El rápido avance de las tecnologías ya marcó un antes y un después en la forma de relacionarse, y los niños y adolescentes no son la excepción, de hecho son las edades que más preocupan, ya que no tienen un "autocontrol" a la hora de sobre usarlos, generando una dependencia adictiva al celular o a cualquier dispositivo móvil.
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Depresión infantil: en 10 años aumentaron más del 150% de los casos
El uso desmedido desde temprana edad de las pantallas, provocó en los últimos años, mayor cantidad de casos de depresión, ansiedad y dependencia.
Es ahora que se empiezan a ver los efectos físicos y psicosociales que esta transformación tecnológica está provocando en los niños y adolescentes. Las plataformas trajeron consigo grandes cambios en los jóvenes de 10 a 20 años, provocados por los rápidos avances tecnológicos desde la década de 2010.
En este período, donde un ser humano se está desarrollando físicamente y adquiriendo su personalidad con otra gran cantidad de cambios, la vida social de los adolescentes se trasladó en gran medida a los smartphones con un acceso continuo a las redes sociales, los videojuegos online y otras actividades basadas en internet. Esta reconfiguración de la infancia es la principal razón de enfermedades mentales, ansiedad, depresión y autolesiones en los adolescentes y preadolescentes. Ninguna otra teoría ha sido capaz de explicar por qué las tasas de ansiedad y depresión de los adolescentes aumentaron en tantos países al mismo tiempo del mismo modo.
Principales problemas que generaron los celulares en niños y adolescentes:
- Privación social: desde que los adolescentes empezaron a tener sus propios celulares, los encuentros presenciales empezaron a decaer. Entre el 2012 y el 2019 el tiempo diario que un adolescente pasa con sus amigos cara a cara se redujo un 54%. Los vínculos se dan de manera superficial, perdiendo el tiempo de calidad y esto se profundizó con la pandemia.
- Falta de sueño: está comprobado que un adolescente con el celular en mano puede llegar a dormir siete horas diarias o menos, lo que puede provocar ansiedad, irritabilidad, déficit cognitivo, aprendizaje insuficiente, accidentes y hasta muertes accidentales.
- Fragmentación de la atención: hay diferentes estudios que reflejan que el uso de las redes sociales interfieren en esta capacidad, ya que los distraen y pueden perjudicar el desarrollo de la función ejecutiva. Una situación que pone de manifiesto este punto es el aula, en donde la concentración dura apenas minutos.
- Adicción: los creadores de las aplicaciones desarrollaron técnicas conductuales para “enganchar” a los chicos y lograr que permanezcan todo el tiempo posible. Esto genera dopamina, pero no produce sensación de satisfacción, si no que los hace desear más de aquello que produjo esa liberación.