Este martes, tras más de medio año de aislamiento, las puertas de la casa de Gran Hermano finalmente se cerraron. El último en salir y apagar las luces fue Santiago “Tato” Algorta, quien se convirtió desde el arranque en una figura clave de esta temporada del reality de Telefe y logró, como pocos, ganarse la aprobación del público.
¿Quién es Santiago "Tato" Algorta, el ganador de Gran Hermano?
El concursante oriundo de Uruguay se coronó como vencedor de esta temporada de Gran Hermano, alcanzando un 62,8% del respaldo popular en las votaciones.
Hasta la final llegó acompañado por Luz Tito, su gran confidente y socia dentro del juego desde los comienzos, y por Ulises Apostolo, con quien sostuvo la rivalidad más marcada durante toda la competencia.
El camino de "Tato" hacia la final de Gran Hermano
El camino de “Tato” se tornó difícil incluso antes de ingresar a la casa: la consagración de su compatriota Bautista Mascia en la edición anterior generaba comparaciones que no lo favorecían. Y su conducta durante los primeros días del reality no colaboró con una buena impresión inicial.
Santiago se alzó con la primera prueba de liderazgo y, además de tener la posibilidad de modificar la placa de nominados, Gran Hermano le concedió un poder extra: impedir que cuatro compañeros emitieran su voto. La decisión fue polémica. Eligió a cuatro mujeres y, al justificar su determinación en vivo, argumentó que ellas debían “pensar un poco más” antes de votar. Esa frase encendió la polémica tanto dentro de la casa como en las redes sociales, donde muchos lo acusaron de tener actitudes machistas.
La concursante que eligió sacar de la placa fue Luciana Martínez, quien desde entonces se transformó en una de sus mayores aliadas y en una pieza clave en la planificación de sus movimientos dentro del juego. Sin embargo, la polémica estalló cuando decidió reemplazarla por Claudio “Papucho” Di Lorenzo, quien, pese a haber compartido apenas unos días de convivencia, interpretó esa jugada como una traición.
Desde ese momento inicial, este contador de 29 años pasó a ocupar el centro de las críticas y fue objeto constante de señalamientos y cuestionamientos, una exposición que se mantuvo inalterable durante los seis meses que duró su estadía en el programa.
Un constante respaldo de la gente para "Tato" de Gran Hermano
Su rendimiento frente a las nominaciones, sumado a los reiterados gritos del exterior que expresaban respaldo hacia él, encendieron las alarmas dentro de la casa: sus compañeros comenzaron a notar con claridad que contaba con un fuerte aval del público. Sin embargo, lejos de favorecerlo, esa popularidad lo puso en el centro de una tormenta: se volvió blanco frecuente de críticas y fue tema recurrente en numerosas charlas grupales. “Aburrido”, “egoísta” y “cobarde” fueron algunos de los calificativos que le lanzaron, tanto de manera directa como en comentarios a sus espaldas.
El vínculo que construyó con Luz fue uno de los temas que más revuelo generó. La joven jujeña, de 21 años, aclaró desde su entrada al programa que estaba en una relación abierta y a distancia con Alberto “Pestañas” Murcia, un español con quien había compartido una etapa de su vida en Irlanda. A pesar de eso, durante las primeras semanas, “Tato” dejó entrever cierto interés en que su amistad evolucionara hacia algo más íntimo.
"Un seductor serial"
Esa transformación nunca se concretó, pero dentro de la casa y también en los análisis televisivos fuera de ella, comenzaron a circular calificativos hacia ambos: a Luz se la tildó de “histérica” y a Tato lo describieron como un “seductor serial”, aunque en términos mucho más duros y despectivos.
Al notar el respaldo que “Tato” recibía desde el exterior, varios participantes decidieron atacarlo de forma indirecta, apuntando contra sus dos principales aliadas. Luz consiguió salir airosa en varios enfrentamientos directos, eliminando a Brian, Chiara, Catalina, Bauti, Nano y Jenifer. Sin embargo, Luciana fue eliminada tras una estrategia controvertida impulsada por Bauti y avalada por la producción, lo que significó una baja clave para el grupo.
