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25 de septiembre de 2015 - 19:55

Mujeres sin culpa

Trabajá al servicio de tu felicidad. Decile basta a la queja y animate a disfrutar.

Por Raquel Abraham

Parece ser que nuestra esencia femenina nos impide disfrutar sin culpa. Así como lo escuchaste. La psicóloga chilena Pilar Sordo nos da un ejemplo clarito: “Los hombres juegan al fútbol con sus amigos y no se sienten mal por dejar en casa a su mujer y a sus hijos. Las mujeres, en cambio, no nos permitimos tener tiempo para nosotras mismas y culpamos a los hombres por eso. ¿Querés un ejemplo? El 70 % de las encuestadas van al baño con la puerta abierta por si alguien de su familia las necesita. La mujer busca ser necesitada por su entorno, pero después se queja porque le falta libertad”. ¿Te sentís identificada?

Si meneaste tu cabeza afirmativamente, te damos la bienvenida al abultado grupo de la mujer multitasking (trabajar en la compu, atender el celular, limpiarle la cola a tu hijo, pensar en la cena de la noche…y la lista es interminable). Y si eso te hace feliz, ¡adelante!

El problema surge cuando no estamos conformes con lo que hacemos, o con la asignación de roles en la casa. Entonces aparece la queja, “siempre soy yo la que cambia el rollo de papel higiénico, la que lava los platos, la que saca la basura, etc”, y por ende culpamos expresa o tácitamente a nuestra pareja por la “falta de colaboración”. El otro lugar nocivo es cuando decimos: “hoy tiro la casa por la ventana, me siento a ver mi serie favorita, me pinto las uñas y luego un spa relajante en la bañera de casa, y al poco tiempo de nuestro plan de relax nos carcome esa sensación de que algo estamos haciendo mal, o que estamos “en falta”. Y esa molesta sensación, amigas mías, se llama ¡culpa! ¿Te suena?

No me digas que nunca sentiste una envidia no tan sana, cuando tu chico se va de viaje, se queda hasta tarde en el fútbol o trabajando hasta altas horas, y solo llama a casa para dar su parte del día. Y vos, que todavía no terminaste de bañar a los chicos, no tenés verduras en la heladera y hace mil que no te juntás con una amiga a charlar mano a mano. Te dan ganas de gritar ¡injusticia!

Y el problema radica, desde mi punto de vista, en que todavía no nos conocemos a nosotras mismas, es decir, no sabemos lo que queremos, o para traducirlo al criollo “somos medio gata Flora”. Queremos liderar nuestro hogar, ser esas mamis que tienen siempre perfumaditos a los chicos, una rica comida en el horno, estar siempre lindas y sexies para nuestras parejas. Imaginate que todo esto ya es un trabajito nada desdeñable. Y a eso hay que sumarle que queremos ser trabajadoras exitosas, reconocidas, que nos valoren intelectualmente, que no nos hagan “chistes machistas”, y además, ser buenas amigas y estar siempre disponibles para prestar la oreja. ¿No será mucho?

Nos sentimos culpables porque en el fondo tenemos exigencias tan altas, que rara vez podemos cumplirlas, y si lo hacemos terminamos hechas un trapo, o de mal humor, o victimizadas o quejumbrosas. ¿Te gusta ese lugar? A mí no. Claro que salir del multitasking no es sencillo, pero tal vez algunas cositas podemos copiarles a ellos. ¡Hacé lo que tengas ganas y hacelo de corazón! Si hoy no querés cocinar, comprá algo rico en un delivery, y cuando quieras cocinar, hacelo con todo el cariño y el disfrute.

¿Hoy querés trabajar todo el día? Organizá con quién se quedan los chicos y dedícate solo a eso. El primer obstáculo que vas a encontrar, serás vos misma. Una vez que te des el permiso para hacer lo que verdaderamente querés, vas a ver cómo podrás comunicarle tus deseos al resto de la familia y a tu círculo cercano, con tranquilidad y convicción. Para hacer feliz a otros, primero tenés que mimarte y consentirte a vos. Yo lo estoy poniendo en práctica, y estoy viendo grandes resultados. 

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