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2 de octubre de 2026 - 15:16 Salud.

Síndrome de intestino irritable: el nuevo criterio que amplía el diagnóstico

Los criterios de Roma V modificaron la frecuencia requerida para el dolor abdominal e incorporaron el concepto de molestia entre los síntomas.

Las personas que padecen síndrome de intestino irritable (SII) pueden experimentar diferentes síntomas digestivos capaces de interferir en sus actividades cotidianas, entre ellos dolor o incomodidad en el abdomen, espasmos, distensión, acumulación de gases, episodios de diarrea, estreñimiento o períodos en los que ambas condiciones se alternan.

En este contexto, los criterios de Roma V, desarrollados por especialistas, incorporan una actualización para el diagnóstico de los trastornos relacionados con la interacción entre el intestino y el cerebro.

Los nuevos lineamientos establecen con mayor precisión qué síntomas deben considerarse, durante cuánto tiempo deben presentarse y con qué frecuencia, al tiempo que flexibilizan el requisito de recurrencia para contemplar de manera más adecuada los cuadros que se observan en la práctica clínica.

Los Criterios de Roma V fueron dados a conocer en 2026 a través de la revista Gastroenterology, mediante el trabajo “Disorders of Gut-Brain Interaction and the Rome V Process”. La publicación reúne el resultado de siete años de análisis de investigaciones y de acuerdos entre especialistas pertenecientes a la Fundación Roma, entidad internacional encargada de revisar y actualizar estas definiciones aproximadamente cada diez años.

Entre las afecciones digestivas de mayor presencia se encuentra el síndrome de intestino irritable (SII), un trastorno que suele manifestarse mediante dolor o malestar en la zona abdominal acompañado por modificaciones en el funcionamiento intestinal. De acuerdo con lo informado por expertos, la International Foundation for Gastrointestinal Disorders calcula que esta condición alcanza a alrededor del 10 % de la población mundial.

Las manifestaciones del síndrome de intestino irritable pueden presentarse de distintas maneras e incluir espasmos abdominales, inflamación, acumulación de gases y modificaciones tanto en la frecuencia como en la apariencia de las deposiciones. Entre ellas pueden darse episodios de diarrea, estreñimiento o períodos en los que ambas situaciones se suceden, con un impacto variable sobre la calidad de vida.

De acuerdo con Mayo Clinic, el dolor abdominal y la sensación de hinchazón pueden estar vinculados con el momento de evacuar. A estos síntomas se pueden sumar la percepción de no haber evacuado por completo y la presencia de mucosidad en las heces. Es una afección de carácter crónico que demanda un seguimiento y tratamiento continuos, aunque los cuadros más severos alcanzan solamente a una parte de quienes la padecen. La institución también aclara que el trastorno no provoca daños en los tejidos del intestino ni aumenta las probabilidades de desarrollar cáncer colorrectal.

Entre los principales cambios introducidos por Roma V se encuentra el reconocimiento nuevamente de la molestia abdominal dentro de los criterios diagnósticos. A partir de esta actualización, se establece que el dolor o malestar debe presentarse como mínimo tres días al mes durante un período de tres meses. De esta manera, se modifica la exigencia establecida anteriormente por Roma IV, cuyo umbral más elevado, según explicaron los autores, podía dejar fuera del diagnóstico a personas con síntomas de relevancia clínica.

El SII puede causar dolor, distensión y cambios en las evacuaciones

En el país, alrededor del 10% de los adultos reúne las condiciones asociadas al síndrome de intestino irritable, una de las afecciones más habituales dentro de los trastornos de la interacción entre el intestino y el cerebro. Por su frecuencia, además, representa uno de los motivos recurrentes de consulta en el ámbito de la gastroenterología.

Las manifestaciones pueden variar de una persona a otra e incluir dolor o espasmos abdominales relacionados con la evacuación, sensación de abdomen distendido, acumulación de gases y modificaciones en la frecuencia o en el aspecto de las deposiciones. Mientras algunos pacientes atraviesan episodios de diarrea, otros presentan estreñimiento y también hay quienes experimentan una combinación alternada de ambos cuadros. A su vez, pueden surgir la sensación de no haber evacuado por completo y la presencia de mucosidad en las heces.

El síndrome de intestino irritable (SII) tiene un carácter crónico, aunque sus síntomas no se presentan con la misma intensidad en todas las personas. En la mayoría de los casos, las manifestaciones no alcanzan niveles severos y pueden mantenerse bajo control a partir de modificaciones en la dieta, la incorporación de determinados hábitos y estrategias destinadas a reducir el estrés.

