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7 de marzo de 2016 - 22:44

"Para una cultura de la igualdad debemos desmitificar"

En el Día de la Mujer, la responsable del Programa de Paridad de Género de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy, Verónica Aramayo, analiza prejuicios y estereotipos que todavía subyacen en la sociedad actual.

Por Raquel Abraham

Mucho escuchamos hablar del Día Internacional de la Mujer y cada 8 de Marzo se cumple, si no un ritual, al menos sí la conmemoración de la fecha desde diferentes estamentos de la sociedad. Algunos arrojan un “Feliz día” a las mujeres amigas, otros regalan una flor como signo de halago, hay quienes consideran que es un movimiento netamente feminista, y hasta están los que lo tildan de día machista, y contraponen “¿por qué las mujeres deben celebrar un día? ¿Acaso, si somos todos iguales, no remarcan la diferencia al instituir un día para la mujer?

Y en realidad, la Historia nos demuestra que si hoy existen importantes avances en la Paridad de Género, todavía subsisten en la sociedad creencias muy arraigadas acerca del “ser” femenino y masculino, y si bien en materia legal hemos avanzado, todavía hay una deuda cultural difícil de saldar.

Es por las distintas premisas e hipótesis planteadas anteriormente, que me interesó proponer una segunda mirada del Día de la Mujer, esa más invisible y sutil, que es el imaginario colectivo tan presente aún hoy en el siglo XXI, sobre los roles y significaciones de  género, que vamos construyendo desde nuestra más tierna infancia. 

La entrevistada que nos ayuda a repensar el sentido que tiene hoy la igualdad de derechos, es Verónica Aramayo*, Responsable del Programa de Prevención y Promoción de Derechos de la Dirección de Paridad de Género de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy. “La Paridad de Género no es otra cosa que la igualdad entre varones y mujeres, igualdad en las oportunidades y en el trato. Cuando hablamos de Paridad de Género hablamos de ausencia de desigualdades, de opresiones, de violencias y de discriminación. Hablamos de una sociedad donde lo diferente y las particularidades propias de cada género, no sean sinónimos de desigualdad”, define la licenciada.

¿A qué creés que se debe que los padres, consciente o inconscientemente, asignamos roles a nuestros hijos, desde pequeños, que entendemos como femeninos o masculinos? Ej: que la niña que ayude a limpiar, que el niño ayude a arreglar algo de la casa, etc. 

La asignación de roles femeninos y masculinos, los roles sexistas, tienen una raíz social y cultural. Nacemos y nos criamos dentro de una cultura que aún conserva fuertes rasgos patriarcales, lo que conocemos en términos cotidianos como “cultura machista”. Este tipo de cultura se sustenta fundamentalmente en la división sexual del trabajo y la doble opresión femenina: las mujeres son las principales  encargadas de las tareas domésticas y de cuidado, de la reproducción de la vida cotidiana (tareas que son poco valoradas socialmente, hasta el punto de no ser consideradas trabajo) y cumplen por ello con una doble jornada laboral (dentro y fuera del hogar). En dicha división sexual del trabajo,  los varones son los aptos para realizar las tareas productivas y actividades en el ámbito público. Esta división, aunque en estos tiempos, en apariencia, es más difusa; sigue existiendo y se reproduce, la reproducimos, en el seno de las organizaciones familiares como en las diferentes instituciones sociales.

La reproducimos en la crianza, porque en una organización social con las características que antes describí, cumplir estos roles nos da la seguridad de “ser”  y de estar criando “buenas mujeres”, que según el estereotipo femenino son aquellas cuyo principal anhelo es ser madres, cuidar a su familia, destacarse en las tareas del hogar;  y de “ser” y criar “hombres de bien” que según el estereotipo deben ser fuertes, agresivos, resolutivos, etc. Para ser y pertenecer, sin conflicto ni castigo, como varón o mujer en la sociedad patriarcal, nos vemos instados a cumplir con estos roles y estereotipos, adecuarnos a las normas sociales vigentes respecto al género. 

Estos roles asignados, ¿detentan en el fondo una mirada sobre la sexualidad, enmarcada en un mundo “hétero-dominante”, que quiere encasillar a los chicos en elecciones sexuales aceptadas socialmente?

Sin dudas tiene que ver con una mirada sobre la sexualidad, porque también ese aspecto de la vida humana está regido por la división de roles femeninos y masculinos. Cómo debe comportarse una mujer en este plano y cómo debe hacerlo un varón, está claramente delimitado. Las mujeres deben sentirse atraídas por los hombres (que deben ser protectores y fuertes),  y los varones por las mujeres (que deben ser bellas y eternamente jóvenes). Aunque parezca rígido, estos estereotipos operan en nuestra subjetividad, se hacen cuerpo en nosotros y nosotras, y van rigiendo nuestras vidas, nuestras elecciones y nuestros gustos.  

