El domingo 20 de abril se celebra la Pascua en los hogares argentinos, y con ella llega una de las costumbres más esperadas del año: la entrega y el consumo de huevos de chocolate. Aunque se trata de una tradición profundamente arraigada, especialmente entre los más chicos, lo cierto es que sus orígenes se remontan a tiempos lejanos y poseen múltiples interpretaciones históricas.
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¿Por qué comemos huevos de chocolate en Pascua?
La tradición de los huevos de Pascua tiene raíces religiosas, pero hoy se vive como una costumbre lúdica, familiar y cada vez más impulsada por el marketing.
Hoy, esta costumbre ha tomado un carácter más festivo y comercial, con un abanico de opciones que va desde los huevos clásicos hasta bombones rellenos, figuras de conejos, mini huevos y versiones gourmet. Sin embargo, muchos se preguntan por qué se comen huevos de chocolate en Pascua y qué relación tienen con la celebración religiosa de la resurrección de Jesús.
El huevo como símbolo de vida y resurrección
Desde tiempos antiguos, el huevo representa la vida nueva, la fertilidad y la esperanza, conceptos muy presentes en la simbología cristiana de la Pascua. La tradición de regalar huevos decorados aparece mencionada por primera vez en textos alemanes del año 1407, aunque se cree que su origen podría remontarse a los pueblos eslavos de Europa del Este.
Estos pueblos tenían la costumbre de pintar huevos y decorarlos con motivos naturales y religiosos como parte de los rituales de primavera. Posteriormente, estas prácticas fueron adoptadas por iglesias cristianas orientales, como la Iglesia ortodoxa siria, la maronita siria y la apostólica armenia, que mantenían tradiciones propias tras haberse separado de la Iglesia ortodoxa oriental.
Otro posible origen está vinculado a la Cuaresma, los 40 días previos a la Pascua durante los cuales se prohibía el consumo de ciertos alimentos, incluidos los huevos. Sin embargo, las gallinas no dejaban de poner, por lo que las personas comenzaron a decorarlos para almacenarlos y diferenciarlos, usándolos luego como parte de los festejos pascuales.
Además, en la simbología cristiana, el huevo cerrado representa el sepulcro sellado de Jesús, y al romperse simboliza su resurrección y el triunfo de la vida sobre la muerte.
Del símbolo religioso al fenómeno comercial
Aunque el significado espiritual sigue vigente para muchos, el consumo de huevos de chocolate, tal como lo conocemos hoy, tiene un origen más reciente y está fuertemente vinculado a la industria y al marketing. A mediados del siglo XX, las chocolaterías comenzaron a producir huevos huecos de chocolate como una forma de atraer a los consumidores, especialmente a los niños.
Desde entonces, el crecimiento ha sido exponencial. Hoy existen versiones de todos los tamaños, rellenas de golosinas, con juguetes, sorpresas para armar y hasta mensajes personalizados. También hay opciones artesanales, veganas, sin azúcar o con ingredientes gourmet.
En Argentina, esta costumbre se consolidó en las últimas décadas, y actualmente los huevos de Pascua forman parte esencial del consumo estacional, con una fuerte presencia en supermercados, panaderías, chocolaterías y tiendas online.
Más allá de lo religioso, el huevo de chocolate se ha transformado en un ícono de diversión, encuentro familiar y disfrute. Representa un momento de alegría compartida, especialmente en la infancia, aunque cada vez más adultos se suman a esta tradición renovada.
Una tradición que se adapta y sigue viva
Aunque sus raíces están ligadas a la historia y la espiritualidad, el huevo de Pascua sigue vigente porque logra combinar lo simbólico con lo emocional y lo lúdico. Acompaña la celebración del domingo de Pascua, representa una excusa para reunir a la familia y regalar algo especial.
Hoy, su valor no está solo en el chocolate que lo compone, sino en el gesto de regalar, compartir y disfrutar juntos, manteniendo viva una tradición que evoluciona año a año sin perder su encanto.