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31 de agosto de 2026 - 17:27 Sociedad.

Tiene 13 años, estudia cocina en la universidad y su pasión ya es viral en redes

Manuel Arcos Valcarcel comenzó a cocinar a los tres años y hoy comparte sus preparaciones, organiza cenas y desarrolla su propio emprendimiento gastronómico.

A sus 13 años, cuando muchos todavía están descubriendo qué camino les gustaría seguir en el futuro, Manuel Arcos Valcarcel ya convirtió la cocina en una de sus grandes pasiones y le dedica una parte importante de su tiempo. Se trata de la historia de un chico que encontró su vocación prácticamente al nacer, y que ahora es viral al compartir sus recetas.

Su rutina combina estudio y cocina: prepara distintas recetas, muestra el resultado de su trabajo a través de las redes sociales y, además, empezó a impulsar pequeñas iniciativas con las que busca reunir dinero para comprar los utensilios y elementos que necesita para seguir formándose y perfeccionando sus habilidades.

En las redes sociales, Manuel ganó reconocimiento bajo el nombre de @ChefcitoManu, donde ya logró reunir una comunidad de más de 13.000 seguidores. En su perfil comparte fotos y videos de los platos que prepara, muestra nuevas técnicas culinarias que incorpora durante su aprendizaje y difunde las cenas exclusivas que organiza.

Su crecimiento en el mundo gastronómico también comenzó a trascender las redes: recientemente recibió invitaciones para colaborar con reconocidos restaurantes de Buenos Aires, una oportunidad que le permite continuar adquiriendo experiencia y dar a conocer su trabajo.

El vínculo de Manuel con la gastronomía comenzó durante su primera infancia, mucho antes de que pudiera imaginar que la cocina se convertiría en una de sus grandes pasiones. Como nació prematuro, sus padres detectaron durante sus primeros años que era importante trabajar especialmente en el desarrollo de la motricidad fina y la capacidad de concentración.

A los tres años, su mamá, María Clara Buffa, empezó a incorporar distintas propuestas con ese objetivo. Las primeras actividades estuvieron relacionadas con las masas de plastilina, pero posteriormente apareció una alternativa mucho más cotidiana: compartir momentos en la cocina. Lo que inicialmente parecía simplemente un juego entre madre e hijo terminó convirtiéndose en el comienzo de una inesperada pasión por cocinar.

Era nuestra actividad: amasar pastas, hacer galletitas. Y de ahí se apasionó desde muy, muy chiquito”, recordó su madre.

El entusiasmo de Manuel por la cocina llevó a sus padres a investigar distintas alternativas para que pudiera continuar desarrollando sus conocimientos. Durante la etapa en la que asistía al jardín de infantes, comenzó a participar en varios cursos y talleres gastronómicos, pero con el paso del tiempo su familia comprendió que esas propuestas ya no eran suficientes y que requería un nivel de enseñanza más especializado.

Todo le quedaba muy chico. Entonces, no encontrábamos dónde podía aprender. A mí me daba mucho miedo el tema de que era muy pequeño para manejar el fuego y los cuchillos. Quería que alguien del rubro le enseñara a cocinar. Hace dos años conocimos a un chef que es especialista en sushi, que a él le encanta, y ahí le dio un curso a los 11 años. Este año logró que sea aceptado en la carrera de gastronomía del IGA en Vicente López”, explicó Clara.

El sueño de convertirse en una estrella Michelin

Con el tiempo, la relación de Manuel con la cocina fue adquiriendo una nueva dimensión. Ya no se limitaba a seguir instrucciones y repetir platos conocidos, sino que empezó a explorar qué ocurre al mezclar distintos ingredientes, experimentar con diferentes métodos de elaboración y descubrir las alternativas que ofrece la gastronomía para crear preparaciones propias y originales.

Lo que más me gusta de cocinar es poder expresarme a través de la creatividad en un solo plato. Poder jugar con el contraste de las texturas, los sabores y las temperaturas es algo que me parece muy interesante y con lo que se puede experimentar mucho”, contó.

También algo de lo que más me gusta es cuando una persona a la que le cociné me dice que le gusta una comida que hice yo, ya que me muestra que mi esfuerzo no fue en vano, sino que alguien está disfrutando ese trabajo de horas”, agregó.

De cara a los próximos años, Manuel tiene grandes aspiraciones dentro del mundo gastronómico. Entre sus principales objetivos se encuentra la posibilidad de continuar su formación fuera del país y, con el tiempo, construir una destacada trayectoria profesional como chef.

“Me gustaría ir a alguna institución importante, y después trabajar en distintos restaurantes para aprender de diferentes cocinas y chefs. Mi sueño más grande es algún día tener mi propio restaurante, pero sé que antes tengo muchísimo por aprender”, remarcó.

Mientras avanza en la preparación para cumplir sus objetivos profesionales, Manuel también es consciente de que continuar formándose requiere recursos. Por ese motivo, y acompañado por sus padres, comenzó a organizar cenas especiales en las que puede compartir sus conocimientos y permitir que nuevos comensales descubran su talento en la cocina.

Al mismo tiempo, estas propuestas le sirven para reunir fondos destinados a la compra de los numerosos utensilios y elementos gastronómicos que necesita para seguir desarrollando su actividad y perfeccionándose.

“La idea de abrir el Instagram surgió como una oportunidad que se nos ocurrió que podría ser buena para que la gente me conozca y poder ganar experiencia, ya sea cocinando en mi casa o colaborando con chefs o restaurantes”, señaló.

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