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17 de octubre de 2024 - 18:11 Viral.

Dormía y escuchaba ruidos: lo habían invadido los lobos

Envuelto en penumbras y con los ecos de aullidos lejanos, un hombre vivió una noche inolvidable al presenciar lobos salvajes desde su ventana.

Era una fría y oscura noche en las afueras de Montebello, un pequeño pueblo en Quebec, Canadá, cuando Michee Don, un hombre de 42 años, fue despertado por un extraño ruido proveniente del exterior. No era la primera ocasión en que escuchaba sonidos del bosque que rodeaba su casa, pero esta vez había algo peculiar: había lobos en su casa.

Un aullido prolongado y profundo se oía a lo lejos, y su eco parecía multiplicarse. No transcurrieron muchos segundos antes de que otro aullido, mucho más cercano, interrumpiera el silencio nocturno.

Desde la ventana, Michee Don observó cómo al menos diez lobos rodeaban su jardín bajo la luz de la luna.

Don se levantó de la cama, todavía adormilado, y se dirigió a la ventana de su habitación, que daba al patio trasero. Con las manos aún entumecidas por el frío, apartó las cortinas. Lo que observó lo dejó paralizado. Allí, iluminados por la luz lunar, una manada de lobos grises rodeaba su hogar. Las sombras fantasmales se movían con sigilo entre los árboles del jardín; sus cuerpos eran apenas discernibles entre las penumbras. Al menos diez lobos formaban un círculo irregular alrededor de su jardín, aullando al unísono. Algunos se desplazaban lentamente, mientras que otros, más audaces, se acercaban al porche de madera.

Michee, quien vive cerca del Parc Omega, un extenso refugio de vida salvaje conocido por sus lobos salvajes, era consciente de la presencia de estos animales en la zona, pero nunca había pensado que los tendría tan próximos a su hogar. “Al principio pensé que estaba soñando”, confesó más tarde. “Pero los aullidos eran demasiado reales. Nunca había oído algo igual”.

A pesar de la experiencia aterradora, no había rastros de daño. “No parecían interesados en mí o en la casa”, dijo Don.

El frío parecía penetrar incluso en el interior de la vivienda, mientras él trataba de conservar la tranquilidad. “El ruido era ensordecedor. No sabía si debía encender las luces o simplemente quedarme quieto”, explicó. Optó por permanecer en su lugar, observando desde la protección de su casa, deseando que los lobos continuaran su trayecto sin hacer nada más que rodear la propiedad.

Uno de los lobos, considerablemente más robusto que los demás, parecía ocupar el papel de líder de la manada. Se quedó inmóvil justo ante la puerta trasera de vidrio, con sus ojos resplandeciendo en la oscuridad. Sus orejas estaban en posición alerta, y por un breve momento, Michee tuvo la impresión de que el animal lo estaba observando fijamente. “Nunca había visto un animal tan hermoso y aterrador al mismo tiempo”, recordó.

El tiempo fue transcurriendo, y los lobos empezaron a separarse. Poco a poco, la manada se internó nuevamente en el bosque, desvaneciéndose entre los árboles. No obstante, los aullidos no se detuvieron de inmediato. Los ecos, ahora más distantes, acompañaron a Michee hasta avanzada la madrugada.

Entre sombras y aullidos, un hombre experimentó una noche que no olvidará luego de avistar lobos salvajes desde su ventana en la oscuridad de Quebec.

A la mañana siguiente, salió al patio con precaución. Descubrió las marcas de los lobos impresas en la nieve recién caída, nítidas y profundas. Pese a la experiencia escalofriante, no había señales de ningún daño. “No parecían interesados en mí o en la casa”, dijo Don. “Simplemente estaban ahí, como si hubieran venido a visitarme”.

La observación de lobos en zonas cercanas al Parc Omega no es completamente extraña. En los inviernos fríos, los grupos tienden a moverse en busca de alimento, aunque rara vez se acercan tanto a las casas. Los especialistas de la región afirman que, a pesar de que los lobos pueden parecer amenazantes, suelen mantenerse alejados de los seres humanos. “Es un recordatorio de que vivimos en un territorio que compartimos con la naturaleza”, señaló un guardabosques del parque.

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Sin embargo, Michee Don nunca podrá borrar de su memoria la experiencia de sentirse rodeado por lobos bajo el resplandor de la luna. “Fue aterrador y fascinante al mismo tiempo. Verlos tan cerca, oírlos aullar... es una experiencia que no se puede describir fácilmente”, comentó, mientras observaba las huellas desapareciendo lentamente bajo el sol matutino.

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