El Mercado 6 de Agosto forma parte de la vida cotidiana de San Salvador de Jujuy desde hace más de un siglo. Pero detrás del edificio que hoy conocemos existe una historia de transformaciones, puesteros, familias y vínculos que permite conocer también cómo era la sociedad jujeña de aquellos años.
- Todo Jujuy >
- Jujuy >
Cómo era el Mercado 6 de Agosto en 1870 y qué historias escondía entre sus puestos
La historiadora Luciana Llapur reconstruyó los orígenes del tradicional mercado jujeño y la vida cotidiana de quienes trabajaban allí.
La historiadora Luciana Llapur, profesora y licenciada en Historia, dialogó con TodoJujuy sobre la investigación realizada alrededor de los mercados municipales y, particularmente, sobre los orígenes y las transformaciones del 6 de Agosto.
Llapur participó como autora del libro Abasto, circulación y consumo. Los mercados municipales de Jujuy entre la Historia y la Antropología (siglos XVI-XXI), un trabajo colectivo e interdisciplinario que reunió a investigadores, becarios y estudiantes.
Cómo era el Mercado 6 de Agosto en sus primeros años
La historia del mercado se remonta a mediados del siglo XIX. Para la década de 1870 ya funcionaba un espacio cerrado que concentraba a vendedores que anteriormente desarrollaban sus actividades bajo una lógica de mercado a cielo abierto.
Según explicó Llapur, aquel mercado era muy diferente al actual: se trataba de una construcción sencilla, principalmente de madera, ubicada en el mismo sector de la ciudad en el que se encuentra hoy.
El paso hacia un mercado cerrado no respondía únicamente a la necesidad de reunir a vendedores y compradores en un mismo lugar. También estaba relacionado con las ideas de organización urbana, higiene y control que comenzaban a imponerse. “No estaba solo la idea de llevar a todos los vendedores ahí por comodidad, sino que tenía una idea también de control social”, explicó la historiadora.
Se buscaba evitar la dispersión de vendedores por las calles y organizar la actividad bajo determinados parámetros de orden.
Con el crecimiento de San Salvador de Jujuy, aquella primera infraestructura comenzó a resultar insuficiente y atravesó diferentes refacciones. Décadas después se avanzó con una nueva estructura hasta llegar, en la década de 1930, al edificio que dio forma al mercado que los jujeños reconocen actualmente.
Las historias detrás de los puestos
Sin embargo, la investigación no se concentró solamente en las transformaciones arquitectónicas. Uno de sus principales objetivos fue reconstruir quiénes estaban detrás de los puestos y cómo era la vida cotidiana dentro del mercado. Para Llapur, estudiar esos vínculos permite mirar al mercado desde otra perspectiva. “El mercado es como una especie de micromundo de lo que es la sociedad. Es como un espejo de lo que consume una sociedad, de lo que cree una sociedad”, señaló.
Entre los documentos analizados aparecen conversaciones, relaciones, conflictos y situaciones cotidianas protagonizadas por los puesteros y puesteras.
Una de las historias que más llamó la atención de la investigadora fue la de una mujer que trabajaba como puestera y murió dejando hijos pequeños. Según relató, otro trabajador del mercado pidió hacerse cargo de los niños. Para Llapur, aquel episodio permite dimensionar los vínculos que se generaban entre quienes pasaban gran parte de sus días trabajando juntos. “Uno dice: mirá lo que son las redes de solidaridad que hay entre ellos, porque convivían todo el día o gran parte del día”, explicó.
Pero la documentación también permite conocer situaciones mucho más cotidianas: desde discusiones entre trabajadores hasta reclamos porque un puesto había sido limpiado y otro no. “Entonces ves el día a día, la cotidianidad del mercado de 1870 que seguramente hoy también está en Jujuy”, sostuvo.
Un mercado atravesado por generaciones de familias
Otra característica que sobrevivió al paso del tiempo es el vínculo familiar con los puestos. Llapur destacó que muchos fueron pasando de generación en generación, convirtiendo al mercado en un espacio donde las historias comerciales se mezclan con las familiares. “Muchos de esos puestos pasan de familia a familia. Entonces hay una historia también familiar, más que social”, explicó.
Ese componente ayuda a entender por qué, más de un siglo después, el Mercado 6 de Agosto continúa teniendo un significado que excede la compra y venta de productos.
Para la historiadora, recorrer un mercado permite observar en pequeña escala las costumbres y particularidades de una comunidad: qué productos consume, qué comidas prepara, cómo se relaciona y qué tradiciones conserva.
Desde aquella estructura del siglo XIX hasta el mercado actual, cambiaron el edificio y las formas de comercialización. Sin embargo, la investigación muestra que detrás de sus puestos continúa existiendo aquello que Llapur identifica como uno de sus elementos centrales: un espacio de encuentro, memoria e identidad para Jujuy.