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19 de abril de 2021 - 12:35 Opinión

Una mirada al impacto de las clases virtuales en los jóvenes

La licenciada en psicología Berenice Ruesjas se refiere al impacto de las clases virtuales en los estudiantes.

Seguramente en el momento en que inició la cuarentena, y junto a ello las clases virtuales, muchos pensamos que para nuestros adolescentes sería muy fácil manejar la virtualidad; quizás porque todos tendemos a imaginar que por el hecho de que los jóvenes permanecen la mayor parte del día con sus celulares en mano, sumergidos en este mundo tecnológico, realizar las actividades escolares, sería pan comido. Sin embargo, esto no fue así, y la nueva modalidad virtual los sorprendió, tanto a ellos como a sus padres.

Un cambio muy importante para los adolescentes, que se caracterizan por transitar una etapa con grandes oscilaciones, fue el pasar de la presencialidad a la virtualidad. Gran parte de su día permanecían fuera del hogar, realizando diversas actividades, primordialmente desarrollando vínculos sociales, sobre todo dentro de las escuelas. Pero, con la nueva modalidad ¿qué paso cuando se vieron obligados a permanecer encerrados en sus hogares, junto a sus padres o familiares, con o sin celulares o computadoras para conectarse, vincularse y desarrollar las actividades escolares? Esto sí que fue un cambio rotundo, y el impacto emocional fue aún más grande. Muchos notamos que el estado de ánimo de nuestros jóvenes se vio alterado, algunos por no contar con lo necesario para las conexiones, otros por no poder vincularse con sus pares y docentes en un encuentro presencial, algunos quedaron sin la posibilidad de conexión debido a la falta de acceso a las herramientas necesarias, ya sea para entrar a una clase virtual o simplemente porque sus rutinas diarias cambiaron rotundamente, y no podían conectarse cuando desde el colegio lo solicitaban. Todo esto impactó fuertemente en su estado general, y muchos de los síntomas que nuestros adolescentes empezaron a evidenciar a lo largo de este período de aislamiento y de clases virtuales, fueron estrés, ansiedad y depresión.

¿Cómo detectamos estos síntomas? Los jóvenes sabían que no corrían grandes riesgos frente al coronavirus, pero la incertidumbre sobre lo que sucedería, sobre si alguna vez regresarían a sus escuelas, si volverían a ver a sus profes, si lograrían cumplir con sus tareas y culminar el año causaba elevado malestar y stress, que les impedía desarrollar sus actividades con normalidad y hasta presentaban gran desinterés y desmotivación. Y ni hablar de aquellos jóvenes que despedían una etapa, que sintieron que perdían esas oportunidades únicas que no recuperarán nunca, que vieron pasar ese último año, sin poder vivirlo plenamente. Todo esto ha provocado un gran impacto emocional, mucha tristeza, episodios donde se vieron adolescentes desinteresados, que cambiaron sus rutinas, sus hábitos y conductas, demostrando marcado desinterés. La ansiedad fue el síntoma protagonista de la pandemia, y en los adolescentes, la falta de vínculos sociales fue el impacto determinante.

Hoy es importante saber las consecuencias, para que, como sociedad, como padres, educadores, etc., nos detengamos a mirar profundamente a nuestros adolescentes, a escucharlos atentamente, para dar lugar al diálogo, no con el objetivo de brindar soluciones prácticas o alivios rápidos, sino para escucharlos, demostrarles que los entendemos y validar sus emociones. La presencialidad se ha vuelto necesaria justamente por esto, y para permitir detectar posibles indicadores cuando algo no está bien, para así activar una alerta e intervenir a tiempo.

Sin embargo, no todo en la virtualidad fue negativo, también se logró hallar otro gran impacto, que para muchos jóvenes es positivo, y para unos pocos aún no. Se trata de la incorporación del uso de la tecnología, como herramienta para el proceso de aprendizaje escolar. Quizás no todos cuentan con la posibilidad de tenerla al momento de desarrollar una clase virtual. No obstante, debemos reconocer, que, al incorporar este instrumento, el proceso de escolarización se vio facilitado, por el acceso a la información, a los contenidos, a nuevas formas de aprender, dando lugar a la creatividad. Un aspecto muy importante a la hora de incorporarlo, es enseñar sobre el buen uso de esta herramienta. Antes de iniciar con las clases virtuales, se pensaba en la importancia de regular el uso de la tecnología, considerándola como algo negativo para los jóvenes. Pero luego de la experiencia vivida, y los cambios favorables observados, el uso de la tecnología para desarrollar las actividades escolares, cambia drásticamente la forma de pensar este nuevo instrumento que ha ingresado al ámbito educativo para quedarse, lo que resta es adecuar su buen uso.

Si hoy me consultarían qué recomiendo, si clases virtuales o presencialidad, yo contestaría siempre la presencialidad, porque allí los vínculos sociales son irremplazables, y más aún para los adolescentes; pero también sé que aún nos hallamos en contexto de pandemia, y contar con los medios virtuales como herramienta para poder continuar la conexión escuela y alumnos también lo indicaría porque es una posibilidad volver a quedarnos en aislamiento, y debemos continuar acompañando, enseñando y aprendiendo.

Berenice Ruesjas - Lic. en Psicología - MP: 330

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