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17 de julio de 2023 - 18:09 Salud.

La ciencia habló de las ventajas del bostezo y derriba mitos

A lo largo de la historia, el bostezo ha sido considerado como una señal de fatiga y aburrimiento, por lo cual se ha recomendado evitar hacerlo en público.

La comunidad científica ha comenzado a cuestionar en los últimos años la idea de que el bostezo siempre refleja inequívocamente cansancio y aburrimiento, y que por ende debe ser evitado en público. Sin embargo, esta percepción negativa está empezando a desmoronarse gracias a investigaciones en neurociencia y otras disciplinas. De hecho, hay quienes van más allá al identificar el bostezo como una práctica deseable, que se puede entrenar y que conlleva múltiples beneficios en términos de bienestar.

“Históricamente el bostezo nunca tuvo buena aceptación; es más, todo lo relacionado con mostrar sensaciones con el cuerpo siempre tendió a censurarse”, detalla Ignacio Monti, un especialista en bienestar que reside en Bariloche y trabaja puntualmente con temas posturales.

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Monti expresó que históricamente, incluso la vestimenta ha sido diseñada para ocultar estas manifestaciones. Sin embargo, en la actualidad sabemos que más de 100 especies de mamíferos, e incluso un feto humano de 12 semanas, realizan bostezos.

Además, señaló que se ha descubierto que el bostezo conlleva múltiples beneficios: proporciona oxígeno al cerebro y lo pone en un estado de alerta, desencadena una respuesta fisiológica que ayuda a contrarrestar los efectos perjudiciales del estrés, y al estirarnos, todo nuestro cuerpo se activa, liberando las tensiones acumuladas.

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Monti, tras completar sus estudios en ingeniería, atravesó una crisis de estrés y malestar que lo llevó a explorar diversas terapias convencionales. Sin embargo, llegó a comprender que el problema no solo residía en la mente, sino que también era necesario prestar atención a un cuerpo que, en la vida diaria, suele permanecer inmóvil y silenciado.

Decidió cambiar de empleo, emprender una nueva formación y trabajó durante años como terapeuta físico en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Durante la pandemia, se trasladó junto a su familia de Buenos Aires a Bariloche y en la actualidad cuenta con pacientes de todo el mundo a quienes instruye en su enfoque denominado TPH (Terapia Postural Holística). Uno de sus consejos más enfáticos es el de "redescubrir el acto de bostezar".

Una de las enseñanzas que la ciencia contemporánea nos brinda acerca de este gesto profundamente humano es que existe una conexión inversa entre el bostezo y nuestra edad: a medida que envejecemos, nos adiestramos para contenerlo, lo que resulta en que los adultos bostezan con menos frecuencia que los niños y adolescentes (como Sasha Obama). Es por ello que Monti destaca la importancia de redescubrirlo. Incluso parte de la "Revolución Senior" puede llevarse a cabo mediante el acto de bostezar.

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Gracias a los descubrimientos de las neurociencias, en la actualidad se comprende que el proceso del bostezo se origina en la región más "primitiva" y fundamental del cerebro (de manera involuntaria: resulta sumamente difícil bostezar a voluntad), y se estima que hace aproximadamente 400 millones de años ya existían peces que realizaban esta acción. Es por esta razón que numerosos investigadores lo consideran un vestigio conductual del pasado, un "fósil del comportamiento".

Dentro de la comunidad científica pionera en estas investigaciones se encuentran la investigadora holandesa Johanna de Vries (quien descubrió que los bebés comienzan a bostezar en el primer trimestre de gestación) y Robert Previne, un neurocientífico y autor reconocido por su trabajo en divulgación de "comportamientos singulares".

Ambos subrayan que el bostezo no está necesariamente relacionado con el cansancio y que es extremadamente contagioso. Se ha observado que los animales también se contagian de bostezos, y este efecto parece ser más pronunciado cuando existe un vínculo estrecho (ya sea de parentesco o amistad) con el individuo a imitar.

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Incluso en el año 400 a.C., Hipócrates planteó la especulación de que el bostezo estaba relacionado con la fiebre (actualmente sabemos que esto no es cierto). Durante sus viajes y observaciones, el naturalista Charles Darwin, en escritos de 1838, resaltó la contagiosidad del bostezo en diversas especies animales que estudió.

Además, en el siglo pasado, en la década de 1920, el neurólogo británico Sir Francis Walshe hizo un descubrimiento interesante: notó que sus pacientes con parálisis en una parte de su cuerpo podían recuperar momentáneamente la sensibilidad en la zona afectada durante un bostezo. Esto demostró que el bostezo no era una conducta tan negativa y reprobable, después de todo.

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Incluso el simple hecho de leer o escuchar sobre este tema aumenta las probabilidades de experimentar un bostezo. Es muy probable que, de manera inconsciente, usted bostece en los próximos treinta minutos si ha llegado hasta aquí en este artículo. Sin embargo, en vista de los recientes hallazgos científicos, esto no resultará perjudicial en absoluto. De hecho, podría ser beneficioso.

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