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29 de agosto de 2026 - 08:34 Sociedad.

Qué es el hikikomori y por qué el aislamiento juvenil también preocupa en Argentina

El profesor de Sociología Juan Guzmán explicó cómo se manifiesta este autoencierro y advirtió sobre el impacto de la vida digital en los vínculos.

El hikikomori es un fenómeno caracterizado por el aislamiento social extremo y prolongado. Surgió como objeto de estudio en Japón, pero algunas de sus características también comenzaron a analizarse en jóvenes de otros países, incluida la Argentina.

En diálogo con TodoJujuy, el profesor de Sociología Juan Guzmán explicó que se trata de personas que emprenden una “retirada social” y restringen progresivamente el contacto con el mundo exterior. “Es una conducta de aislamiento individual que puede aparecer después de algún trauma, de experiencias sociales truncas o de situaciones de maltrato”, señaló. A diferencia de otros trastornos, aclaró, estas personas reducen sus vínculos hasta permanecer casi exclusivamente dentro de una habitación.

Qué es el hikikomori

El término fue utilizado por el psiquiatra japonés Tamaki Sait para describir un fenómeno de autoexclusión que comenzó a adquirir visibilidad durante la década de 1990. Según explicó Guzmán, el proceso puede estar relacionado con la dificultad para afrontar determinadas exigencias sociales, laborales o educativas. También mencionó experiencias negativas, como el maltrato escolar, el rechazo o la sensación de no encontrar un lugar dentro de la sociedad.

“Son sujetos que sienten que la sociedad no es para ellos. No recurren al suicidio, sino al aislamiento social”, expresó el profesor.

En Japón, esta problemática también alcanza a personas adultas que permanecieron aisladas durante décadas. Guzmán mencionó el denominado fenómeno “8050”: personas de alrededor de 50 años que comenzaron a encerrarse durante su juventud y todavía dependen de padres que ya superan los 80.

El autoencierro entre los jóvenes argentinos

Aunque el concepto nació en Japón, el entrevistado advirtió que el aislamiento extremo no debería considerarse una problemática exclusiva de ese país. En Argentina, distintos especialistas comenzaron a estudiar conductas de autoencierro entre los jóvenes. Según explicó Guzmán, el proceso puede avanzar lentamente y resultar difícil de advertir para el entorno. “Se da de a poco, es casi imperceptible, hasta que en un momento el joven no sale porque juega, habla y se educa en su habitación”, sostuvo.

La posibilidad de estudiar, trabajar, entretenerse y mantener relaciones a través de internet permite resolver una parte importante de la vida cotidiana sin abandonar el hogar. Sin embargo, Guzmán advirtió que esto también puede debilitar progresivamente el contacto presencial.

“Podemos hablar más fácilmente a través de una red social que en un encuentro cara a cara. Por eso deberíamos prestar atención como sociedad a este fenómeno”, afirmó.

El impacto de las pantallas en los vínculos

Para el profesor, el avance de la tecnología modificó la forma en que las personas construyen y mantienen sus relaciones. Conversar frecuentemente con alguien mediante mensajes no siempre implica conservar los encuentros presenciales. “Todos hemos tenido un amigo con el que conversamos constantemente, pero al que no vemos desde hace mucho tiempo. Nos está pasando cada vez más”, observó.

Guzmán remarcó que el desafío no consiste solamente en detectar el aislamiento extremo, sino también en recuperar las habilidades sociales y los espacios donde se producen encuentros espontáneos. Las plazas, las calles, las veredas y otros lugares compartidos permiten conversar, expresar afecto e incluso atravesar desacuerdos. En ese sentido, advirtió que la reducción de esos ámbitos y la creciente dependencia de las pantallas pueden favorecer el encierro.

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