La comunidad científica enfrenta un acontecimiento sin precedentes: una misión de rescate espacial basada en tecnología robótica buscará evitar la reentrada atmosférica del telescopio espacial Neil Gehrels Swift Observatory. La NASA dio luz verde al envío de una nave diseñada por la startup Katalyst Space Technologies.
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La NASA prepara una inédita misión para evitar la caída del telescopio Swift
Una nave despegará en los próximos días en un rescate inédito. El observatorio, con 22 años en órbita, podría reingresar a la atmósfera antes de fines de 2026.
El objetivo será interceptar el observatorio y elevar su órbita, evitando así su caída. Este instrumento, que lleva más de veinte años en funcionamiento, ha sido clave para ampliar el conocimiento sobre algunos de los fenómenos más extremos del universo.
Crisis orbital y respuesta de emergencia de la NASA
El satélite Swift, puesto en órbita en 2004 y reconocido por la detección de estallidos de rayos gamma y otros fenómenos de altísima energía en el cosmos, atraviesa ahora una situación crítica: el desgaste acelerado de su trayectoria orbital.
De acuerdo con las previsiones de la NASA, el telescopio podía mantenerse operativo hasta alrededor de 2030, pero la reciente intensificación de la actividad solar provocó la expansión de las capas más altas de la atmósfera terrestre, generando una mayor fricción. Como consecuencia, el satélite fue perdiendo altitud más rápidamente de lo estimado. En menos de dos décadas, Swift pasó de orbitar a unos 600 kilómetros a descender hasta aproximadamente 370 kilómetros de la superficie terrestre, comprometiendo su estabilidad y obligando a activar un plan de intervención urgente.
En septiembre de 2025, la agencia espacial de Estados Unidos otorgó un contrato de 30 millones de dólares a la empresa Katalyst Space Technologies con el objetivo de desarrollar, en un plazo extremadamente breve, una nave robótica destinada a elevar la órbita del telescopio Swift.
LINK: la nave que buscará salvar al telescopio Swift
Siete meses más tarde, la nave denominada LINK —con un peso cercano a los 400 kilogramos y dimensiones comparables a las de una heladera— se encuentra en la etapa final de preparación para el despegue desde el atolón de Kwajalein, ubicado en el océano Pacífico, transportada por un cohete Pegasus XL. La rapidez del desarrollo tecnológico y la coordinación logística de esta misión representa un hecho sin antecedentes en la trayectoria reciente de la NASA.
La misión tiene como objetivo llevar a cabo una operación inédita en un satélite científico en funcionamiento. La nave LINK deberá identificar y alcanzar a Swift en el espacio, realizar una inspección visual para descartar posibles daños provocados por residuos orbitales o micrometeoritos y, posteriormente, capturarlo mediante un sistema de tres brazos robóticos.
A lo largo de aproximadamente seis semanas, utilizará sus propios sistemas de propulsión para incrementar de forma progresiva la altitud del observatorio hasta llevarlo nuevamente a una órbita de 600 kilómetros, donde será liberado para que continúe con su actividad científica.
Desde el equipo de ingeniería admiten que se trata de una maniobra de elevado riesgo, ya que Swift no fue concebido para operaciones de acoplamiento ni intervenciones en el espacio, y la exactitud requerida para el procedimiento demanda cálculos extremadamente precisos.
El alcance de la operación va mucho más allá del caso Swift. La NASA busca demostrar que es viable extender la vida operativa de satélites y telescopios mediante servicios robóticos de mantenimiento, recarga o reimpulso orbital. “Se abren múltiples oportunidades nuevas, tanto en el ámbito científico como en el comercial”, señaló Brad Cenko, investigador principal de la misión Swift.
Un eventual éxito de LINK podría establecer un precedente para futuras intervenciones en otros observatorios de gran relevancia, como el Telescopio Espacial Hubble, que también presenta signos de degradación orbital y enfrenta el riesgo de una reentrada descontrolada.
Una maniobra inédita de alta complejidad técnica en el espacio
En paralelo, mientras se espera el despegue de LINK, la NASA puso en marcha medidas de contingencia para frenar la caída progresiva de Swift. En febrero de 2026 se interrumpieron de forma temporal las actividades científicas y se modificó la orientación del telescopio con el fin de disminuir la fricción atmosférica, lo que permitió ahorrar combustible y extender el margen de tiempo disponible para la misión de rescate.
