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7 de agosto de 2014 - 10:17

Nutrigenómica, una ciencia joven para el bienestar

La nutrigenómica es una disciplina que permitirá a las nuevas generaciones “alcanzar su máximo potencial físico y mental y, por consiguiente, vivir más y mejor”. Esa es una de las ideas centrales de la más reciente publicación del investigador José María Ordovás, líder mundial en el tema.

José María Ordovás es uno de los expertos con más prestigio mundial en las interacciones gen-dieta en relación con las enfermedades cardiovascular y la obesidad.    Ordovás es una autoridad en el mundo de la nutrición y especialista de primera línea en nutrigenómica, una palabra que cada vez suena con más frecuencia en el ámbito de la salud.

Su libro “La nueva ciencia del bienestar: Nutrigenómica. Cómo la ciencia nos enseña a llevar una vida sana” (Editorial Crítica) pretende “suministrar conocimiento sobre el diálogo ancestral que ha tenido lugar entre los genes y el ambiente alimentario, y que ha definido las necesidades nutricionales de cada individuo”.

La nutrigenómica comenzó a gestarse desde hace un par de décadas. Ordovás explica que a pesar de que nutrigenómica y nutrigenética tienden a utilizarse indistintamente, tienen una diferencia sutil que conviene matizar. La primera se refiere a la interacción de los alimentos con el genoma porque, como señala, “los genes responden a los nutrientes que comemos”.

“Hasta ahora habíamos hecho estudios específicos de un gen, una proteína o un nutriente, pero hoy podemos mirar todos los genes, proteínas y nutrientes, entre otros elementos, a la vez y ver las respuestas de nuestro organismo”, afirma el experto, que dirige el Laboratorio de Nutrición y Genómica del USDA-Human Nutrition Research Center on Aging de la Universidad de Tufts, en Boston (EEUU).

La nutrigenética, en cambio, analiza la interacción de cada genoma con los alimentos. La creencia popular de que “cada organismo es un mundo” nunca tuvo más sentido. En palabras de Ordovás: “cada persona reacciona distinto cuando come porque varían las mutaciones en los genes que se encargan de la regulación de los nutrientes”.

Aunque estos conceptos ya pesan en la comunidad científica, como quedó evidenciado en el XX Congreso Internacional de Nutrición que se celebró la semana pasada en Granada, donde protagonizaron varias conferencias, queda un largo viaje por delante.

Ordovás subraya que se están “desarrollando instrumentos que ya pueden ser utilizados para medir el riesgo de obesidad o enfermedades cardiovasculares y compensar con una dieta mejor; quizás estamos a un 10% del camino, pero es un porcentaje positivo, en la dirección apropiada”.

La ciencia, tal y como expone en su libro, ya tiene la mirada puesta en la prevención y el tratamiento de numerosas patologías, pero es urgente revisar los patrones nutricionales actuales, que se están alejando de la dieta mediterránea y cambiando tan rápido como la moda.

“Tenemos una nutrición más globalizada, la sociedad ha cambiado y ahora hay menos tiempo para comer, se duerme menos y hay más estrés. Además, es más barato y más fácil comer peor”, opina Ordovás.

Otro asunto por resolver es la educación. El objetivo de su obra sobre nutrigenómica es introducir a las personas en esta nueva ciencia “con objetividad y sin fundamentalismos” y analizar la actualidad para “desmitificar” muchas ideas sin evidencia científica que figuran a diario en las noticias.

Ordovás también ha remarcado que la tecnología sigue abriendo campos de estudio. “Estamos investigando no sólo qué o cuánto comemos, sino cuándo lo hacemos. La cronobiología nos permitiría recomendar cómo distribuir los alimentos a lo largo del día para que sean más apropiados para cada genoma”, indica

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