Los obispos argentinos, entre ellos el de Jujuy César Fernández, expresaron su reconocimiento hacia el legado del Papa Francisco. Lo hicieron con una declaración durante la 126ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, encuentro que preside el arzobispo de Mendoza, Marcelo Colombo
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Con César Fernández, los obispos argentinos homenajearon al papa Francisco
Durante la Conferencia Episcopal con César Fernández presente, se elaboró una declaración sobre Jorge Bergoglio, el papa Francisco.
Los prelados homenajearon a Jorge Bergoglio sobre su vida y el impacto que tuvo en la Iglesia y en la sociedad, resaltando su labor por la misericordia, la fraternidad y la unidad, y lo recordaron como pastor cercano al pueblo, destacando su vida y descubriéndose como “un pecador perdonado por Jesús”.
Los obispos citaron al Papa: “Cuidémonos los unos a los otros, cuídense entre ustedes, no se hagan daño, cuiden la vida, la familia, la naturaleza, a los niños y a los viejos”, y resaltaron la frase “nadie se salva solo”, que fue un llamado a cuidar a los más vulnerables y a construir puentes en una sociedad marcada por inequidades y conflictos.
Los obispos y la iglesia actual
También reconocieron las figuras de los beatos y santos argentinos canonizados durante su pontificado, tales como el Cura Brochero, Mama Antula y Mamerto Esquiú, entre otros, quienes, según expresaron, “representan lo mejor de los valores del país”.
También cuestionaron a la Iglesia local, al admitir haber caído en “discusiones estériles” que obstaculizaron la implementación de las enseñanzas del pontífice, aunque evitaron mencionar la no visita del Papa Francisco a Argentina.
Los obispos destacaron que en muchos aspectos su presencia fue sentida de manera cercana, e interpretaron que su “último viaje” fue simbólicamente hacia su tierra natal, dejando a los argentinos una misión renovada de continuar con su obra.
César Fernández y el papa Francisco
Tras la muerte del Sumo Pontífice, el obispo destacó que “no se tomó un día de vacaciones. No solo ahora, sino antes también. Si tenía un tiempo libre, se ponía a trabajar, a hacer cosas, a preparar discursos, lo que tuviera que hacer. Su vida fue la misión. Cuerpo y alma, las 24 horas”.
Recordó que una vez le preguntó si se quedaría siempre en el Vaticano. “Si me quedo allá, me muero, me dijo. Él no se imaginaba allá porque no sentía que era para él responder a mucho formalismo, a mucha estructura que poco a poco fue cambiando y haciéndola más humana, más sencilla, más simple”.