La versión anterior de los criterios, Roma IV, publicada en 2016, había establecido que el dolor debía ser el eje del diagnóstico y que tenía que aparecer como mínimo una vez por semana. Con la nueva actualización, los especialistas vuelven a incorporar la palabra “molestia”, debido a que no todos los pacientes definen sus síntomas como dolor, aun cuando estos interfieran en sus actividades habituales o repercutan sobre su calidad de vida.

Otro de los cambios introducidos por Roma V está relacionado con la periodicidad requerida. Ahora, el dolor o la molestia deben registrarse al menos tres días al mes, mientras que anteriormente se exigía una frecuencia semanal. Según los expertos responsables de la actualización, el criterio establecido por Roma IV hizo que la estimación de personas afectadas por SII descendiera desde aproximadamente el 10 % hasta el 4 %.

Los especialistas que participaron de la elaboración de Roma V consideraron que el requisito más estricto sirvió para detectar cuadros con síntomas de mayor intensidad, pero también pudo excluir a pacientes que presentan manifestaciones compatibles con el trastorno, recurren a la consulta médica y eventualmente necesitan recibir tratamiento.

El dolor continuo orienta hacia otras causas de malestar abdominal

De acuerdo con Roma V, las molestias o el dolor asociados al síndrome de intestino irritable (SII) deben presentarse de manera intermitente y no permanecer de forma permanente. Esta precisión permite establecer una diferencia con otras afecciones, entre ellas el síndrome de dolor abdominal de origen central, donde las sensaciones dolorosas pueden mantenerse de manera sostenida.

La evaluación por parte de un profesional de la salud resulta fundamental, ya que la presencia de síntomas digestivos no implica necesariamente que se trate de un SII. Frente a señales como pérdida de peso sin causa aparente, sangrado rectal, episodios de diarrea durante la noche, anemia provocada por falta de hierro, vómitos sin una explicación clara o dolor que persiste incluso después de evacuar o eliminar gases, es necesario realizar estudios para determinar si existe otra enfermedad.

Por su parte, Mayo Clinic señala que el SII no genera daños en los tejidos del intestino ni incrementa las posibilidades de desarrollar cáncer colorrectal. Aun así, cuando las alteraciones en el ritmo o las características de las deposiciones se mantienen en el tiempo, no resulta recomendable asumir automáticamente que responden a este trastorno.

Los criterios clínicos amplían la evaluación en el consultorio

Los Criterios de Roma V establecen una distinción entre los parámetros pensados para el desarrollo de investigaciones y aquellos destinados a orientar el diagnóstico en la atención médica cotidiana. En el ámbito de la consulta, los profesionales podrán otorgar mayor relevancia a la forma en que se presentan los síntomas y al grado en que estos condicionan las tareas y actividades habituales de cada paciente.

Los denominados criterios clínicos de Roma contemplan, además, que una persona pueda ser evaluada aunque la frecuencia de sus síntomas se encuentre por debajo del límite utilizado en las investigaciones científicas. Esto puede ocurrir cuando las manifestaciones resultan particularmente incómodas, alteran el desarrollo normal de la vida diaria o motivan al paciente a recurrir a una consulta médica.

Además, las nuevas recomendaciones plantean que, en términos generales, un período de ocho semanas podría alcanzar para realizar una valoración inicial, sin que sea indispensable esperar los seis meses de evolución que contemplaban como referencia las versiones anteriores.

Aun con estos cambios, el proceso diagnóstico continúa incluyendo el análisis de los antecedentes del paciente y la identificación de posibles señales de alarma. En función de las características particulares de cada caso, será el profesional de salud quien determine si resulta conveniente solicitar estudios adicionales.

La interacción entre intestino y cerebro es parte del enfoque actual

La nueva clasificación también profundiza el reemplazo del concepto de “trastornos gastrointestinales funcionales”. En su lugar, Roma V adopta la denominación “trastornos de la interacción intestino-cerebro”, con el objetivo de dejar atrás la interpretación de que las manifestaciones de estas enfermedades son imaginarias o se explican exclusivamente por factores psicológicos.

Hasta el momento, no existe una causa única identificada para el SII. La investigación médica analiza distintos factores que podrían intervenir en su aparición, como el modo en que se producen las contracciones intestinales, una mayor sensibilidad del sistema digestivo, modificaciones en la comunicación entre el cerebro y el intestino, cambios en la microbiota, antecedentes de infecciones gastrointestinales y situaciones vinculadas con el estrés.

Si bien el estrés no constituye por sí mismo el origen del síndrome, puede contribuir a que los síntomas se intensifiquen o aparezcan con mayor frecuencia. Del mismo modo, determinados alimentos y bebidas pueden funcionar como factores desencadenantes dependiendo de cada persona. Entre los productos que pueden generar molestias se encuentran los lácteos, el trigo, las legumbres, las bebidas con gas y aquellos alimentos que favorecen la producción de gases.

