Siempre se puso como excusa que en estas épocas es difícil realizar algún tipo de trabajo de pavimentación por las lluvias imperantes. Puede existir algo de razón en este tipo de explicaciones, pero la realidad muchas veces supera a los argumentos que se esgrimen cuando se observa el pésimo estado de esta calle, como muchas del centro de nuestra ciudad; pero con la particularidad de que es una de las zonas de más circulación durante gran parte del día, ya que desemboca a la calle Iguazú, cerca de la vieja terminal, lugar de confluencia masiva de peatones y de vehículos.
Cráteres en las calles de los barrios hacen que manejar sea una odisea
Considerar los baches de esta calle como cráteres es un privilegio bien ganado. El tiempo y la falta de respuesta desde la Municipalidad de la Capital, hacen de este sector un total desafío para los automovilistas que tratan de esquivar las deformaciones por la falta de cuidado, buscando la utopía de que su vehículo salga inmune ante una exigencia mecánica de consecuencias imprevisibles.
La esquina de José de la Iglesia y Ayacucho es el primer obstáculo que deben afrontar. No hay señalización adecuada que indique prioridades en el paso. Las pequeñas lomadas características de las bocacalles se encuentran con los baches que obligan a los conductores a maniobrar como sea para esquivar estos dos obstáculos que ponen a prueba no solo la pericia del conductor, sino también su paciencia.
Cada esquina impone nuevos desafíos. Las mal formaciones son evidentes y la intransitabilidad deja lugar a que todo tipo de accidentes sucedan, evidenciando la falta de atención municipal que se observa desde hace años. Motociclistas, vehículos de todo tipo y tamaño y colectivos, tratan de llegar victoriosos a la zona de la calle Iguazú, punto de llagada para otro desafío en donde el taxi compartido es amo y señor de un territorio en donde la gestión municipal viene haciendo agua desde hace varios años.
Lugares que deberían tener otro tratamiento por la fluidez de tránsito quedan librado a su suerte y pericia. Nadie hace nada, o solo miran el árbol y no el bosque. Hay prioridades que se hacen necesarias. Pero a la municipalidad parece importarles otros temas menos mundanos.