Cada 22 de octubre se celebra el “Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez ”, una jornada para ponerse en el lugar del otro y conocer sobre los motivos, tratamientos y situaciones particulares de la persona, por eso hoy intentaremos hablar en primera persona “soy tartamudo”.
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Tartamudez: mitos, realidades y la mirada del otro
Cabe mencionar que se conmemora con el fin de eliminar su discriminación social y promover oportunidades para los afectados.
Ser tartamudo no es una elección, ni es por una situación de la vida…y mucho menos es por un susto. Todos son factores que pueden influenciar, pero no son determinantes.
No es una enfermedad
La Tartamudez es una “Disfluencia”, es decir un trastorno de la fluidez al hablar. Es una dificultad y no es una enfermedad. Es involuntaria y cíclica, puede aparecer y desaparecer por períodos de tiempo variables.
Al respecto la Licenciada Lucia Echeñique marcaba que la tartamudez es una característica del habla, no es una patología, no es una discapacidad, no es una enfermedad y una de sus principales características es que es cíclica. Esto significa que habrá días en que la persona se va a trabar más que otros. Pero esto no es una condición ni un impedimento para que aquellas personas que tartamudean puedan estudiar, trabajar y desenvolverse en la vida cotidiana como cualquier otra persona.
Con respecto al entorno, es sumamente importante tener en cuenta el factor de ansiedad, estrés y presión que el niño, niña o adulto sienta.
Otra de las cuestiones que oportunamente mancaba la licenciada tienen que ver con la consulta a tiempo, cómo detectarlo o reconocerlo; tratamiento y particularidades.
“el 90% de los pacientes acuden al consultorio previa visita por algún curandero” decía la licenciada Echeñique mostrando el arraigo a las diferentes creencias que tenemos en Jujuy, sin embargo apuntó a que la tartamudez no es bajo ningún concepto el resultado de un susto, dejando nulo el conocido mito urbano.