Con el paso de los años, mantener rutinas activas y vínculos cotidianos se vuelve clave para la salud integral. En ese contexto, la convivencia con mascotas aparece como un factor protector para los adultos mayores, según evidencian investigaciones realizadas en universidades y centros de salud de referencia internacional.
Vivir con mascotas mejora la salud y el bienestar emocional de los adultos mayores
Distintos estudios coinciden en que convivir con perros o gatos no solo reduce la soledad en la vejez, sino que también aporta beneficios físicos, emocionales y sociales que impactan de forma positiva en la calidad de vida.
Lejos de ser solo una compañía afectiva, perros y gatos pueden convertirse en aliados para promover el movimiento, mejorar el estado de ánimo y sostener hábitos saludables.
Más movimiento y mejor salud física
Diversos estudios observaron que las personas mayores que conviven con mascotas tienden a mantenerse más activas. Las tareas diarias asociadas al cuidado —como alimentarlas, cepillarlas o limpiar sus espacios— implican movimiento regular y ayudan a sostener la movilidad.
En el caso de los perros, los paseos cotidianos representan un incentivo clave para caminar, estirar el cuerpo y mantener la flexibilidad. Instituciones médicas destacaron que este tipo de actividad moderada se asocia a mejores parámetros de salud, como un control más estable del azúcar en sangre y una rutina diaria más ordenada.
Además, organismos especializados en salud cardiovascular señalaron que la tenencia responsable de animales de compañía está vinculada a una reducción del riesgo de enfermedades cardíacas, un beneficio especialmente relevante en edades avanzadas.
Bienestar emocional, autoestima y menos soledad
El impacto positivo no se limita al plano físico. El vínculo con una mascota también fortalece la salud emocional. Especialistas en geriatría coinciden en que la presencia constante de un animal puede ayudar a combatir el aislamiento, una de las problemáticas más frecuentes en la tercera edad.
Interactuar con mascotas estimula la liberación de hormonas asociadas al bienestar, como la oxitocina y la dopamina, lo que contribuye a disminuir síntomas de ansiedad y depresión. Además, asumir el cuidado de otro ser vivo refuerza el sentido de propósito y la autoestima, dos aspectos clave para el equilibrio emocional.
Saber que un animal depende de ellos motiva a muchos adultos mayores a sostener horarios, rutinas y actividades, aportando estructura a la vida diaria.
Estimulación mental y vínculos sociales
El contacto cotidiano con mascotas también tiene efectos positivos sobre la mente. Investigaciones realizadas con adultos mayores que viven solos mostraron que quienes conviven con animales presentan una ralentización del deterioro cognitivo, especialmente en funciones como la memoria y la fluidez verbal.
Las rutinas asociadas al cuidado —recordar horarios, reconocer señales del animal, responder a sus necesidades— mantienen activa la atención y la capacidad de organización. A esto se suma el aspecto social: pasear a un perro o concurrir a espacios públicos destinados a mascotas facilita el contacto con otras personas y favorece la interacción social.
Este tipo de vínculos cotidianos contribuye a reducir el aislamiento y a sostener habilidades sociales que son fundamentales para el bienestar general.
Elegir la mascota adecuada y planificar el cuidado
Para que la experiencia sea positiva, los especialistas recomiendan elegir la mascota teniendo en cuenta el estilo de vida, el nivel de movilidad y las posibilidades reales de cuidado. Animales adultos, de temperamento tranquilo y tamaño pequeño o mediano, suelen ser una buena opción para personas con limitaciones físicas.
La tenencia responsable implica garantizar alimentación adecuada, controles veterinarios periódicos, higiene y ejercicio, además de atender el bienestar emocional del animal. También se sugiere contar con una red de apoyo —familiares, amigos o instituciones— que pueda colaborar en caso de enfermedad o dificultad del propietario.
Con planificación y acompañamiento, la convivencia con mascotas puede transformarse en una herramienta valiosa para mejorar la salud física, emocional y social de los adultos mayores, aportando compañía, movimiento y sentido a la vida cotidiana.