Definida por el propio Mortensen como “un western existencial argentino-danés”, “Jauja” es una notable apuesta del realizador de “Los muertos” y “Liverpool”, donde por primera vez se anima a trabajar con actores profesionales en el elenco y a confiar en un guión, en este caso de Fabián Casas, en un viraje que es todo ganancia, ya que el cine de Alonso no pierde nada de la fantasmal materialidad con que construyó su estilo y gana de a momentos en profundidad y consistencia.
Comenzó el Festival de Cine de Mar del Plata
Amante de los espacios abiertos y de las geografías que se imponen como desafíos, Alonso elige en momentos de tres dimensiones y grandes efectos volver al formato clásico del 4:3, a la opción más plana, para un atrapante viaje por el desierto, que es una travesía hacia interiores insospechados bajo el amenazante vacío de los espacios abiertos y desolados y los amplios cielos que se levantan casi desde el piso.
Con un excelente protagónico de Mortensen, que a veces desentona con ciertas performances no profesionales por su calidad y que obtiene un logradísimo dúo con la actriz danesa Ghita Norby, “Jauja” está situada en tiempos de la Campaña del Desierto, en el amplio hostil destino patagónico, donde un ingeniero danés viaja junto a su hija y un reducido grupo de soldados en un destino incierto y atentos a las amenazantes conspiraciones que propone el lugar, entre desapariciones, acechanzas y, también, las posibles violencias del deseo.
Absolutamente distinta, claustrofóbica, filmada casi toda (a excepción de una última escena en el asiento trasero de un taxímetro) en un departamento de dos ambientes pero de consistencia narrativa granítica y una tensión que apabulla es “Melbourne”, opera prima del realizador iraní Nima Javidi, que la semana pasada ganó el máximo galardón del Festival Internacional de Cine de El Cairo, Egipto.
Todo transcurre en unas horas, unas desesperantes horas que van desde la mañana, cuando una pareja empaca y ordena sus cosas con vistas a un viaje de Teherán a Melbourne por un par de años, hasta la hora de la partida. En medio del tránsito en que deben desalojar el departamento en que viven, quedan al cuidado de un bebé pequeño por un inconveniente de la niñera de un vecino que promete volver a buscarlo a la brevedad.
Un suceso trágico en relación con la criatura que tienen a su cuidado y solo duerme y a la que se preocupan en no despertar, cambia de plano toda la situación para dar paso a una angustiante alternativa de sucesos, donde la tensión se incrementa minuto a minuto, con personajes que entran y salen desconociendo lo que sucede, a diferencia de la pareja, que oculta y calla en una procesión interna imposible de soportar.
Si las películas de competencia internacional resultaron consistentes, fue también magistral la apertura con el “Pasolini” de Abel Ferrara, interpretado por gran Willem Dafoe y que cuenta los últimos días en la vida del autor de “Teorema”, los que van entre el estreno italiano de “Saló o los 120 de Sodoma” y los planes para un nuevo filme, hasta su asesinato, aun no esclarecido y debido a causas políticas o sexuales, o ambas, ya que, como dice Pasolini en la película, “todo es político”.
Ferrara toma al gran intelectual y cineasta italiano, desde que vuelve de un viaje a Estocolmo por la presentación de un libro de poesías hasta su asesinato, en un rush de una noche final que lo tiene todo y que engarza con calidad de orfebre. “Pasolini” es una suerte de “Last Days” (de Gus van Sant sobre los últimos días de Kurt Cobian) pero maldita, violenta y, también, mucho más política, en la convulsionada Italia de 1975 a la que el realizador de “Accatone” no deja de poner en jaque, motivo por el cual es agredido y amenazado.