El tratamiento depende de los síntomas y de su impacto cotidiano

El tratamiento puede contemplar diferentes medidas destinadas a mejorar el bienestar del paciente, como modificar la alimentación, reconocer aquellos factores que desencadenan los síntomas, mantener una rutina de actividad física y aplicar herramientas para controlar el estrés. En los cuadros de mayor intensidad, el médico puede recurrir a fármacos específicos para tratar la diarrea, el estreñimiento o el dolor. También pueden incorporarse apoyo psicológico y terapias conductuales enfocadas en la relación entre el intestino y el cerebro.

A partir del nuevo consenso, Roma V plantea una evaluación más amplia del SII, que no debería basarse únicamente en la cantidad de días en los que aparecen dolores o molestias. Para determinar el impacto del trastorno, también resulta necesario considerar qué tan intensos son los síntomas, cuánto afectan las actividades habituales y qué otras condiciones de salud pueden estar presentes en cada caso.

El documento también revisó a quiénes dejan afuera los criterios rígidos

En el trabajo firmado por Drossman, Chang y Tack, los especialistas señalan que contar con criterios diagnósticos uniformes permite conformar grupos de pacientes comparables para investigaciones y ensayos clínicos. Sin embargo, advierten que esas mismas condiciones pueden ser demasiado rigurosas cuando se trasladan al ámbito de la consulta médica habitual.

Los autores citan además una investigación de alcance internacional que incluyó a más de 50.000 personas. De acuerdo con sus resultados, el 41,4 % de los participantes reunía los requisitos para al menos uno de los trastornos de la interacción intestino-cerebro, mientras que otro 25 % presentaba síntomas gastrointestinales, aunque no alcanzaba los criterios necesarios para ser incluido dentro de una categoría diagnóstica específica.

Quienes integraban este segundo grupo mostraron una peor calidad de vida relacionada con la salud y, al mismo tiempo, registraron mayores niveles de ansiedad y depresión. También recurrieron con mayor frecuencia a los servicios de salud en comparación con las personas que no manifestaban síntomas digestivos.

A partir de la evidencia recopilada, Roma V plantea una aplicación más flexible de los criterios clínicos en el ámbito de la atención médica, aunque mantiene la necesidad de realizar una valoración adecuada que permita investigar y descartar otras posibles causas cuando el cuadro lo requiera.

El nuevo consenso también advierte que los trastornos de la interacción intestino-cerebro pueden presentarse de manera simultánea. Esto significa que una misma persona puede experimentar manifestaciones en diferentes sectores del aparato digestivo o reunir las condiciones correspondientes a más de un diagnóstico, algo que puede generar un mayor impacto sobre su vida cotidiana. Por este motivo, los especialistas plantean que el abordaje médico no debería quedar restringido a una única categoría diagnóstica, sino contemplar de manera integral los aspectos clínicos, biológicos, psicológicos y sociales que intervienen en cada paciente.

El yoga, un complemento para aliviar los síntomas del SII

Una revisión sistemática difundida en la revista Comprehensive Physiology analizó la evidencia científica disponible acerca de la práctica del yoga como herramienta para abordar los síntomas del síndrome de intestino irritable. De acuerdo con una publicación reciente, los resultados mostraron que quienes incorporaban esta actividad presentaban una menor intensidad de las manifestaciones digestivas y, al mismo tiempo, registraban niveles más bajos de ansiedad y depresión.

La posible relación entre esta práctica y la mejoría de los síntomas estaría asociada al eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación permanente y en ambas direcciones entre el aparato gastrointestinal y el sistema nervioso central. Este vínculo permite comprender cómo determinados factores emocionales, como el estrés, pueden influir sobre el funcionamiento intestinal y contribuir a desencadenar o intensificar dolores, distensión abdominal y otras molestias digestivas.

La práctica del yoga integra ejercicios corporales, técnicas de respiración y concentración consciente. Según la Sociedad Americana de Fisiología, la combinación de estos componentes podría estimular el funcionamiento del sistema nervioso parasimpático, vinculado con las funciones de reposo y digestión. De todos modos, los investigadores responsables de la revisión señalaron que aún hace falta ampliar la evidencia disponible para determinar cuáles son las modalidades de yoga más convenientes, con qué periodicidad deberían realizarse y qué duración permitiría obtener efectos que se mantengan en el tiempo.

La conexión clave entre intestino y cerebro.

En este contexto, los resultados posicionan al yoga como una herramienta complementaria que podría incorporarse al abordaje del síndrome de intestino irritable. Sin embargo, su práctica no sustituye la consulta con un profesional de la salud ni las terapias o indicaciones médicas definidas de acuerdo con las necesidades de cada paciente.

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