La historia de Sebastián Yane, artista jujeño de 39 años dedicado al dibujo académico y al realismo, está atravesada por tres conceptos que repite como una fórmula de vida: disciplina, confianza y método. Lo que comenzó como un pasatiempo en la escuela terminó transformándose en una profesión que hoy combina con la docencia y la realización de retratos por encargo.
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Se quedó sin trabajo, empezó a hacer dibujos de retratos por encargo y hoy vive de su pasión
Disciplina, confianza y método, son palabras que resumen la historia de un artista jujeño que apostó por el arte como camino y hoy enseña dibujo académico
El artista, que en 2022 presentó una muestra en el Centro Cultural Héctor Tizón, lleva más de una década trabajando de manera profesional con lápiz y grafito, una técnica que exige paciencia, precisión y largas horas frente al papel.
“Siempre dibujé, desde chico. Hacía los dibujitos de la época y me gustaba dibujar letras y nombres”, recordó sobre sus primeros acercamientos al arte. Con el tiempo comenzó a formarse de manera autodidacta, utilizando tutoriales en internet y cursos virtuales que le permitieron profundizar en la técnica.
Ese aprendizaje inicial se completó luego con clases con profesores de Buenos Aires especializados en dibujo académico, realismo e hiperrealismo. “Primero empecé autodidacta y después encontré profesores. Con ellos fui complementando todo lo que había aprendido”, explicó.
Del dibujo como hobby a la posibilidad de vivir de él
El momento decisivo llegó cuando Yanes comenzó a notar avances en su técnica y se animó a aceptar sus primeros encargos. “Empecé con retratos y después me animé a trabajar por encargo”, relató.
Sin embargo, el arte terminó ocupando un lugar central en su vida a partir de una situación inesperada: la pérdida de su empleo. Ante ese escenario, decidió apostar por aquello que más lo apasionaba.
“Quedé sin trabajo y tenía un par de cuadros enmarcados. Entonces dije: voy a probar suerte, a ver si alguien los ve o me pide un encargo”, contó.
El proceso no fue sencillo. Durante los primeros meses combinó distintas actividades para sostenerse económicamente, mientras retomaba la práctica del dibujo.
“Ese momento es duro, pero con ayuda de mi familia lo fui llevando. Vendí comida, ropa y después decidí volver a meterme de lleno en el dibujo”, recordó.
Poco a poco comenzaron a llegar los pedidos. Cada retrato, explicó, puede llevar entre 20 y 30 días de trabajo, un tiempo que exige concentración y constancia.
“Cuando me siento a dibujar es un ritual. Me desconecto de todo, me pongo los auriculares y no escucho a nadie”, aseguró.
El método detrás del realismo
El secreto de sus obras hiperrealistas no se basa únicamente en el talento, sino en un proceso meticuloso de trabajo.
Para lograr las distintas tonalidades utiliza entre siete y doce lápices de grafito con diferentes durezas, además de gomas especiales y papeles con distintas texturas.
“Los más oscuros son lápices más grasos y los claros son más duros para generar textura”, explicó.
Incluso el contacto con la hoja requiere cuidado. Para evitar manchas, Yane intenta no tocar el papel durante el proceso y protege el dibujo cuando termina cada jornada.
Disciplina, confianza y método: la clave
En su experiencia, el crecimiento artístico está lejos de depender únicamente de la inspiración. Para Yane, el verdadero motor del aprendizaje se resume en tres palabras.
“Lo principal que aprendí de mis profesores es disciplina, constancia y método”, afirmó.
Esa filosofía es la misma que transmite hoy a sus alumnos en las clases presenciales y virtuales que dicta.
“El dibujo académico empieza con ejercicios que parecen aburridos: líneas simples. Pero esa es la base para llegar a obras más complejas”, explicó.
El método, según detalló, se centra en entrenar la observación antes que la técnica manual. “Lo primero que enseño es a mirar. Después viene llevarlo al papel. La motricidad se practica”, señaló.
En ese sentido, sostiene que cualquiera puede aprender a dibujar si dedica tiempo al proceso. “Hay gente que cree que no sabe dibujar, pero es práctica y paciencia”, aseguró.
Un rincón para crear
Gran parte de su trabajo se desarrolla en un pequeño espacio de su casa, donde instaló su mesa de dibujo con iluminación específica y todas las herramientas necesarias.
Allí suele trabajar en bloques de 45 minutos para descansar la vista y mantener la precisión del trazo. Mientras dibuja, escucha música clásica, especialmente composiciones de Antonio Vivaldi.
“Ese es mi momento. Me pongo los auriculares, escucho música instrumental y entro en mi mundo”, relató.
Hoy, con un hijo pequeño y nuevas responsabilidades familiares, el artista organiza sus tiempos para continuar creando. La noche suele ser el momento elegido para sentarse frente al papel.
Un talento jujeño en crecimiento
Durante la entrevista con El Cuatro, el artista también recibió el saludo telefónico de su colega Félix González, quien destacó tanto su talento como su perfil humilde.
“Es una persona impresionante y un artista con una paciencia envidiable”, señaló el pintor, quien valoró el nivel de detalle que Yane logra en cada retrato.
Para el dibujante jujeño, cada obra representa no solo un desafío técnico sino también una oportunidad de seguir aprendiendo.
“Esto lleva tiempo, paciencia y trabajo. Pero cuando uno encuentra el método, todo empieza a fluir”, concluyó.
Con disciplina, confianza y método, Sebastián Yane continúa construyendo su camino en el arte, demostrando que la pasión y la constancia pueden transformar un simple lápiz en una herramienta para contar historias. Una historia de vida que inspira y motiva.