Después de varios días sin sol, el cielo se despejó y la luna llena salió para iluminar el TeatroMitre en un encuentro inolvidable que reunió a célebres refugios de esa canción que nos acerca a nuestras raíces.
El canto de Joaquín López conmueve, abraza, arrasa
Dos grandes referentes del canto popular que se dedican a resguardar nuestro folklore, Ángela Irene y Mario Díaz, llegaron a Jujuy para acompañar a Joaquín López, en la presentación de “Obraje del Tiempo”, su disco debut editado por Sony Music, del cual participaron músicos de gran trayectoria como Juan Falú y Juan Carlos Cambas. Se trata de un trabajo intenso, fruto de un largo camino recorrido desde el respeto a la música y a la poesía. Sus canciones cuentan historias que nos espejan y nos muestran las variadas geografías y costumbres que pintan la riqueza cultural de nuestro país.
Comienza la función. A medida que el sonidista ajusta el ecualizador, nos vamos dejando llevar por el piano de Mariano Fernández, la guitarra de Leonel Vargas, el charango de Miguel Vilca, la percusión de Mario Gusso, el contrabajo de Jonatan Schenone y el violín de Joaquín Díaz, que acompañan aun cantor sensible, que nos envuelve con su voz y su naturalidad llena de encanto. Canciones con un mensaje profundo y necesario. Canciones que reflejan en cuerpo y alma a su intérprete, que canta sin moldes, a su manera, siempre distinto, siempre personal, como lo expresa en “La Oncena”, esa chacarera que escribiera Eduardo Lagos.
“La Flecha”, de Atahualpa Yupanqui, en una original versión con aire de landó, nos atraviesa el corazón con sus ansias de quemarse con la vida y jugarse por ella a costa de lo que sea, en una búsqueda incansable por alcanzar la luz y el sol aparece de lleno, alumbrando de una manera muy especial a “La Enredadera y el Ceibo”, en una historia de amores desencontrados en el tiempo, que deja al público casi sin aliento. Con marcha lenta un “Río de Camalotes” nos empuja por un paseo de bagualas y zambas hacia la magia selvática del ramal, donde un bailarín se hace presente como un duende bailando casi sin tocar el suelo, mientras el canto hondo y sentido de Joaquín y de Ángela Irene ilustra la sufrida vida y costumbres ancestrales de los chaguancos zafreros en los lotes del ingenio, tan poéticamente retratadas por Raúl Galán y por Marcelo “Pichón” Córdoba.
La dulzura nos despierta con ganas de acunar a un “Niño dormido en la plaza”, tema de Mario Díaz que nos estremece con su honda mansedumbre poética y se nos anuda la garganta con la desesperada esperanza de “Mi Fuerza”, de Sara Mamaní.
“Elvira”, una historia escrita por Fabián Kindgard, que, en una interpretación con mucho carácter y aire de tango, deja bien marcadas las diferencias entre el Norte y la Capital. Llama la atención que el tango suene tan bien en la voz de un jujeño.
La emoción es el marco que domina la escena y la historia personal se hace presente “En la flor del Maíz”, una zamba que apareció en un momento muy especial de la vida del cantor y que nos hace pensar en la existencia de razones ocultas de ciertos encuentros que creemos casuales. Compuesta por Aníbal Albornoz Ávila y Raúl Carnota esta obra inédita está viva gracias a que Raúl Carnota se la obsequió a Joaquín un tiempo antes de su muerte.
El final se acerca. Joaquín toma su guitarra y le da palabra a su historia más familiar, mostrando su profundo sentir como “Cantor de oficio”, letra que se engarza con la primera canción de esa noche, “Obraje del tiempo”, cuyo tema íntimo y personal, fiel retrato de su autor, es el reflejo de sus búsquedas, de sus sueños que empiezan a concretarse en un camino de cielo y sal que va construyendo de a poco integrando el pasado con el presente y con un futuro que se revela promisorio.
Para Jujuy, un verdadero orgullo.
Verónica Steiner