Este sábado el papa Francisco se reunión con el principal líder religioso chiita, el ayatolá Ali al Sistani. El encuentro fue calificado como histórico para las dos religiones. Para la reunión, el sumo pontífice viajó hacia la ciudad sagrada de Najaf, que se encuentra a unos 160 kilómetros al sur de la capital de Irak. Aquí está el principal centro religioso de esta rama del islam y centro de peregrinación de chiitas de todo el mundo.
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El histórico encuentro del papa Francisco y el líder chiita en Irak
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Fráncico comenzó un viaje histórico en Irak. Cabe destacar, que, durante sus ocho años de pontificado, los viajes del papa se han caracterizado por no tener como destino los grandes centros católicos del mundo –Europa, Sudamérica y regiones de África- sino que ha viajado donde los cristianos son minoría.
Durante el encuentro, el papa agradeció al gran ayatolá “que levantase la voz en defensa de los más débiles y perseguidos, afirmando que lo sagrado es la importancia de la unidad del pueblo iraquí”. Además, subrayó: “La importancia de la colaboración y amistad entre las comunidades religiosas para que, cultivando con respeto recíproco el diálogo, se pueda contribuir al bien de Irak, de la religión y de la entera comunidad”.
Es preciso aclara, que el ayatolá es una de las figuras más poderosas del islam y sus edictos religiosos hicieron que muchos musulmanes se movilicen en 2014 contra el Estado Islámico, con la creación de la Multitud Popular.
Irak es el actual hogar de una minoría cristiana que está al borde de la extinción debido a la persecución de grupos radicales como el autodenominado Estado Islámico. La visita a este lugar ha sido calificada de alto riesgo no solo por cuestiones de seguridad, ya que se estima que al menos 10 mil personas estarán encargadas de cuidar al papa, sino también por cuestiones sanitarias: desde enero, los casos de COVID-19 se triplicaron en la región.