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4 de julio de 2023 - 20:04 Salud.

Riesgos de suspender un tratamiento que involucra psicofármacos

El experto es el máximo responsable y es quien, con suma precaución e información, tiene que estar junto al paciente y aconsejarlo sobre el tratamiento.

Indudablemente, la llegada de sustancias psicoactivas, denominadas como psicofármacos, ha brindado significativos avances en la capacidad de tratamiento para diversas enfermedades mentales. No obstante, este trayecto no está exento de una serie de riesgos. Aparte de los inconvenientes relacionados con una prescripción inapropiada, derivados de un diagnóstico erróneo, que en muchos casos se vuelven habituales en lugar de excepcionales.

Es bastante común que ciertos expertos asuman que los fármacos catalogados como "antidepresivos" o "anxiolíticos" sean universalmente adecuados para cualquier individuo con ciertas condiciones psiquiátricas, como si no existieran variaciones y singularidades en este espectro de enfermedades, siempre y cuando el diagnóstico haya sido acertado.

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Somos conscientes de que existen variantes de estas enfermedades que pueden requerir indicaciones completamente opuestas en determinados casos. Además, debemos considerar los efectos adversos derivados del uso de estos medicamentos, los cuales en ocasiones son pasados por alto o incluso no se informan adecuadamente al paciente.

Sin embargo, cada vez se presta más atención a un aspecto crucial: la extensión del período de tratamiento farmacológico. ¿Cuál es la duración óptima para tomar un medicamento de manera efectiva, evitando al mismo tiempo efectos relacionados con la cronicidad, la tolerancia o, aún más preocupante, efectos secundarios de difícil solución?

Es fundamental tomar en cuenta el momento adecuado para interrumpir o reevaluar un tratamiento farmacológico y terapéutico en situaciones en las que se prolonga el uso de ansiolíticos y antidepresivos. Esta cuestión se ha convertido en un problema de alcance público, dado que el número de individuos que consumen psicofármacos ha experimentado un incremento exponencial.

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En otras palabras, no solo se está produciendo un crecimiento constante y sostenido, sino que además dicho crecimiento está experimentando una aceleración. Este aumento, al igual que todos los aspectos vinculados a la salud mental, ha sido potenciado durante la pandemia y en el denominado periodo postpandemia, es decir, en la situación actual.

Esta situación ha evidenciado un aspecto relevante: aunque los medicamentos resultan sumamente eficaces en numerosos casos, es necesario revisar las indicaciones, es decir, no considerarlos como una solución universal o un fármaco a utilizar de manera indefinida basándose únicamente en su clasificación (ansiolítico/antidepresivo).

Es imprescindible llevar a cabo un seguimiento y una evaluación regular de los mismos, y tener en cuenta que su periodo de efectividad es considerablemente menor al que normalmente se observa en la población bajo medicación (o, aún peor, automedicación).

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Como consecuencia de esto, surge un tema de gran importancia y complejidad: cómo llevar a cabo la discontinuación de un tratamiento que incluye psicofármacos. Ya no se trata solamente de determinar qué medicamento está indicado y cuáles pueden ser sus efectos en el paciente, sino de abordar la cuestión de cómo y cuándo suspender su uso.

En relación a la forma y el momento adecuados para finalizar el tratamiento medicamentoso, se ha observado, según revela un reciente y completo informe basado en un amplio estudio, que existe una correlación directa con la duración del tratamiento. A mayor tiempo de uso, mayores son los efectos negativos o perjudiciales asociados con la interrupción de la medicación (withdrawal).

Hasta hace un tiempo, se creía que los efectos de la suspensión de la medicación eran transitorios, pero este paradigma está evolucionando y actualmente se le otorga mayor relevancia a esta etapa crítica: ¿cuándo finalizar el tratamiento medicamentoso y cómo brindar apoyo al paciente durante los efectos secundarios?

Los efectos secundarios del retiro más frecuentes pueden ser:

- Mareos

- Síntomas similares a un estado gripal o vertiginoso, mareos.

- Insomnio

- Cansancio

- Estado confusional

- Alteraciones sensoperceptivas o hiperalgesia (mayor sensibilidad a estímulos sensoriales y/o al dolor)

- Malestares digestivos diversos

Es común que existan estigmas asociados a la psiquiatría que dificultan que las enfermedades mentales sean percibidas como algo tan común como otras enfermedades físicas. Esto se debe tanto a las percepciones sociales y personales sobre las enfermedades mentales como al tema de la medicación.

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Por lo tanto, las personas no suelen buscar ayuda en el profesional calificado y apropiado, es decir, el psiquiatra, sino que recurren a diversas alternativas que no implican "estar medicada/o".

El erróneo mito de "el psiquiatra es para dar la medicación y el psicólogo para la terapia" no solo es incorrecto, sino una visión parcial que impide abordar al individuo en su totalidad.

La preocupación comúnmente expresada en la consulta de “¿voy a tener que tomar medicación toda la vida?”, es un temor genuino, pero no se ajusta a la realidad. Esta creencia impide que las personas se beneficien de un tratamiento que permitiría llevar a cabo un proceso psicoterapéutico eficaz y viable en muchos casos.

La realidad demuestra que a medida que adquirimos más conocimientos y observamos la evolución de los pacientes, al mismo tiempo que consideramos estudios internacionales que abarcan extensas y prolongadas series poblacionales, los psicofármacos resultan sumamente beneficiosos cuando se prescriben de manera adecuada.

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Sin embargo, es fundamental que se administren tras un diagnóstico preciso, con un seguimiento constante y una revisión periódica de las razones y estrategias de tratamiento, evitando especialmente convertirlos en un régimen crónico.

Es importante tener una clara comprensión de que en algún momento se deberá interrumpir el tratamiento o reconsiderar la indicación, y si la situación indica su finalización, esto debe llevarse a cabo con sumo cuidado y en colaboración e información conjunta con el paciente.

El criterio de bueno/malo basado exclusivamente en el nombre no es válido en ninguna área de la medicina, incluso en el caso de medicamentos de reemplazo como algunos hormonales (aunque esto no se aplica a la psiquiatría), que son sometidos a revisiones periódicas.

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No obstante, el mayor riesgo se presenta cuando se recibe a un paciente en una situación crítica debido a que, por su propia cuenta y ante la prolongación del tratamiento farmacológico, decide interrumpirlo sin una supervisión especializada.

Una vez se hayan tomado todas estas precauciones, de la misma manera en que nadie tomaría un antibiótico de manera indefinida únicamente por su nombre, la medicación psicofarmacológica, cuando se prescribe adecuadamente, puede ser una solución efectiva para problemas que, de otra manera, tendrían un impacto negativo en la calidad de vida.

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