Existe aún, por más que hayamos avanzado en términos de legislación,  una resistencia muy grande respecto a la posibilidad de que una persona, mujer o varón, se revele frente a la asignación de roles sexistas y a las normas de la sociedad patriarcal (aún es muy común escuchar: esa mujer es “mala madre” o de algunos varones “lavarropas”, “dominado”).  Ni que hablar cuando una persona tiene una orientación sexual diferente.  El respeto por la diversidad es todavía más un discurso que un hecho, se tolera más que aceptarse, y existe un temor muy grande a lo diferente, a lo que no se ajusta o transgrede la norma. 

Cruzar barreras

¿En qué puede modificar el proceso cognitivo de los niños, si les permitimos a los varones jugar con muñecas, vestirse de rosa, etc, y a las niñas jugar con autitos, tener pelo corto, etc? Esto condicionaría su desarrollo de distinta manera?

En mucho, aprender y socializar sin encorsetar a los niños y niñas con roles estereotipados les permitiría desarrollarse más integralmente. Las rígidas estructuras sociales de las que hablamos, la división sexual del trabajo traducida en juegos y aptitudes que insertamos, casi como un chip, a los niños y niñas, tienen como consecuencia la formación de futuros adultos con rígidas estructuras de pensamiento que luego traen implicancias en sus vínculos. Pero no solo eso, educar con roles y estereotipos sexistas tiene implicancias aún más graves: vamos formando varones autoritarios y mujeres sumisas. ONU mujeres y Unicef han mostrado investigaciones acerca de como promover en la educación, la ruptura de estereotipos sexistas desde niveles iniciales, tiene efectos sobre la prevención de la violencia de género y sobre el desarrollo de vínculos entre varones y mujeres basados en la  igualdad, al respecto recomiendo el video de ONU Mujeres “Las niñas pueden”.


Es importante el rol de la educación para formar niños y niñas que puedan relacionarse y establecer vínculos igualitarios. A pesar de la vigencia de leyes como la de Educación Sexual Integral las instituciones educativas, siguen siendo, junto a la familia, reproductoras por excelencia de los roles sexistas (en los jardines se sigue trabajando con los rincones de niños-provisto de herramientas y autitos- y los de niñas –provistos de elementos de cocina y muñecas-).

Los prejuicios sobre las conductas femeninas y masculinas, ¿perjudican y estereotipan más a la mujer, siendo funcional al hombre; o ambos géneros corren con iguales implicancias?

Quienes partimos de caracterizar a la sociedad en la que vivimos como predominantemente patriarcal, entendemos que las mujeres se encuentran en una situación de desigualdad respecto a los varones, de ahí que accedan en menor medida a puestos de alta jerarquía o de decisión política, o que el 92% de los casos de violencia domestica sean de varones contra mujeres. 

En esa división sexual del trabajo, de la que hablamos al principio, las mujeres corren con serias desventajas por que las tareas de cuidado además de ser menos valoradas socialmente, son tareas no remuneradas.  La investigación publicada en  “El cuidado en la Agenda Pública” del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), las mujeres jujeñas dedican entre 3 y 6 horas más de trabajo, que los varones, a tareas de cuidado por sobre  el horario laboral que cumplen fuera del hogar. 

A eso sumémosle que, a partir de dicha división sexual del trabajo,  las mujeres aparecen como menos capacitadas para la vida pública, y aunque en la práctica se demuestre que no es así, en el imaginario social, operan estos prejuicios con fuerza redundando muchas veces en menores oportunidades para ellas. Como lo muestra por ejemplo otro estudio del ELA, “Sexo y Poder. El Sexo del Poder en la Argentina”: solo el 1% de los sindicatos de la argentina están dirigidos por mujeres. Las mujeres que llegan a la función pública lo hacen mayoritariamente en áreas de gobierno vinculadas al cuidado como desarrollo social y educación;  y los varones en las áreas de economía, vivienda, producción etc. Veamos los organigramas del País y de nuestra provincia esto es predominantemente así y se debe a esos estereotipos.

Pero hay que decir que en la sociedad patriarcal, sin bien las mujeres corren con las mayores desventajas, los varones también pagan un costo, porque en este tipo de sociedad no se les permite desarrollar lo afectivo, lo emocional, la sensibilidad, etc., esas aptitudes humanas (que tenemos varones y mujeres) le son vedadas a los varones pues hay emociones  que aprendemos desde niños como exclusivamente femeninas (cuantas veces escuchamos, y si no hemos repetido,  “no seas maricon, no llores, los hombres no lloran”). 

Educar para la igualdad

¿Cuál es el rol que para vos debe tener la escuela, especialmente el nivel inicial, en el camino hacia la Paridad de Género?

