La tensión diplomática entre Argentina e Irán se profundizó en las últimas horas con una medida de alto impacto: la administración de Javier Milei declaró “persona non grata” al encargado de negocios de la embajada iraní en Buenos Aires y le dio 48 horas para dejar el país.
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Argentina ordenó la salida del diplomático de Irán tras tensiones con Teherán
La Cancillería declaró “persona non grata” a Mohsen Soltani Tehrani y le dio 48 horas para abandonar el país tras la tensión con Teherán.
La decisión fue comunicada oficialmente por la Cancillería mediante un mensaje difundido por el canciller Pablo Quirno, luego replicado por el propio Presidente, donde se detalla que Mohsen Soltani Tehrani, consejero y encargado de negocios interino de Irán, deberá retirarse del territorio argentino dentro del plazo establecido.
Medida sin precedentes en la relación bilateral
El comunicado aclara que la medida se toma “de conformidad con el artículo 9 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961”, normativa que habilita a un país a retirar la acreditación a un diplomático extranjero sin necesidad de fundamentaciones adicionales.
La resolución surge como una reacción inmediata al pronunciamiento emitido el día previo por la Cancillería iraní, que elevó significativamente el nivel de conflicto entre ambas naciones.
En ese escrito, el régimen iraní expresó su "condena enérgicamente la acción ilegal e injustificada del gobierno argentino" y definió la inclusión de la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas como “una ofensa imperdonable al pueblo iraní”.
Asimismo, el comunicado puso en duda la validez de la decisión al señalar que “contraviene normas básicas del derecho internacional” y la describió como “un desacierto estratégico”. Incluso fue más allá al advertir que esa determinación podría derivar en responsabilidades internacionales para la Argentina.
Irán cuestiona la decisión y eleva el tono del conflicto
En su exposición, Teherán vinculó la medida a presiones externas. Sostuvo que fue tomada “bajo la influencia del régimen sionista ocupante y de Estados Unidos” y la enmarcó en un contexto de “agresión militar” de esas potencias contra Irán, en alusión a la actual situación en Medio Oriente.
El mensaje también incorporó una fuerte definición política sobre el Gobierno argentino, al afirmar que el presidente y el canciller “se han colocado como cómplices de los crímenes cometidos y del lado equivocado de la historia”, elevando aún más el tono del enfrentamiento.
Ante ese escenario, la Cancillería argentina respondió con un comunicado que, además de formalizar la expulsión, deja sentada una postura más amplia tanto en lo político como en lo jurídico.
El texto oficial indica que la medida se tomó “constituyen una inaceptable injerencia en los asuntos internos de nuestro país y una tergiversación deliberada de decisiones adoptadas conforme al derecho internacional y al ordenamiento jurídico nacional”.
Además, remarca un eje clave de la postura del Gobierno: esas expresiones representan una injerencia inadmisible en los asuntos internos del país y una distorsión intencional de decisiones adoptadas en el marco del derecho internacional y la legislación vigente.
Por último, el comunicado vincula este episodio con un conflicto de larga data, al señalar que la situación “se suma a la persistente negativa de la República Islámica de Irán a cooperar con la Justicia argentina en la investigación del atentado contra la AMIA”.
Postura firme de la Argentina ante incumplimientos y agravios
La Cancillería profundiza su postura al señalar que Irán sostiene un incumplimiento reiterado de los pedidos internacionales de detención y extradición, en alusión a las órdenes de captura que alcanzan a exfuncionarios del régimen por su presunta implicancia en los atentados de la década del 90.
Además, el comunicado suma otro punto de preocupación al destacar que “resulta particularmente grave la designación en cargos de alta responsabilidad del Cuerpo de Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) de personas requeridas por la Justicia argentina”.
El tramo final del comunicado ratifica la postura política del Gobierno: “La República Argentina no tolerará agravios ni injerencias de un Estado que ha incumplido de manera sistemática sus obligaciones internacionales y que persiste en obstaculizar el avance de la justicia”.
Luego, cierra con una definición que resume la línea oficial: La República Argentina reafirma su compromiso inquebrantable con la memoria, la justicia y la lucha contra el terrorismo, así como con el pleno respeto del derecho internacional”.
La sucesión de acontecimientos evidencia una escalada en apenas dos días. En primer lugar, la decisión argentina de incluir a la Guardia Revolucionaria como organización terrorista, apoyada en antecedentes judiciales relacionados con los atentados a la Embajada de Israel en 1992 y a la AMIA en 1994.
Después llegó la reacción de Irán, con un comunicado que incluyó críticas, señalamientos y advertencias en el plano diplomático. Como cierre de esa secuencia, la Argentina respondió con la expulsión del principal representante iraní en el país.
Al mismo tiempo, el escenario global suma un componente de mayor tensión. El conflicto se da en medio de la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra Irán, un contexto que influye en las posturas diplomáticas y en el que el Gobierno argentino optó por alinearse de forma explícita con Washington y Jerusalén.
En ese marco, la Guardia Revolucionaria —pieza clave dentro del sistema de poder iraní— queda en el centro de la disputa. Mientras Argentina la considera una organización vinculada al terrorismo internacional, el régimen iraní la presenta como garante de la seguridad nacional y una de las principales fuerzas en la lucha contra el terrorismo.
Escalada internacional y consolidación de la crisis diplomática
La distancia entre ambas posturas es absoluta. La salida forzada del encargado de negocios iraní termina de sellar un rápido deterioro en la relación bilateral, en un escenario donde el conflicto dejó de ser solo retórico para pasar también al plano diplomático y concreto.
En ese marco, tanto la reacción de Irán como la respuesta de la Argentina evidencian un endurecimiento de las posiciones que ya no se limita al vínculo entre ambos países, sino que se extiende al escenario geopolítico internacional.
La brecha entre ambas posiciones es total. La expulsión del representante iraní consolida un deterioro acelerado del vínculo bilateral, en un contexto donde la disputa dejó de ser solo discursiva para trasladarse al terreno diplomático y práctico.
En ese escenario, las respuestas de Irán y de la Argentina reflejan un endurecimiento de posturas que supera lo bilateral y se proyecta sobre el mapa geopolítico global.