La tradición de asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo, está acompañada de un profundo sentimiento de devoción donde se tiene la convicción de que el ser querido que se marchó, pasará a una mejor vida.
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Almas y ofrendas: Una tradición en esta parte del país
Estas celebraciones se iniciaron en la jornada de ayer con la colocación de ofrendas en las casas de los deudos. Las mismas consisten en todas las cosas que el difunto le gustaba comer y beber; es decir, chicha, locro, picantes, empanadas, asado y panes en forma de escalerita, cruces, animales y angelitos.
Estos panecillos que se preparan especialmente o se compran a los vendedores ambulantes, son las principales ofrendas que permanecen en una mesa principal y recién se levantan al mediodía de esta jornada. Dicen que lo que “no comió” el alma, es compartido por los presentes.
Un culto a los muertos
El jujeño cumple con sus muertos siguiendo una tradición nacida de la unión de supersticiones ancestrales y las convicciones religiosas cristianas que sus antepasados recibieron de los misioneros en las épocas de la colonización.
Y las ofrendas son para esperar al finado, se encienden velas y se reza el Rosario. Se visitan las tumbas y se dejan coronas confeccionadas en papel de diferentes colores. De esta manera Jujuy le rinde culto a sus muertos siguiendo una tradición que no se va a perder porque pasa de generación a generación.
San Agustín al referirse a esta fecha decía: “una flor sobre la tumba se marchita, una lágrima sobre el recuerdo se evapora, pero una oración por el alma, la recibe Dios”.