La NASA mantienea los científicos atentos con un hallazgo que despertó la curiosidad de Michael Tice, quien jamás había perdido el sueño por una roca marciana, hasta que estudió la formación Bright Angel en Marte, ubicada en el antiguo valle fluvial Neretva Vallis.
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¿Hubo vida en Marte? el descubrimiento de la NASA que aportó nuevos indicios
El rover Perseverance de la NASA halló indicios que podrían sugerir vida primitiva en Marte, manteniendo a los científicos atentos y cautivados.
Esta agrupación de rocas ofrece hasta ahora la evidencia más sólida de la posible existencia de vida primitiva en el planeta rojo, según un reciente análisis de muestras examinadas por el rover Perseverance, publicado el 10 de septiembre en la revista Nature.
“Es lo más cerca que hemos estado de descubrir vida antigua en Marte”, afirmó Nicola Fox, administradora asociada de ciencia de la NASA, durante una rueda de prensa.
Todavía se requieren estudios adicionales para confirmar si efectivamente hubo vida en Marte, pero para investigadores como Tice y su colega Joel Hurowitz, las rocas de Bright Angel abren la posibilidad de que hace aproximadamente 3.500 millones de años existieran microbios en sedimentos húmedos submarinos.
“Es bastante alucinante”, afirmó Tice, científico de la Universidad Texas A&M y coautor del estudio. “Cuando Joel y yo empezamos a considerar seriamente la posibilidad de que la vida pudiera haber intervenido en la formación de estas cosas, esa noche me costó dormir”.
Las rocas de Bright Angel, situadas en el extremo occidental del cráter Jezero, se habrían depositado en el lecho de un antiguo lago o río, en un tiempo en que el agua corría libremente en un Marte hoy seco. Las señales químicas halladas en una roca denominada Cheyava Falls indican que se produjo un tipo de reacción que, en la Tierra, normalmente se asocia con la actividad de microorganismos.
“Es la primera vez que se observan procesos químicos compatibles con un origen biológico, aunque no sean una prueba definitiva”, comenta Christian Schröder, físico del Instituto Max Planck de Investigación del Sistema Solar, quien no formó parte del trabajo.
Hallazgos del rover Perseverance en Bright Angel
Durante su exploración de Bright Angel, el Perseverance detectó pequeñas manchas verdosas que los científicos llaman “semillas de amapola” o “nódulos”, incrustadas en la lutita de tono rojizo. Entre estos nódulos, sobresale la presencia del mineral vivianita, rico en fosfato de hierro.
En las cataratas Cheyava también se hallan pequeñas estructuras circulares conocidas como “manchas de leopardo”. El rover extrajo una muestra de roca muy reducida, aproximadamente del tamaño del dedo meñique de un adulto, y la analizó con su conjunto de instrumentos científicos para recopilar más datos.
El examen de la muestra Sapphire Canyon indicó que los bordes de estas manchas están compuestos por minerales oscuros de fosfato de hierro, mientras que las áreas internas más claras contienen greigita, un mineral de sulfuro de hierro.
El hallazgo más relevante para la búsqueda de vida se produjo a una escala aún más diminuta que la de las moléculas. Durante una reacción de oxidación-reducción, conocida como “reacción redox”, el material orgánico transfirió electrones al hierro presente en el sedimento, generando como resultado los minerales vivianita y greigita.
En nuestro planeta, procesos similares son provocados por microorganismos que consumen materia orgánica y aprovechan la energía liberada en estas reacciones redox, dejando minerales como subproductos. Es comparable a la manera en que los humanos ingieren alimentos para obtener energía y producen desechos.
“Los lugares donde vemos que eso ocurre en la Tierra, en entornos sedimentarios a temperatura ambiente, esas reacciones suelen estar impulsadas por microbios”, explica Joel Hurowitz, geólogo de la Universidad de Stony Brook.
Si los hallazgos de Cheyava Falls llegaran finalmente a confirmar la existencia de vida primitiva en Marte, destaca Michael Tice, esto indicaría que dos mundos distintos albergaban microbios que obtenían energía mediante procesos similares en épocas comparables del pasado remoto. Esto podría sugerir que los organismos tempranos desarrollan estrategias de supervivencia semejantes, sin importar dónde surgieron. “Pienso que esto podría ofrecernos una visión profunda sobre los mecanismos de evolución de la vida”, asegura.
