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25 de julio de 2025 - 11:13 Mundo.

Milagro en el aire: la historia del piloto que voló colgado de un avión a 8.000 metros de altura

Una falla en un vuelo de British Airways en 1990 casi termina en tragedia y generó profundas reformas. Los relatos conmovedores y los cambios tras el hecho.

Al despegar rumbo a Málaga, el vuelo 5390 sufrió la explosión del parabrisas a 7.900 metros, marcando un hito inesperado en la historia aérea. El piloto Tim Lancaster fue impulsado violentamente fuera de su asiento, quedando suspendido con medio cuerpo en el exterior del avión, sostenido a duras penas por los brazos de sus compañeros de tripulación.

En un abrir y cerrar de ojos, el ambiente sereno se convirtió en una escena de emergencia total. Increíblemente, lo que ocurrió se transformaría en uno de los episodios de supervivencia más extraordinarios jamás vividos en un vuelo comercial.

El milagro de Tim Lancaster.

El 10 de junio de 1990, el vuelo 5390 de British Airways partió con destino a Málaga, llevando a bordo a 81 pasajeros, cuatro auxiliares de cabina y dos pilotos. A los mandos estaba el comandante Lancaster —acumulando más de 11.000 horas en el aire— junto al copiloto Alistair Atchison. Poco después de alcanzar la altitud de crucero, todo se salió de control.

Todo transcurría con normalidad hasta que, apenas 13 minutos después del despegue, un estruendo estremeció la cabina. De acuerdo con la BBC, el vidrio frontal izquierdo del BAC One-Eleven 528FL —situado directamente frente al capitán Lancaster— se soltó de forma abrupta y con gran violencia. La despresurización instantánea que siguió llenó el interior del avión con una densa neblina y desató el desorden en cuestión de segundos.

El milagro de Tim Lancaster, el piloto que voló colgado del parabrisas de un avión.

El violento flujo de aire, que alcanzaba velocidades cercanas a los 630 km/h (aproximadamente 391 mph), lanzó al capitán Lancaster fuera de su asiento, dejando su cuerpo desde el torso hacia arriba colgando fuera de la aeronave, mientras sus piernas permanecían atrapadas y golpeaban los instrumentos de mando. Nigel Ogden, miembro de la tripulación, reaccionó con rapidez y se aferró al cinturón del piloto, evitando que fuera succionado por completo hacia el exterior.

“La descompresión explosiva hizo que toda la cabina se empañara como niebla por un segundo, luego el avión comenzó a caer en picada”, relató Ogden al diario The Sydney Morning Herald. “Todo lo que podía ver eran sus piernas. Salté por encima de la columna de control y lo agarré por la cintura para evitar que se fuera por completo (...) Todo estaba siendo succionado fuera del avión. Incluso una botella de oxígeno que había sido atornillada salió volando y casi me arranca la cabeza”, añadió.

Una falla técnica durante un vuelo de British Airways en 1990 puso en jaque la vida de toda la tripulación.

Instantes más tarde, los miembros de la tripulación Simon Rogers y John Heward intervinieron para sujetar los pies del capitán, mientras el primer oficial Atchison logró estabilizar la aeronave y comenzó un descenso urgente. Más tarde, Ogden describió la escena como impactante:

“Pensé que lo iba a perder, pero terminó doblado en forma de U alrededor de las ventanas. Su cara golpeaba contra la ventana y le salía sangre por la nariz y un lado de la cabeza, sus brazos se agitaban”.

Aunque reinaba el terror, el personal del vuelo actuó según los protocolos establecidos. Testimonios de los pasajeros reflejaron el estado de desesperación general y el miedo ante la posibilidad de un desenlace trágico. Las comunicaciones con tierra fueron complicadas, pero el copiloto consiguió alertar sobre la situación y dirigirse hacia la pista de aterrizaje más próxima.

La sorprendente historia de Tim Lancaster.

El piloto, sujeto por los tobillos, con medio cuerpo fuera del avión

Durante aproximadamente 20 minutos, Lancaster estuvo sometido a temperaturas heladas, presión atmosférica muy baja y ráfagas intensas de viento, un entorno que, según numerosos especialistas, resulta letal para cualquier ser humano. La preocupación de la tripulación no solo giraba en torno a salvarle la vida al comandante, sino también al peligro de que, si se les escapaba, su cuerpo pudiera ser absorbido por una de las turbinas.

En un contexto de extrema urgencia, el primer oficial Atchison ejecutó un descenso controlado y logró llevar la aeronave a un aterrizaje de emergencia en el aeropuerto de Southampton a las 7:55 de la mañana. Los equipos de asistencia médica ingresaron de inmediato a la cabina.

Contra todas las expectativas, Lancaster seguía con vida, aunque inconsciente, con el cuerpo golpeado y afectado por el intenso frío. Según informó la BBC, el comandante presentaba varias fracturas, congelamiento y una severa conmoción, mientras que Ogden sufrió la dislocación de un hombro y mostraba signos de hipotermia debido al esfuerzo físico que implicó sostener al piloto durante la crisis.

El milagro de Tim Lancaster, el piloto que voló colgado del parabrisas.

Un error técnico con consecuencias fatales evitadas por segundos

La investigación definitiva llevada a cabo por la División de Análisis de Siniestros Aéreos del Reino Unido concluyó que el detonante principal del suceso fue una falla en el mantenimiento del parabrisas delantero. Menos de 30 horas antes del vuelo, se habían colocado tornillos nuevos que no cumplían con las dimensiones adecuadas, siendo más delgados que los originales, lo que derivó en que el cristal se desprendiera durante el trayecto.

El informe instó tanto a la Autoridad de Aviación Civil como a British Airways a revisar los mecanismos de verificación interna, mejorar la formación técnica del personal y reforzar los sistemas de inspección en los procedimientos críticos para la seguridad aérea. Además, se destacó que las exigencias laborales y la presión para ajustarse a los tiempos programados en el aeropuerto de origen incrementaban los factores de riesgo.

La rápida reacción del copiloto y la tripulación evitó una tragedia mayor durante el vuelo BA5390 en 1990.

Varios viajeros relataron el miedo intenso que se apoderó de ellos durante la crisis, al presenciar cómo un cuerpo permanecía colgado fuera de la cabina mientras los miembros de la tripulación se esforzaban por controlar la situación.

“Pude ver un cuerpo colgando de la ventana”, expresó una pasajera a la agencia británica Press Association. Otro pasajero comentó: “Una azafata que estaba parada cerca de nosotros, en la parte trasera del avión, comenzó a llorar. Pensé que nos íbamos a estrellar y comencé a rezar”.

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De forma increíble, tras superar sus lesiones en un centro médico de Southampton, Tim Lancaster regresó a los controles de un avión apenas cinco meses después. Retomó su labor como piloto y se mantuvo activo en la industria aérea hasta el año 2008, luego de cerrar su etapa en British Airways y continuar su labor en EasyJet.

El episodio del vuelo BA5390 sigue siendo un caso icónico en la aviación mundial, reconocido tanto por el coraje del equipo a bordo como por la fortaleza mental y física exhibida en una situación límite.

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