En la semana que acaba de concluir se conocieron los primeros datos que, cinco meses después de la asunción de Abe, certifican la existencia de un impulso económico y financiero sustentado en el programa de estímulos monetarios y fiscales del nuevo Gobierno.
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El plan de expansión monetaria disparó el crecimiento en Japón
Las cifras oficiales dadas a conocer el jueves muestran que el Producto Bruto Interno (PBI) japonés avanzó un 0,9% en el primer trimestre del año con relación al último trimestre de 2012, lo que representa una tasa interanual de crecimiento del 3,5%.
También un 0,9% fue el aumento del consumo privado en el mismo período, en tanto las exportaciones se incrementaron un 3,9%, bien por encima de la caída del 2,9% registrada en el trimestre final de 2012, y superior asimismo al crecimiento del 1% que tuvieron las importaciones.
El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio, por su parte, ha reflejado como pocos indicadores lo han hecho la nueva realidad que comienza a conformarse en la economía y las finanzas niponas.
Si se toma el máximo alcanzado por los valores bursátiles en 1990, antes del estallido de la burbuja inmobiliaria y accionaria japonesa, el mercado de Tokio cayó un 75%, mientras que en sólo en los últimos seis meses el Nikkei dio un salto adelante del 70%.
En la base de todo esto se encuentra el plan de expansión monetaria diseñado por el equipo económico de Abe y, en particular, por el presidente del Banco de Japón (banco central), Haruhiko Kuroda.
Sus objetivos son duplicar la base monetaria en dos años, fijando una meta de inflación de 2% anual, una estrategia tendiente a dejar atrás la deflación en la que vive Japón desde hace más de dos décadas.
Esta política persigue, además, el doble objetivo de dinamizar el consumo interno y devaluar el yen, algo que el Gobierno no admite abiertamente pero que se percibe claramente en la depreciación del 30% que ha sufrido esta moneda que ha caído, entre septiembre paado y esta semana, de 77 a 101,8 yenes por dólar.
El impulso exportador y el mayor equilibrio de la balanza comercial tienen su explicación en esta pérdida de valor del yen, así como en la mejora del clima de expectativas económicas generadas por el primer ministro cuya popularidad roza hoy el 70%.
Paralelamente, el Gobierno lleva adelante un programa de estímulos fiscales anunciado en enero pasado y que totaliza 100.000 millones de dólares.
Con una deuda pública de casi un 200% del PBI, salarios que no repuntan, una capacidad instalada excedente y una deflación aún presente (en marzo, el IPC cayó un 0,9), la economía japonesa dista mucho todavía de una recuperación real y sostenida.
El objetivo de alcanzar, por medios parecidos, la reactivación económica parcial que vive Estados Unidos, no asegura, en el caso de Japón, resultados similares, ya que debe enfrentar no sólo un desequilibrio fiscal muy elevado sino también una fuga inversiones corporativas hacia las mejoras condiciones salariales que ofrecen los países de la región.