Tras esa pérdida, el dúo compuesto por Luz y Tato quedó completamente expuesto y más marginado que nunca dentro de la casa, hasta que recibieron el respaldo de dos nuevas aliadas: Martina, quien había ingresado con ellos en diciembre, y la extrovertida y divertida Luchi, que inyectó al equipo el humor, las dinámicas lúdicas y la energía que necesitaban para sostenerse.
Al compartir convivencia con ellas, Santiago dejó ver distintos matices de su personalidad. Con Martina intentó iniciar algo más allá de la amistad, aunque el vínculo nunca pasó de la intención. Con Luchi, en cambio, se mostró más suelto y juguetón, casi infantil, corriendo por los pasillos y afrontando los conflictos con renovada energía.
Cualquier intento de tregua que pudiera haberse instalado en la casa fue rápidamente desbaratado por la propia producción. En un momento clave, decidieron mostrarle al grupo fragmentos de los castings originales, y el de Santiago fue editado con declaraciones de tono arrogante. En ese material, el joven relataba, con aire de confianza y algo de vanidad, cómo algunas compañeras de la facultad lo “encaraban”, lo que generó reacciones dentro del reality.
Aunque luego intentó aclarar que había exagerado —e incluso inventado— ciertas afirmaciones con el objetivo de captar la atención de los productores y asegurar su ingreso al programa, el efecto negativo ya era irreversible. La decisión de la producción de mostrar también otras partes de su casting, donde se refería a su entorno familiar y mencionaba problemas de salud como la uveítis y el hipotiroidismo, terminó jugando a su favor.
El perfil creado por Ulises
Ulises, por su parte, consolidó su perfil de joven sencillo proveniente del “interior del interior” del país, en contraposición a la figura del “uruguayo” que llegaba a disputar el premio. No desaprovechó ninguna oportunidad para repetir que, a diferencia de Tato, él había sido completamente sincero en su presentación.
Sin embargo, la fijación de Ulises hacia Tato fue más allá de simples declaraciones. En esta edición, la producción organizó dos desafíos especiales: uno con un auto como premio y otro con una moto. Durante la segunda competencia, en la que Tato se enfrentaba a la brasileña Gabriela, Ulises comenzó a susurrarle respuestas a su compañera de juego.
Las redes sociales se inundaron rápidamente con videos que mostraban a Gabriela buscando las indicaciones de Ulises antes de responder. Además, advertido por Sandra, y tras el anuncio de Gabriela como ganadora por parte de Gran Hermano, Santiago decidió manifestar sus sospechas en el confesionario.
Tras recibir la confirmación de que no se había detectado ninguna irregularidad, Tato tuvo que enfrentarse nuevamente a los agravios de Catalina —excompañera de Furia en la temporada anterior—, quien fue reincorporada por la producción junto a un grupo que la respaldaba.
Fue Santiago del Moro quien comunicó al público que, luego de un análisis minucioso, el equipo del programa no había hallado pruebas de que Gabriela hubiese hecho trampa. Sin embargo, ante la persistencia de los usuarios en redes sociales y las charlas entre Chiara y Ulises aludiendo al incidente, Gran Hermano citó a la ganadora, y fue ella misma quien terminó admitiendo los hechos.
Todas estas circunstancias, junto con otros incidentes protagonizados por las integrantes del trío femenino, llevaron a que la audiencia se inclinara aún más por respaldar al uruguayo, quien jamás respondió con agresividad a los insultos y malos tratos que le propinaban la mayoría de los concursantes del reality.
En los días finales, cuando solo permanecían cuatro participantes en la casa (entre ellos la santiagueña Eugenia Ruiz), Ulises continuó usando el streaming para atacar a su rival masculino. Probablemente, esta actitud contribuyó a que el gran premio terminara en manos de Tato: mientras él se esforzaba por ganar el certamen, los demás centraron sus energías en intentar derrotarlo a él.