“Ya la echamos mucho de menos”, admitió Daniel Perley, astrónomo de la Universidad John Moores de Liverpool, especializado en el estudio de fenómenos cósmicos transitorios y explosiones de alta energía en el universo. “Es una verdadera lástima no contar con ella allí”, añadió en declaraciones a la revista Nature.
La comunidad astronómica internacional observa con atención cada avance de esta operación. El telescopio Swift hizo posible analizar en tiempo real los estallidos de rayos gamma, eventos capaces de liberar en apenas segundos más energía que la que emite el Sol a lo largo de toda su vida.
Su sistema de “detección de estallidos” monitorea aproximadamente una sexta parte del cielo y tiene la capacidad de girar sus instrumentos en menos de dos minutos ante cualquier indicio de explosión, una característica única en la historia de la astronomía espacial.
Esta capacidad de reacción veloz convirtió a Swift en un instrumento fundamental para identificar supernovas, colisiones entre estrellas de neutrones y fenómenos asociados a la emisión de ondas gravitacionales.
“No existe otro telescopio espacial que tenga la flexibilidad para observar objetivos con la cadencia y el tiempo de respuesta que tenía Swift”, sostuvo Perley. Además, el observatorio desempeñó un papel esencial en la coordinación de observaciones entre instrumentos ubicados en la Tierra y en el espacio, lo que contribuyó de manera decisiva a profundizar el conocimiento sobre los procesos más breves y energéticamente intensos del cosmos.
Swift, un observatorio clave para la astronomía moderna
A lo largo de sus más de dos décadas en órbita, Swift fue responsable de aportes decisivos para la astronomía moderna. Permitió confirmar que los estallidos de rayos gamma de larga duración se originan en la explosión final de estrellas masivas, mientras que los de corta duración provienen de la colisión y fusión de estrellas de neutrones. Asimismo, en 2022 formó parte de la detección de la ráfaga de rayos gamma más intensa jamás observada, denominada BOAT, considerada la más luminosa registrada hasta el momento.
La misión de rescate de Swift marca un punto de inflexión en el futuro de la exploración espacial. Hasta ahora, la práctica habitual era dar por perdidos los satélites y telescopios cuando agotaban su combustible o descendían de órbita. La aparición de tecnologías como LINK abre la puerta a la reparación, recarga o incluso modernización de observatorios aún activos, lo que podría significar un ahorro de miles de millones de dólares y una aceleración significativa del progreso científico.
“Aunque no lo consigan —y hay muchas cosas que pueden salir mal—, los plazos acelerados y el hecho de que gran parte de la toma de decisiones se vaya a realizar en órbita suena a algo increíblemente genial”, expresó Angadh Nanjangud, ingeniero aeroespacial de la Universidad Queen Mary de Londres.
Por su parte, la NASA difundió nuevas estimaciones de trayectoria para definir el instante más seguro del encuentro entre LINK y Swift, con el fin de reducir al mínimo los riesgos de la maniobra. Si esta operación llega a buen puerto, los expertos consideran que podría representar un cambio profundo en la forma en que se administra y preserva el patrimonio científico en el espacio, dada su elevada complejidad tecnológica.
Un precedente que podría cambiar el futuro de las misiones espaciales
El caso del Swift podría convertirse en un antecedente clave para la administración de futuros activos en el espacio. El Telescopio Espacial Hubble —que en el pasado fue varias veces impulsado mediante misiones del transbordador espacial— ha iniciado un descenso progresivo hacia las capas superiores de la atmósfera terrestre y, según las proyecciones, podría necesitar una operación de asistencia similar durante la próxima década.
“Sé que el equipo del Hubble está siguiendo el proyecto muy de cerca”, señaló Cenko. La posibilidad de que vehículos robóticos se encarguen de tareas de recuperación y mantenimiento en órbita abriría la puerta a una nueva etapa de sustentabilidad y optimización en el uso de plataformas científicas espaciales.
Las expectativas dentro de la comunidad astronómica son elevadas. El propio Daniel Perley resumió ese sentimiento generalizado entre los científicos al señalar: “Toda la comunidad científica desea fervientemente que esto funcione”.
La misión de recuperación de Swift no apunta únicamente a conservar las funciones de un instrumento excepcional, sino también a habilitar el desarrollo de una nueva generación de servicios en órbita, orientados a prolongar la vida útil y mejorar el aprovechamiento de las inversiones en tecnología espacial. Para quienes investigan el universo a partir de sus fenómenos más breves e intensos, se trata de un esfuerzo que “vale la pena intentarlo”.