La escuela tiene un rol fundamental. Si bien la educación es parte de una estructura social determinada y tiene la función de, además de transmitir conocimiento, vehiculizar la interiorización de valores, normas y pautas culturales,  cumpliendo, en este sentido, una función reproductora del orden social (que incluye la transmisión de los estereotipos sexistas); existen dentro de la escuela y el sistema educativo, posicionamientos críticos que proponen e impulsan transformaciones. 

Eduardo Galeano nos hablaba de la “contra-escuela” en su libro “Patas Arriba. La escuela del mundo al revés”,
y nos invitaba a pensar la posibilidad de otra escuela, de cambiar la realidad en lugar de padecerla, en este sentido la escuela puede tener un rol central en el cambio necesario hacia la igualdad de género, por ser esta, uno de los espacios de socialización más importantes. Desde el programa municipal que coordino realizamos, en 2011, una experiencia de capacitación sobre educación no sexista y antidiscriminatoria, fue valiosísima, sobre todo por el aporte que los maestros y docentes realizaron. Esa experiencia, que vamos a reeditar este año,  dio origen a la publicación del libro “El género en el aula, herramientas para pensar una educación antidiscriminatoria y no sexista” (Ediciones Culturales San Salvador, 2011) que es un instrumento que facilita el trabajo en el aula desde la perspectiva de género.

Desde casa, si tenemos hijos, ¿de qué manera podemos educarlos para contribuir a la Paridad de Género?  

Creo que lo primero es trabajar sobre nosotros mismos, los adultos, qué ideas tenemos acerca de los roles femeninos y masculinos, poder hacer crítica de lo cotidiano e intentar no reproducir, por ejemplo, los estereotipos sexistas y las relaciones de poder al interior de la familia.

Pero para que al interior de las organizaciones familiares pueda darse este cambio son necesarias primero, o en simultáneo, acciones en el plano de la organización y de la estructura social. Me refiero a la puesta en marcha de políticas públicas destinadas a erradicar la división sexual del trabajo, que permitan que en la práctica concreta de las familias, el trabajo doméstico se socialice y deje de ser la tarea que en mayor medida realizan las mujeres (una buena medida en este sentido es la ampliación de las licencias por maternidad y paternidad optativas, donde mamá y papá puedan alternar el cuidado de los hijos). Políticas de control de los medios masivos de comunicación que son los principales instrumentos a través de los que se difunden mensajes sexistas, que discriminan a las mujeres y en muchos casos con un alto nivel de  misoginia (pensemos solo en las publicidades de insumos para el hogar, de perfumería y belleza o consumo de bebidas alcohólicas). Políticas de comunicación con campañas que nos inviten a varones y a mujeres a pensarnos fuera de los roles socialmente establecidos para cada género y nos permitan considerarnos iguales.

¿Creés que hay resistencia en la sociedad a un cambio estructural sobre este tema, o se trata principalmente de falta de conocimiento? ¿Y quiénes se resisten más al cambio, hombres o mujeres?

Entiendo que cuando en una sociedad existen aspectos instituidos, naturalizados, como lo es la desigualdad de género, la violencia, los estereotipos sexistas, etc., siempre existe resistencia al cambio, esta se expresa en lo que analizamos anteriormente, el miedo a pensarnos diferentes y a lo que eso, que es nuevo, pueda implicar en nuestra vida cotidiana y en nuestros vínculos. Aunque desde posiciones diferentes, varones y mujeres, podemos ser los portavoces de la resistencia al cambio por estar inmersos en esta cultura, históricamente han sido las mujeres las que han liderado procesos de cambio por ser quienes padecen la desigualdad y la opresión.

A la vez,  entendiendo a las contradicciones como inherentes a los seres humanos y la misma organización social, se podría afirmar que donde existe resistencia también hay fuerzas y movimientos dentro de la misma  sociedad que pugnan por instituir lo diferente (existen hoy  el surgimiento de nuevas formas de ser varones conocidas como “las nuevas masculinidades”, “los movimientos de mujeres organizadas por sus derechos”, el movimiento mundial de “varones anti-patriarcales”). Para lograr instituir la cultura de la igualdad,  además de los cambios estructurales y a nivel de las políticas públicas, conocer y desmitificar son herramientas fundamentales.

*Verónica Aramayo: Licenciada en Trabajo Social. Responsable del Programa de Prevención y Promoción de Derechos de la Dirección de Paridad de Género de la Municipalidad de San Salvador de Jujuy. Autora de materiales Bibliográficos sobre Género entre los que se encuentran “Formación de Promotores Socio-cumunitarios para la Paridad de Género”. El Género y la Educación, Herramientas para una Educación No Sexista y Antidiscriminatoria”.

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