La historia de Elías es la de muchos jóvenes que, frente a la necesidad, decidieron salir a buscarse una oportunidad. Pero en el caso de este jujeño, todo empezó con una mochila, pocos productos y muchas dudas. “Arranqué vendiendo con una cajita de 10 sándwichs, a veces salía todo el día y vendía 3”, recordó sobre sus primeros pasos .
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De vender 10 sándwiches por día a crecer con redes: la historia de un jujeño que no se rindió
Arrancó solo, sin experiencia y con pocas ventas. Hoy el jujeño combina su emprendimiento con redes sociales y ayuda a otros. Una historia de superación.
El camino no fue fácil. No solo tenía que vender, sino aprender cómo hacerlo. “No sabía cómo hablarle a la gente, me ponía muy nervios. Cuando me decían que no, me bajoneaba”, contó en diálogo con TodoJujuy.
Aprender en la calle: la historia del jujeño que hoy da mensajes de aliento
Con el tiempo, la experiencia lo fue formando. La calle, los rechazos y también los pequeños logros le enseñaron a mejorar. De a poco, empezó a generar vínculos con sus clientes. Algunos lo ayudaban encargándole productos, otros simplemente le daban una oportunidad.
“Hubo días en que vender unos pocos sándwiches ya era un montón”, explicó Elías. Ese proceso fue clave para sostenerse y no abandonar.
El salto a las redes sociales
Aunque ya venía trabajando en su emprendimiento, el crecimiento llegó con la aparición de las redes. “No sabía que las redes podían funcionar así… después de una entrevista empecé a hacer contenido y a probar”, contó.
Desde entonces, comenzó a mostrar su día a día, combinando ventas con humor y situaciones reales. “Me gusta hacer reír a la gente con lo que me pasa todos los días”, dijo.
Vender y también ayudar
Uno de los aspectos más particulares de su historia es cómo transformó su trabajo en una forma de ayudar a otros. A través de transmisiones en vivo, muchas personas le compran sándwiches para que él los done. “Hay gente que me paga para que yo le dé comida a personas en la calle”, explicó.
Incluso, destacó que muchos prefieren hacerlo de forma anónima: “Me dicen ‘donalo, pero no digas que fui yo’”.
Días largos y esfuerzo constante
La rutina tampoco es sencilla. Su jornada puede extenderse durante horas, dependiendo de cómo venga la venta. “Empiezo al mediodía y puedo terminar a las 7 de la tarde o a las 3 de la mañana”, contó.
A eso se suman las dificultades propias de trabajar en la calle: el clima, el cansancio y los días malos. “Hay días que perdés todo pero igual hay que salir y seguir”, relató.
“Lo más complicado es permanecer, hay días buenos y días muy malos”, explicó. Sin embargo, su mirada sobre el esfuerzo tiene una lógica clara: “Aunque todo te vaya mal, es señal de que te va a ir bien”.
Hoy, con más experiencia, más visibilidad y una comunidad que lo acompaña, Elías proyecta dar el siguiente paso. Sueña con tener su propio local, seguir creciendo en redes y ampliar su ayuda solidaria. “Me gustaría llegar a más gente y poder hacer esto en otros lugares también”, dijo.