyen muerte súbita o pacientes que no alcanzan a recibir asistencia médica, y las posteriores al alta, tanto en el corto como en el largo plazo, vinculadas a reinfarctos, arritmias, insuficiencia cardíaca y progresión de la aterosclerosis”, indica el doctor Costabel.

La obesidad, la hipertensión arterial y la hipercolesterolemia se consideran factores de riesgo modificables sobre los que se puede intervenir.

La manifestación más habitual de un ataque cardíaco es la molestia en el pecho, descrita como opresión, presión intensa, ardor o dolor localizado en la zona central, que puede prolongarse varios minutos o presentarse de manera intermitente. Muchas veces se percibe como un peso insoportable, una quemazón profunda o una fuerza que comprime el pecho. Esa incomodidad puede irradiar hacia el brazo izquierdo, la mandíbula, el cuello, la espalda o incluso hacia la zona abdominal.

Existen también indicadores menos comunes, entre ellos la sudoración profusa y repentina, habitualmente acompañada de mareos o debilidad generalizada. En ciertos casos, los pacientes refieren malestar digestivo, con sensación de indigestión, náuseas o vómitos; así como episodios de vértigo, aturdimiento o desmayos inesperados.

Los controles recomendados

El cardiólogo Martín Fasan (MN 166598), integrante del servicio de Cardiología del ICBA Instituto Cardiovascular, señala que quienes presentan factores de riesgo cardiovascular son los que tienen más probabilidades de padecer un infarto. Según detalla, estas condiciones favorecen la acumulación de colesterol en las arterias coronarias, fenómeno que constituye la base del episodio cardíaco.

Ante síntomas como opresión en el pecho o dolor irradiado se recomienda buscar atención médica inmediata para reducir secuelas graves.

Los controles periódicos de salud resultan fundamentales para prevenir complicaciones graves, y su alcance depende de la historia clínica y la edad de cada persona. Entre los estudios posibles se incluyen la evaluación física con toma de presión arterial, análisis de laboratorio para medir niveles de glucosa y lípidos, electrocardiogramas, ecocardiogramas que permiten valorar la actividad cardíaca, ecografías vasculares, tomografías para identificar placas arteriales y pruebas de esfuerzo, entre otras herramientas diagnósticas.

“Se sugiere hacer estos controles al menos una vez al año, especialmente en aquellos pacientes con infarto previo y con factores de riesgo. Además, la enfermedad cardiovascular tiene un importante componente hereditario, por lo que estos estudios también están destinados a aquellos pacientes con antecedentes familiares de infarto o ACV a edades tempranas”, detalla el doctor Fasan.

La formación en RCP entre la población es fundamental para mantener la circulación y aumentar las posibilidades de supervivencia.

En términos generales, se aconseja realizar una valoración del riesgo cardiovascular en hombres a partir de los 40 años y en mujeres desde los 50, ya que esa información servirá como punto de partida para definir los pasos posteriores. En presencia de factores de riesgo adicionales, los controles podrían llevarse a cabo de manera más temprana.

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