Cómo comprobar la vida marciana
Acreditar de manera concluyente la presencia de vida —lo que los científicos llaman una biofirma— es un desafío monumental. Requiere reunir múltiples evidencias provenientes de distintos instrumentos científicos y analizar minuciosamente el contexto geológico en el que podría haberse generado la señal biológica. Antes de arribar a una conclusión tan trascendental, se sometería a un riguroso escrutinio y a un extenso debate dentro de la comunidad científica.
¿Puede una fuente no biológica producir el mismo resultado?
Las reacciones redox observadas en las rocas de Marte, que generan los mismos minerales como subproductos, podrían ocurrir sin intervención biológica, pero únicamente bajo condiciones de calor elevado. Teóricamente, una erupción volcánica podría provocar un efecto similar, sin necesidad de vida. Sin embargo, los investigadores sostienen que en este sitio específico las rocas, aparentemente sumergidas en agua, no alcanzaban temperaturas tan extremas.
“Si se tomara el lodo y la materia orgánica y se cocinaran, se podría obtener el mismo conjunto de minerales”, explica Joel Hurowitz. “Pero hasta ahora, utilizando todas las herramientas a nuestro alcance, no vemos ninguna evidencia de que estas rocas se calentaran hasta las temperaturas necesarias para que se produjera esa reacción”.
Además, Michael Tice señaló que si una erupción de lava hubiera originado las llamadas “manchas de leopardo”, estas se limitarían a una sola capa, no distribuidas a lo largo de varias estratificaciones como se observa en la muestra de núcleo.
Los investigadores destacaron que, para confirmar de manera concluyente si los microbios antiguos fueron responsables de las “semillas de amapola” y las “manchas de leopardo” en Sapphire Canyon, sería necesario traer fragmentos de roca marciana a la Tierra. Solo allí podrían examinarse con instrumentos de laboratorio mucho más avanzados y someterse a análisis más detallados. No obstante, el futuro del programa de retorno de muestras de la NASA aún permanece incierto.
Paralelamente, el rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea también podría aportar información clave sobre la posible vida en Marte. Esta misión perforará con mayor profundidad la corteza del planeta rojo y tomará muestras de distintos estratos.
Según Schröder, colaborador del proyecto, las rocas de las capas más profundas estarían mejor preservadas frente a las duras condiciones de la superficie. La nave de la ESA, bautizada en honor a la científica que participó en el descubrimiento de la doble hélice del ADN, tiene previsto su lanzamiento para 2028. China también planea enviar una misión de retorno de muestras aproximadamente en la misma fecha.
Para descartar otras posibles explicaciones distintas a la actividad biológica, los investigadores también deben estudiar con más detalle ambientes terrestres que presenten condiciones similares a las del Marte antiguo, señala Hurowitz. El objetivo es identificar si reacciones químicas análogas pueden ocurrir sin la presencia de vida. Entre los sitios comparables podrían estar lechos de lagos, estuarios y otras áreas donde las rocas permanecen sumergidas en agua.
¿Podría ser esta la primera evidencia de vida en Marte?
La NASA dio a conocer en julio de 2024 el hallazgo de la roca conocida como Cheyava Falls, denominada así por la cascada más alta del Gran Cañón, que tiene forma de punta de flecha. Esta roca presenta vetas blancas de sulfito de calcio y exhibe patrones químicos y estructuras que, hace miles de millones de años, podrían haber sido generadas por organismos vivos.
Entre estos indicios se encuentran moléculas basadas en carbono, esenciales para la vida, aunque también podrían originarse por procesos no biológicos.
No es la primera ocasión en que un rover en Marte detecta señales que podrían sugerir que el planeta tuvo ambientes aptos para la vida en el pasado. Por ejemplo, el rover Spirit de la NASA identificó antiguos manantiales termales en el cráter Gusev antes de quedar atrapado en la arena y perder la comunicación. Por su parte, el rover Curiosity, que aún opera en el cráter Gale, halló compuestos orgánicos en las lutitas de esa región.
Sin embargo, la presencia de indicios claros de reacciones redox coloca este descubrimiento por encima de las señales ambientales que otros rovers habían registrado, destaca Schröder.
Sobre si Cheyava Falls puede considerarse la roca más fascinante fuera de la Tierra, Hurowitz se muestra cauteloso, pero aclara: “Si tus intereses específicos son la astrobiología y la geobiología, esta es una candidata muy buena para ser tu roca favorita”.