La historia de Jorge es conmovedora. Postrado y acompañado por sus fieles amigos, la esperanza no la pierde, a pesar que esa ilusión por tener su propio lugar está más lejos que nunca. Las promesas no se cumplen y Pablo, su enfermero y amigo, no puede evitar la desazón: “ya estoy cansado, sigo solo por él, no tengo palabras”, dijo angustiado.
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Falsas promesas
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Las preguntas diarias sobre el techo propio, generan en Pablo impotencia y bronca por los que dijeron tener “la llave” y no la acercan: “el me pregunta pero ya no se qué contestarle. La gente común si nos ayudó. Desde el Ministerio mandaron una cama y unas personas le compraron sillas de ruedas. La gente común es quien más hizo”, dijo Pablo.
“Pero los funcionarios no se acercaron – lamentó y dejó una frase que golpea- así hubiese preferido seguir solo, ante tantas promesas. El dolor por mi amigo es grande. Yo trabajó para la salud de él. Esto no es vida. Me sostiene el corazón y nuestra amistad”, enfatizó.
A pesar de tanta espera que desespera, Jorge sigue aferrado a su ilusión: “me pone mal que Pablo esté mal”, dijo y completó “está triste, le pregunto mucho por mi casa. A los que me prometieron, que no se olviden, ellos saben lo que me dijeron. Quiero mi lote, nada más que eso”, pidió.
A pesar de tantas desventuras, su esperanza sigue firme: “no tengo bronca, estoy entero para seguir peleando, quiero estar bien, no caerme. Por Pablo quiero ser fuerte”, aseveró y dejó un mensaje para quienes pueden cambiar su vida con una simple decisión: “les digo que se pongan en mi lugar, vean como vivo. Ellos pueden”, concluyó.