En palabras de la reconocida psicóloga Pilar Sordo, existe una lamentable tendencia a utilizar definiciones complejas y un lenguaje difícil de entender, como si esto demostrara una superioridad intelectual sobre los demás. No obstante, a diferencia de las percepciones sociales que vinculan a las personas inteligentes con seriedad y rigidez, mientras que a las personas positivas se las asocia con cierta informalidad o inmadurez, la experta contradice estas creencias y sostiene: "El sentido del humor es un signo de sabiduría".
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La inteligencia suele estar en personas que se ríen
En una conferencia dentro del ciclo Aprendemos Juntos 2030, un proyecto de la plataforma del BBVA con contenidos inspiradores, la experta explora el poder del humor y desmonta las creencias populares que sugieren que una persona que ríe con frecuencia y tiene una perspectiva positiva de la vida carece de inteligencia o capacidad suficiente. Además, resalta que estas percepciones están influenciadas por prejuicios culturales, falta de conocimiento y estigmas sociales que se arraigan durante el crecimiento.
Para Pilar Sordo, la sociedad parece penalizar a aquellos que poseen un sentido del humor, una actitud risueña y una manera más despreocupada de vivir la vida. Según la psicóloga, ver a otros felices suele perturbar a algunos, y en situaciones como estar en un restaurante, si alguien tiene una risa que se considera poco convencional o inapropiada, las personas tienden a mirar hacia esa dirección no para entender el motivo de la risa, sino para juzgar y condenar la conducta como si fuera algo indeseable.
En resumen, para Pilar Sordo, la risa del otro puede resultarnos incómoda y esto nos lleva a actuar de manera negativa hacia ella.
De acuerdo a lo expuesto por la especialista, “reconocer que nos da rabia ver gente contenta es una realidad”. Y ello tiene lugar a raíz de la “sobre intelectualización”, es decir, “con suponer que si una persona tiene el ceño bien fruncido y marcado es estudiosa, si es malhumorada, se la relaciona con que lee mucho y que su bagaje cultural está determinado por su cara contracturada”. Pero esto está lejos de ser una verdad y no condice realmente con cómo es una persona.
Según Pilar Sordo, la capacidad de reírse está relacionada con la inteligencia, ya que aquellos que poseen esta habilidad tienden a vivir y trabajar desde un enfoque humorístico, lo que implica un conocimiento propio y una actitud de autogracia. Al reírse de sí mismos y de la vida, se generan conductas asociadas con la gratitud y el aprecio por la existencia. Para la psicóloga, esta forma de abordar la vida muestra una sabiduría interior que abunda en quienes son capaces de disfrutar del humor en su día a día.
En relación a este tema, la experta hace gala de su experiencia y relata cómo a lo largo de su juventud y posteriormente en su carrera profesional, ha enfrentado críticas y momentos difíciles donde ha sido menospreciada debido a su forma de ser. Recuerda que hubo una época en la que no la tomaban con seriedad debido a su personalidad extrovertida, alegre y optimista.
La especialista enfatizó que en nuestra cultura existe una idea errónea que valora lo complicado y lo serio como intelectualmente valioso, pero esto se debe a nuestros prejuicios y falta de conocimiento profundo, añadió Sordo.
Como conclusión, destaca el poder inmenso del humor y alienta a las personas a deshacerse de la idea equivocada de que aquellos que se ríen mucho o tienen un sentido del humor son seres "superficiales". Por el contrario, señala que el humor conlleva comportamientos relacionados con la gratitud, el aprecio del momento y la capacidad de sorprenderse ante los detalles más pequeños. A veces, esta actitud humorística muestra una gran sabiduría, incluso más que la seriedad, la tensión y la complicación excesiva de las situaciones.