Armar el árbol de Navidad ya no es solo “poner bolitas y luces”; es el ritual que, para muchas familias, marca el inicio formal de las fiestas de fin de año. El árbol se volvió símbolo de vida, esperanza y luz, y lograr que se vea lindo y equilibrado depende de seguir un orden simple: estructura, luces y adornos, sin apuro y con algo de planificación.
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Cómo se arma el árbol de Navidad: paso a paso de una tradición
Elegir bien el lugar, armar la estructura, poner las luces y sumar cada año un adorno nuevo son claves para un árbol de Navidad.
1. Elegir el lugar y preparar la base
Antes de abrir la caja, lo primero es decidir dónde va a vivir el árbol: un lugar visible y transitado, pero que no estorbe el paso ni quede al alcance fácil de chicos muy pequeños o mascotas inquietas. Lo ideal es probarlo ya con la base armada para chequear estabilidad y altura. Si el trípode de plástico no te gusta, una opción es “esconderlo” dentro de un canasto o maceta, que automáticamente mejora la estética del conjunto.
2. Ramas bien abiertas: el secreto del “volumen”
El gran truco de un árbol que se ve profesional es el despliegue de las ramas.
Los especialistas recomiendan
- primero la base,
- luego el tronco
- las secciones (de abajo hacia arriba)
- y recién ahí empezar a abrir rama por rama.
Las ramas deben separarse en distintos ángulos para tapar huecos y formar un cono frondoso, aunque sea un árbol económico. Es el paso más tedioso, pero marcará la diferencia entre un árbol “vacío” y uno lleno.
3. Las luces siempre primero
Cuando la estructura ya tiene volumen, llega el momento de las luces, que se colocan siempre antes de los adornos. Las recomendaciones coinciden:
-
usar luces LED, que consumen menos y no levantan temperatura;
empezar desde la parte baja, cerca del enchufe, y subir;
meter el cable hacia adentro de las ramas, no sólo en la punta, para que el árbol “brille desde adentro”;
envolver en zigzag o espiral ascendente, controlando que no queden “manchas oscuras”.
Antes de seguir, conviene enchufar y probar la distribución. Si algo no convence, es mucho más fácil corregir ahora que con todas las esferas colgadas.
4. Guirnaldas, esferas y la estrella final
Con el árbol iluminado, empieza el “vestido”:
-
Primero, guirnaldas y cintas, en espiral suave, sin tironear demasiado para que caigan de forma natural.
Después, los adornos grandes y menos vistosos, que se colocan hacia el interior para rellenar y dar profundidad.
Luego sí, las esferas y figuras principales en las puntas, aplicando la “regla de la pirámide”: más adornos en la parte baja, menos en la cima, y los colores bien distribuidos para evitar manchones.
Al final, los detalles pequeños y la estrella (o ángel) en la punta, que cierra la composición.
Un toque extra es sumar un “faldón” o manta en la base para cubrir la estructura y marcar un pequeño escenario donde después se pueden apoyar regalos o el pesebre.
5. La costumbre de sumar algo nuevo cada año
Más allá de las técnicas, hay una tradición cada vez más extendida: agregar todos los años al menos un adorno nuevo. Puede ser una esfera con la fecha, un recuerdo de un viaje, algo hecho a mano por los chicos o un pequeño objeto que represente algo importante que pasó ese año.
Ese gesto convierte al árbol en una especie de “archivo emocional” familiar: al colgar cada pieza, se recuerda de dónde viene, quién la regaló o qué momento marcó. Así, el arbolito deja de ser una decoración genérica y pasa a contar la historia de esa casa, con sus cambios, pérdidas, llegadas y deseos.